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La contrarreforma eléctrica
Dos son las únicas justificaciones para la contrarreforma eléctrica de la Cuarta Transformación: un proestatismo trasnochado y un nacionalismo ramplón tipo Echeverría...
Impulsan y apadrinan la contrarreforma en el sector de la electricidad, ya en manos del Congreso, el presidente López Obrador, la secretaria de Energía, Rocío Nahle y el director de la CFE (Comisión Federal de Electricidad) Manuel Bartlett. En una nuez, esa contrarreforma consiste en fortalecer la calidad de monopolio gubernamental de la CFE en su ramo, por la vía de que en el largo plazo dejen de participar en el sector eléctrico empresas privadas, tanto mexicanas como extranjeras.
La propuesta lanzada sin explicación y sin el más mínimo intento de convencimiento ha desatado una controversia de marca mayor. La secretaria Nahle ha declarado que se trata de proteger a México de acuerdos saqueadores, pero no ha podido comprobar esa naturaleza en ninguno de los contratos de participación firmados.
¿Por qué estar en contra de la actual contrarreforma en el sector eléctrico? Los monopolios, sean públicos o privados, son perjudiciales para el bienestar colectivo en razón de que nunca tienen incentivo para la productividad, la eficiencia, la innovación productiva. En suma, para ofrecer un mejor producto a costos reducidos. Desde esta perspectiva, la participación de empresas privadas en el sector introducía competencia, obligando a la CFE a competir en beneficio de los consumidores, que somos todos. Adicionalmente, esa participación de privados en el ramo permite relajar la restricción presupuestal que tanto aprieta al sector público, dando lugar a que se inviertan en el sector recursos frescos de origen privado.
Dicho lo anterior, se aprecia que tan solo dos son las justificaciones para la contrarreforma eléctrica que impulsa el autodenominado gobierno de la Cuarta Transformación: un proestatismo trasnochado –la idea de que el sector público es infinitamente bueno y bondadoso– y un nacionalismo ramplón digno de la época de Luis Echeverría.
Pero los peligros de la contrarreforma que se nos plantea no terminan en un proestatismo obsoleto y en un nacionalismo simplista. Esa contrarreforma también encarna una agresión en contra de la ecología de México, además de amenazar acuerdos concertados dentro del Tratado T-MEC entre los tres grandes países de América del Norte. Lo primero, en razón de la apuesta decidida que en la contrarreforma se hace en favor de los combustibles fósiles y en contra de las energías limpias. Lo segundo, en razón de que podrían suscitarse represalias por parte de Canadá y Estados Unidos para penalizar las exportaciones de México e incluso conllevar indemnizaciones.