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Aeropuertos en el 2022
“En tres años habremos solucionado el problema de la saturación del tráfico aeroportuario en la Ciudad de México”, ha repetido el presidente López Obrador. Como sabemos, su solución implica la cancelación definitiva del NAIM en Texcoco, habilitar la base militar de Santa Lucía con dos pistas y una terminal con 33 posiciones, remozar el aeropuerto actual en la capital y utilizar de manera más intensiva al aeropuerto de Toluca.
El gobierno ha estimado el proyecto de Santa Lucía en 100,000 millones de pesos y el reacondicionamiento de Toluca en 5,000 millones de pesos. En el Presupuesto de Egresos de la Federación del 2019 no se identifica claramente el proyecto de Santa Lucía, aunque López Obrador ya mencionó que a inicios de año comenzará la obra. ¿El problema? No existe un proyecto técnico y presupuestal, un estudio de impacto ambiental y un documento maestro que esboce con claridad la estrategia aeroportuaria futura. Aun si existieran, la evidencia internacional señala que es muy difícil en 36 meses pretender construir esa terminal área.
Hay diversas estimaciones de lo que suma la dilapidación de recursos que implica la suspensión de Texcoco considerando el costo financiero, las posibles demandas de contratistas y regresar el predio a su condición original. Cuando menos son del orden de los 220,000 millones de pesos. Se ha dicho hasta el cansancio que era mejor seguir con la obra de Texcoco. Pero eso ya no va a suceder. Adicionalmente hay un tema constitucional, pues nuestra Carta Magna prevé que bajo una circunstancia así, se pueda demandar al gobierno por daño patrimonial. Pero, ¿qué grupo de ciudadanos tendrían la valentía de firmar esa demanda?
Así las cosas, ¿qué tendríamos en el 2022? Supongamos que se termina una terminal en Santa Lucía construida al aventón con las deficiencias que ello implicaría. El Consejo Aeronáutico Internacional ha señalado muy claramente que la operación simultánea de Santa Lucía con el actual aeropuerto es de gran riesgo y por lo tanto inviable. Ello implicaría que las líneas áreas internacionales no operarían en esos dos aeropuertos. Con su riesgo, éstos funcionarían sólo para vuelos nacionales y posiblemente Aeroméxico, Volaris e Interjet mantendrían vuelos al extranjero. Pero las aerolíneas foráneas elegirían las terminales de Cancún (la mejor del país), Monterrey y Guadalajara para sus vuelos internacionales. Es evidente la complicación de sólo pensar un viaje de la CDMX a Europa. Para el turista extranjero, venir a la CDMX será un fuerte desincentivo. Obviamente se saturaría todavía más el tráfico aéreo en las terminales de la capital ante una mayor demanda de vuelos directos al extranjero y los vuelos a los otros aeropuertos nacionales. Y, claro, al gobierno se le pudiese ocurrir la muy mala idea de formar una nueva línea estatal.
Desde 1997 se hizo evidente la saturación aeroportuaria en la CDMX. Es muy desafortunado que en más de 20 años por razones políticas y no técnicas no tengamos una solución viable en el horizonte. El capricho personal se impuso a la modernidad y bienestar del país.