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Cómo llegar a la empresa donde quieres trabajar
Joan Lanzagorta | Patrimonio
Piensa en Laura. Ella es contadora, tiene diez años de experiencia en el área de crédito y cobranza de una empresa de consumo y quiere cambiar de trabajo. Podría hacer lo que hace la mayoría: actualizar su currículum, mandarlo a todas las empresas que pueda, postularse en todas las vacantes que encuentre y avisar a sus contactos de que está buscando.
Pero como no tiene prisa, decide hacer algo más inteligente: buscar con estrategia.
Lo primero que hace es una lista de empresas objetivo. Quince empresas en las que de verdad le gustaría trabajar y donde su experiencia tiene sentido. No está buscando en todo el mercado sino únicamente en las empresas que a ella le interesan.
Laura trata de informarse sobre los retos que estas empresas enfrentan y sobre sus necesidades, para tratar de ver cómo les puede ayudar. Pone alertas de noticias relacionadas con ellas. Busca sus páginas web. Habla con proveedores que también trabajan con algunas de esas empresas. Empieza a seguir a sus directivos en LinkedIn y mira las publicaciones. Busca entre sus contactos a gente que los conozca.
Se va enterando de cosas. Un proveedor, por ejemplo, le comenta en confianza que una de esas empresas está creciendo muy rápido y le pidió extender los plazos de pago, porque sus clientes le están pagando más tarde. Laura sabe leer esa señal: lo más probable es que su cobranza no vaya al mismo ritmo que las ventas. Ese es justo el tipo de problema que ella sabe resolver.
Después empieza a identificar a las personas clave: quién dirige el área de finanzas, quién toma la decisión de contratar, quién está reclutando. En LinkedIn ve que un excompañero suyo trabaja ahí. Lo contacta y le invita un café, para confirmar lo que ya sabe. Ahí aprovecha para pedirle que la introduzca con la directora de finanzas. Una introducción de alguien de adentro suele abrir más puertas.
Si esta persona se hubiera negado, Laura todavía tendría otra entrada a través del proveedor. Si no tuviera a nadie en común, Laura de todos modos podría escribirle directamente.
Su excompañero hace la presentación, y Laura le escribe a la directora un correo corto. Le cuenta en pocas líneas cómo otras empresas en plena expansión han evitado que su cartera vencida crezca y le propone conversar. Adjunta su currículum. Así, antes de pedirle su tiempo, ya le dio algo útil. La directora conoce bien su problema. En ese correo ve a alguien que lo entiende y tiene ideas para resolverlo. La directora acepta reunirse con ella, y esa conversación termina en una entrevista formal.
Ramit Sethi, uno de mis autores favoritos, dice que el 80% del trabajo se hace antes de sentarse a la entrevista, investigando qué necesita quien va a contratar. Laura ya hizo buena parte de ese trabajo: conoce la empresa, su situación y el problema que le preocupa a la directora.
Lo que le falta es preparar sus logros como historias concretas: cuál era el problema, qué hizo, cómo convenció a su jefe y cómo midió el resultado. Se los van a preguntar, y la forma como los cuente en las distintas entrevistas va a decir mucho de ella.
Además lleva algo que propone el mismo Sethi: una propuesta por escrito de lo que haría en sus primeros tres meses en el puesto. Él la llama la técnica del portafolio, porque en el momento oportuno Laura saca la propuesta de su portafolio y se la entrega a la directora. Aunque la directora no esté de acuerdo con todas sus ideas, la conversación se redirige: ahora están hablando de cómo trabajaría Laura con ellos.
Laura también hace preguntas, porque ella también está evaluando a la empresa: si el puesto le conviene, si ahí va a crecer, si la cultura encaja con ella. Esa actitud se nota. La directora ve a alguien que elige, más que a alguien que necesita el puesto.
¿Qué pasa si al final no la escogen? A veces la empresa quiere un perfil diferente y eso no depende de Laura. Pero Laura ya dejó una buena impresión en la persona que decide y tiene una relación que antes no existía. Si se abre otra posición, será de las primeras en saberlo. Además, no es la única empresa con la que está hablando: usando ese mismo enfoque, empezó a platicar con otras dos de la lista.
Lo que hizo Laura lo puede hacer cualquiera que busque trabajo. Mientras otros buscan vacantes para mandar su currículum, o lo hacen masivamente, ella llegó antes, recomendada, entendiendo el problema de la empresa y con un plan para resolverlo.