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Libertad financiera no significa lo mismo para todos
Joan Lanzagorta | Patrimonio
Siempre me ha atraído la idea de la libertad financiera. En este espacio hace tiempo hablaba de ella, con cierta frecuencia, y de lo que significaba para mí. Porque es un concepto abstracto y cada persona le da un sentido distinto.
Desafortunadamente, libertad financiera también es una idea que se puede fácilmente romantizar. Hoy, tantos influencers lanzan el término como anzuelo: despierta interés y vende. Se ha convertido así en propaganda. Por eso es un término que ya evito mencionar.
Me encontré, sin embargo, con una de mis antiguas reflexiones y he querido retomarla, pero a mi manera. Porque bien entendido, sigue siendo poderoso.
Originalmente aprendí sobre libertad financiera leyendo a personas más inteligentes que yo. Sobre todo aquellos que hablaban de planes financieros basados en valores y de la importancia de tener claridad en lo que queremos en la vida: hacia dónde vamos y por qué.
Hay una razón poderosa: en mi vida personal y en mi experiencia profesional me he dado cuenta de que la mayoría de las personas que tienen problemas financieros son aquellas que navegan por la vida sin tener claro su destino. Por eso se pierden frecuentemente en el camino: no tienen rumbo ni dirección.
La libertad financiera, cuando se entiende bien y se logra definir de manera concreta, puede ofrecer esa claridad. Veamos por qué.
Cuando les pido a las personas que hagan una lista con los valores que consideran más importantes, frecuentemente aparece el de la libertad.
Eso me indica que, por un lado, mucha gente valora y aprovecha su propia libertad. Pero por otro, me dice que es de lo que carecen. Es decir: la libertad es su mayor anhelo, uno que no han podido alcanzar y que por ello buscan de manera desesperada.
Sin embargo, ¿qué es la libertad sino la capacidad de decidir? Resalto la palabra capacidad, porque es, para mí, la clave. Aunque tiene distintos significados.
Capacidad es estar en condiciones de medir las consecuencias de nuestras decisiones, tanto en lo personal como en lo social; significa también estar en posibilidad de aceptar nuestras limitaciones como ser humano. Significa ser creativos, poder crear sinergias, poder llevar nuestras decisiones a un ámbito en el cual no solo nos satisfagan como individuos, sino que vayan más allá de nosotros mismos: hacia la sociedad. Significa no solo poder alcanzar la felicidad, sino también distinguirla.
Pero capacidad también significa tener los medios para decidir. Y en el mundo real, estos medios se llaman recursos económicos. Y contar con ellos es lo que llamamos libertad financiera.
Muy poca gente en este mundo nace con libertad financiera. Con recursos que sus padres o antecesores han ido forjando poco a poco. Los demás tenemos que comenzar a construirla. Eso solo se logra con el ahorro y la inversión constante durante muchos años. La libertad es un objetivo de muy largo plazo.
Ahora bien, ¿para qué quieres esa libertad? Algunas posibilidades:
Así, el concepto de libertad financiera nos da claridad sobre lo que estamos construyendo. Nos dice lo que queremos lograr. A partir de ahí podemos definir objetivos más pequeños, más concretos, que no son sino pasos en esa dirección.