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¿Fin del apretamiento monetario en 2024?
Sin ninguna sorpresa para el mercado, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió por unanimidad mantener el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria para posicionarla en un nivel de 11.25%, con ello se vuelve a reafirmar que ha alcanzado su tasa terminal, la cual, se presume, es congruente con la trayectoria requerida para lograr la convergencia de la inflación a su meta de 3% dentro del horizonte de pronóstico.
Es importante señalar que dicho nivel continúa representando uno históricamente alto para la economía mexicana desde que Banco de México adoptó un régimen de meta inflacionaria, además, con dicho nivel, se sigue manteniendo la tasa en terreno restrictivo.
Los elementos que motivaron esta decisión fueron varios. Primero, la inflación general en México exhibió cierto incremento. Durante noviembre, la inflación general se ubicó en 4.32% y la subyacente en 5.30%, además se pronostica un descenso más gradual en las inflaciones de las mercancías alimenticias y de los servicios.
Segundo, con el fin de mantener ancladas las expectativas de mediano y largo plazos, continuar con la tasa en el actual nivel era necesario.
Tercero, la actividad económica mexicana ha mantenido un crecimiento robusto y el mercado laboral continúa presentando fortaleza, lo que podría estar detrás de las acotadas desaceleraciones del componente subyacente. Por último, esta decisión era menester si se busca mantener la holgada posición relativa que existe entre las tasas de México y Estados Unidos.
Ante tales elementos y en un intento por mejorar su comunicación con el mercado, el Banco de México reveló su guía prospectiva, no obstante, no agregó ni un solo elemento adicional a las líneas dadas a conocer en su pasada reunión de noviembre, en donde resaltó el cambio de unas palabras, al pasar de: “será necesario mantener la tasa de referencia en su nivel actual durante un tiempo prolongado” a “será necesario mantener la tasa de referencia en su nivel actual por cierto tiempo”.
Dicho cambio es importante ya que la Institución central ha reconocido que la inflación ha empezado a ceder y, dada la postura ya monetaria alcanzada, recortes a la tasa durante el próximo año se antojan altamente probables, si bien ello estará sujeto completamente a la evolución de los datos.
A pesar de lo anterior, consideramos que la guía prospectiva fue pobre y otorgó poca luz respecto a los próximos movimientos monetarios, a diferencia de su par central en Estados Unidos.
Siguiendo tal línea, destaca que, durante esta semana también se llevó a cabo la decisión de Política Monetaria de la Reserva Federal, en la cual se decidió mantener la tasa de fondos federales en un rango de 5.25-5.50 por ciento. Dicha acción era altamente esperada por el mercado, lo que realmente sorprendió y dio un notable impulso a varios índices bursátiles fue el tono del comunicado, el cual destacó por dar una señal más clara de que sus agresivas estrategias monetarias han terminado y futuros recortes (que podrían sumar 75 puntos base) son probables, si bien, se dejó claro que este escenario dependerá por completo de la evolución de los datos que rigen el mandato dual de la Fed.
Lo anterior resulta interesante ya que, a diferencia de México, la inflación en Estados Unidos ha mostrado un comportamiento menos obstinado, tanto es así que la Fed estima terminar el 2023 en un nivel de 2.8%, mientras que el Banco de México pronostica finalizar el año en niveles por encima del 4%, lo que le imposibilita flexibilizar su política monetaria.
En tal contexto, y aunque la inflación a nivel mundial aún sigue implicando retos, es innegable el proceso de desinflación que se ha materializado ante el desvanecimiento de los choques provocados por la pandemia y conflictos bélicos. Así, el próximo año se vislumbra como uno en que los bancos centrales estudiarán más que nunca la posibilidad de empezar a instrumentar recortes en sus respectivas tasas de referencia; sin embargo, ello no implica que las tasas bajarán súbitamente, sino a un ritmo gradual, por lo que podríamos concluir que la antesala hacia el próximo año, en términos monetarios, es la cautela.