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El compromiso contra la desigualdad
El fenómeno de la desigualdad a nivel mundial se ha agudizado por el deterioro del Estado de bienestar al significar menores gastos sociales por el cambio tecnológico y la globalización que establecen una carrera de costos a la baja y el menor poder sindical que explica salarios más bajos.
El incremento de la desigualdad, dice el agudo analista del Financial Times, Martin Wolf, “es un pésimo augurio, no sólo para la paz social, sino incluso para la supervivencia de las democracias estables, basadas en el sufragio universal que emergieron en los siglos XIX y XX en los países, actualmente, de mayor ingreso”.
En Estados Unidos los sindicatos casi han desaparecido y los empresarios han tenido gran discrecionalidad para fijar salarios. En Alemania la mitad de la población con los ingresos más bajos está mucho peor pagada que hace 20 años. En otros países el fenómeno es similar.
La forma en que los países han tratado de reducir la desigualdad ha sido analizada por la ONG Oxfam Intermon. Examinó a los 35 países miembros de la OCDE a partir de tres criterios: 1) el gasto en educación, salud y apoyos sociales, 2) la fiscalidad en la medida en que contribuye a la redistribución del ingreso, y 3) el soporte de los gobiernos a los derechos de los trabajadores mediante el salario mínimo y otras prestaciones.
De los 35 países de la OCDE, los cinco que mostraron un mayor avance en la lucha contra la desigualdad fueron Suecia, Bélgica, Dinamarca, Noruega y Alemania, sobre todo por el elevado gasto social y la protección laboral. El país que presento el peor avance fue México.
Este análisis muestra que la disminución de la desigualdad es producto de una serie de políticas concurrentes.
Los organismos internacionales han reconocido que el aumento de la desigualdad puede dañar el crecimiento económico. Las familias de bajos ingresos están más alejadas de la política, no creen que el debate entre los partidos políticos considere sus problemas. Creen que sus hijos van a tener menores oportunidades que ellos.
En los países desarrollados, a diferencia de lo que plantea Thomas Piketty, el economista que propone que los ricos paguen más impuestos, han decidido lo contrario: bajarlos. Larry Summers, exasesor de Obama y expresidente de la Universidad de Harvard, dijo: “Las tesis de Piketty merecen nuestra atención, pero no significa que sus conclusiones aguanten el test de la historia o la crítica académica”.
En esta línea, los países desarrollados del Grupo de los 20, que en 1970 tenían un gravamen medio del impuesto a las empresas de 40%, había caído 25 años después a 28 por ciento. Hace unas semanas Trump hizo una reducción de impuestos que, en el caso de las empresas, pasa de 35% de antes a 21% ahora. Wall Street recibió la noticia con valores máximos.
Las clases medias, que en Europa y en Estados Unidos son muy importantes, apoyan las políticas que dan prioridad al crecimiento económico a expensas de la igualdad. Lo que quieren es conservar empleos y olvidarse de la solidaridad.
En México, mientras que 50% de la población vive en la pobreza, 1% de los mexicanos acapara 20% de la riqueza nacional.
Todo lo relacionado con la equidad sólo podrá ser zanjado mediante la deliberación democrática.
Para las elecciones de este año en nuestro país empiezan a surgir propuestas. Morena plantea aumentar el gasto social en jóvenes y en adultos mayores así como en infraestructura, por su efecto positivo en la creación de empleos. La coalición Por México al Frente plantea implementar la renta básica universal para 50 millones de personas en pobreza. En tanto, el PRI conserva sus programas actuales.