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¿A quién le importa?
Foto EE: Archivo
A comienzos de este siglo, la Organización de las Naciones Unidas planteó la necesidad de fomentar la educación para la ciudadanía mundial, el objetivo principal de Educación para la Ciudadanía Mundial es fomentar el respeto por todos, construyendo un sentido de pertenencia a una humanidad común y ayudar especialmente a los niños y jóvenes a convertirse en ciudadanos maduros activos y responsables.
Se buscaba desde entonces hacer que todos pudiéramos asumir roles más activos y enfrentar o resolver los retos globales o nacionales, como contribuyentes activos en pro de un mundo más igualitario, pacífico, comprometido, inclusivo y seguro.
La Educación para la Ciudadanía Mundial nos ayuda a desarrollar nuestras competencias básicas lo cual les permite enlazarnos activamente con los otros y ayudar, entre todos, a convertir nuestro entorno en un lugar más justo y sostenible. Es una forma de aprendizaje cívico que implica la participación activa de personas en proyectos que atienden problemáticas nacionales y/o globales de naturaleza social, política, económica o ambiental.
Desde entonces, la iniciativa ha sido adoptada por varios países, adaptándola a los contextos nacionales, pero siempre con el propósito de formar a ciudadanos en el fortalecimiento de sociedades más justas, pacíficas, respetuosas e inclusivas. La “cultura ciudadana” prepara a los integrantes de una sociedad para la construcción de una vida cotidiana que consolide las prácticas democráticas.
La construcción de ciudadanía es clave para que los ciudadanos no solo vivan la democracia como el derecho a votar y ser votados sino como el ejercicio de la organización colectiva y la participación activa en la toma de decisiones de la agenda pública y en las instituciones, tanto como gobernantes como gobernados. Desafortunadamente en México estamos muy lejos de ese compromiso ciudadano que tanto necesitamos en estos tiemps difíciles.
Cuando muchos nos preocupamos por la desaparición de los órganos autónomos, al ver los intentos incesantes por lograr la destrucción del órgano electoral (autónomo por excelencia) en pos de un control a modo de los procesos electorales, cuando todos los días nos enfrentamos a una violación más de la ley por parte del propio fiscal, de jueces, gobernantes, autoridades o cuando esta falta de respeto a la ley se da desde la mismísima presidencia de nuestro país…nos damos cuenta que a la mayoría de la población estos temas les importan un reverendo bledo. No veo una sociedad indignada activamente por lo que estamos viviendo ni por lo que vemos se avecina.
Pareciera que, para hablar claro, esta democracia que nos ha costado tanto esfuerzo y tiempo construir se derrumba poco a poco ante nuestros ojos y nos da flojera defenderla.
El crecimiento de las conductas violentas que se ha dado en años recientes en nuestro país nos alerta sobre la necesidad de trabajar afanosamente en formar individuos que desarrollen plenamente el sentido de igualdad, justicia, respeto a la ley, y procuren también el desarrollo de los demás. El mejor antídoto contra las conductas delictivas y/o violentas es aprender a escuchar, a debatir, y a tener un pensamiento crítico, responsable e independiente.
Hoy hablamos de la desaparición de los plurinominales, lo que implicaría la desaparición de los partidos minoritarios en el Congreso y seguramente la sobre representación del partido en el poder lo que le permitirá a este cambiar cualquier cosa que se le ocurriera la Constitución, fácil y rápido. Hablamos de consejeros electorales populares y no necesariamente capacitados, de un país que cada vez se militariza más, nada de esto nos conmueve. Finalmente cuando el autoritarismo nos pegue de lleno y tratemos de defendernos quizá será demasiado tarde. Pero…¿a quién le importa?