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Opinión

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El poder de las grandes cadenas minoristas frente al pequeño comercio

Con gusto dedicamos unas líneas para discutir la convocatoria de la Comisión Federal de Competencia (Cofece) para darle elementos para su estudio sobre los efectos sobre la competencia de las grandes cadenas minoristas, al cual han convocado recientemente.

Durante muchos años, funcionarios de la Cofece colocaron a las grandes cadenas minoristas como ejemplo de lo que puede hacer el proceso de competencia y libre concurrencia en beneficio de los consumidores. Walmart y compañía —la poca que tiene— maximizan el bienestar del consumidor en el precio y surtido de la mayor parte de los productos. Lo que hay que preguntarse no es si lo logra, sino cómo lo hace, y si ésta es la política económica adecuada para el país.

Walmart abusa de su poder de mercado sobre los proveedores, especialmente los pequeños y medianos. Ya señalaba el difunto pero claridivoso Peter Drucker que el poder de la economía se estaba trasladando hacia los grandes distribuidores. De hecho, su mercado es meramente financiero: cobran de contado y pagan a 60 o 90 días. Es un negocio financiado por los surtidores de la empresa. No sólo esto: muchas veces los empleados —eufemísticamente llamados colaboradores— son puestos y pagados por las empresas que ponen su estand de ofertas y promociones de productos. Negocio redondo. Y por si fuera poco, pueden cambiar unilateralmente los términos y las condiciones de sus proveedores, ampliando el tiempo de pago, regresando la mercancía que reciben a consignación —otro abuso— y exigiendo a éstos las características que deben reunir los bienes y servicios para poder ser sus proveedores.

Aunque dicen que Sam Walton recibió una llamada divina para poner productos baratos siempre al acceso de los consumidores, el costo social para lograr esto es muy alto. Muchas empresas distribuyen a través de estas cadenas porque es la única manera de hacer llegar sus productos al consumidor final, con todo y que al final pierden dinero en la operación. No es un reparto del pastel equitativo. La casa siempre gana; el proveedor casi siempre pierde. Además, el efecto de los grandes distribuidores sobre la pequeña empresa es devastador. Walmart y compañía logran hacer llegar a los consumidores finales productos baratos a costa de desplazar muchas pequeñas y medianas empresas que no pueden alcanzar su supuesta “eficiencia” y tienen que cerrar, destruyendo el tejido social. Como una vez hablé con un panadero, lo que piden es piso parejo. Además, Michael Porter señala en sus elementos para medir la competencia de las empresas, entre las cinco fuerzas, el poder de negociación de proveedores y compradores. Y en esto, las empresas minoristas se llevan por mucho las palmas. Añádase la influencia sobre los reguladores para obtener mejores condiciones regulatorias, especialmente en el Partido Republicano, así como las condiciones financieras que pueden lograr de sus proveedores, a diferencia de las pymes. El grado de rotación del personal de Walmart alcanza 40%, y reciben el salario mínimo, a veces sin prestaciones de seguridad social.

Hay que pensar en el tipo de sociedad que queremos lograr poniendo la libre competencia como medio para lograr la eficiencia; si el bienestar del consumidor es el único fin de la economía —precisamente por la difusión de esa rama y esos postulados en economía ganó López Obrador—, olvidando que la empresa está subsumida en un ecosistema que le impone la obligación de atender a otros agentes además de los accionistas: empleados, proveedores y el medio ambiente y social, además del pago de impuestos. Si olvidamos eso, el estudio de Cofece será una palmadita en el hombro a las grandes cadenas minoristas mexicanas, que se han expandido como las moscas. Habría que volver a tomar en cuenta e impulsar la legislación en favor del pequeño y mediano comercios.

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