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Opinión

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Todo el poder

Ezra Shabot | Línea directa

El objetivo principal de López Obrador y su movimiento denominado Cuarta Transformación ha sido desde su origen uno solo: la reconstrucción del sistema político mexicano basado en un partido único bajo el manto del nacionalismo revolucionario, y cuya estructura corporativa se fue debilitando a partir de la catástrofe lópezportillista y la globalización económica en crecimiento.

Si bien las demandas de democratización lanzadas por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo formaron parte importante del sistema plural que se iba construyendo lentamente, la confluencia de las dos corrientes que formaron el Partido de la Revolución Democrática, la marxista y la del nacionalismo revolucionario, terminaron por sentar las bases para la reconstrucción del autoritarismo que hoy nos gobierna.

Pero mientras que durante los gobiernos priistas el poder presidencial se ejercía desde la cabeza y bajaba a través de un aparato de transmisión efectivo, los gobiernos de la 4T han sido incapaces de concretar uno solo de sus proyectos insignia en una demostración no únicamente de ignorancia profesional, sino también de ausencia de correas de transmisión que consigan llevar a la realidad aquello que se ordena desde Palacio Nacional.

El único pegamento que sostiene a esta clase política es su imperiosa necesidad de mantenerse en el poder a toda costa, porque sabe bien que una eventual alternancia en la silla presidencial podría ser su fin como grupo dominante, y la cárcel para muchos de ellos. La reforma electoral anunciada desde el sexenio anterior tiene esa función. Cerrar cualquier orificio por donde se pueda colar una opción opositora y así evitar caer en el “error” en el que cayeron los priistas a partir de 1988.

Para quien revise los discursos de AMLO y de Sheinbaum, encontrará una enorme similitud entre estos y los de Luis Echeverría y López Portillo. Una sola voz, enemigos internos y externos, y principalmente la encarnación del “pueblo” en la figura presidencial. Así, a pesar de que el país vive un clima de inseguridad creciente, y que la amenaza de la intervención militar norteamericana sigue estando presente, no existe posibilidad alguna de cambio en el discurso gubernamental, y mucho menos en la relación entre el gobierno y todos aquellos considerados como traidores por no someterse a la voluntad de la presidenta.

Esta nueva versión del nacionalismo revolucionario carente de viabilidad podrá durar más tiempo de lo previsto siempre y cuando no exista una resistencia interna o externa que impida la acumulación de todo el poder en una sola persona que paradójicamente no cuenta con los instrumentos para gobernar. La ceguera que produce el creer que es posible hacer cualquier cosa porque no hay obstáculo que se lo impida conduce indefectiblemente al fracaso.

Ezra Shabot Askenazi es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México. Analista político y catedrático universitario con 22 años de trayectoria en la UNAM. Como académico ha sido jefe del Departamento de Ciencias Sociales y Jefe de Planeación Académica en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) Acatlán.

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