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La diferencia entre un consejo y un criterio (Parte 2 de 2)
Joan Lanzagorta | Patrimonio
En mi columna anterior mencioné que la gente suele buscar que un experto le diga qué hacer. Busca respuestas: ¿Cuál es la mejor inversión, o la mejor tarjeta de crédito? Cosas así.
Cuando se trata de dinero eso es muy peligroso, porque la solución adecuada es distinta para cada persona. Depende de muchas cosas: tu situación financiera actual, tus circunstancias, tus prioridades, incluso tu personalidad.
Por eso siempre intento explicar conceptos y ponerlos en contexto, ya que es lo que realmente te ayuda a tomar decisiones adecuadas a tu propia circunstancia.
A pesar de ello, la gente sigue prefiriendo escuchar recomendaciones más concretas. Hay tres razones principales:
La primera es que pensar cuesta trabajo: hay que analizar, sopesar. Cuando alguien en quien confiamos nos da la respuesta, nos evitamos todo eso.
La segunda es que muchas veces, cuando buscamos una recomendación, lo que en realidad queremos es encontrar a alguien que nos diga lo que queríamos escuchar. Este es el sesgo de confirmación del que he hablado en columnas anteriores. Hoy en día, con la amplísima oferta de videos que existen, es muy fácil encontrar alguno que refuerce nuestras propias creencias. Quien ya tenía la idea de comprar oro va a encontrar en diez minutos a cinco influencers que expliquen por qué va a subir y tenderá a descartar los demás resultados.
Lo peor de todo es que esa búsqueda se confunde muchas veces con una buena investigación. Uno dedica su tiempo, ve varias fuentes, compara. Pero lo que en realidad hizo fue encontrar argumentos para justificar la decisión que ya había tomado.
La tercera razón es muy simple pero quizá la más poderosa: seguir la recomendación de alguien más, que consideramos experto, quita el peso de la responsabilidad. Si sale mal, la culpa fue de otro.
Ahora bien: esto no significa que no debas buscar ayuda. Al contrario: un buen asesor te evita errores caros y te muestra opciones que por tu cuenta no habrías encontrado. Para mucha gente, contratar uno es una muy buena decisión.
Pero debes entender que la decisión final siempre es tuya y las consecuencias con tu dinero también. El asesor da consejos, pero tú decides si los tomas o no. Por eso es importante entender lo que te está recomendando y hacerle las preguntas que necesites hasta que tengas todo clarísimo.
Las malas experiencias con inversiones se dan muchas veces porque la gente no entendió en qué estaba poniendo su dinero. Lo mismo pasa con las aseguradoras: una de las causas más frecuentes de disputa tiene que ver con gente que no entendió el producto que compró: qué cubre y bajo qué condiciones, y qué no cubre. Porque no se tomaron la molestia de preguntar.
También es fundamental saber si el asesor tiene algún conflicto de interés. La mayoría lo tienen, porque no son independientes: su ingreso depende directamente de los productos que les compras. Muchas personas que se presentan como asesores son en realidad vendedores y buena parte de ellos ni siquiera está bien capacitado.
Hay una prueba muy sencilla que te permite saber si entendiste. Intenta explicar, con tus palabras, cómo funciona el instrumento de inversión o la póliza de seguro que estás a punto de comprar. ¿Puedes explicárselo a tu pareja o a un amigo de manera clara y sencilla, para que lo entienda también? En caso contrario, estás dejando que alguien decida por ti y poniendo tu confianza en que eso sea lo adecuado para ti.
Cada vez que leas una columna, incluyendo esta, o veas un video en donde alguien dé una recomendación, pregúntate qué hay detrás. Explora las razones. Porque eso es lo que te ayuda, en verdad, a desarrollar criterio.
Esto me recuerda una frase que seguro has escuchado, porque está muy gastada. Pero sigue siendo cierta: "Si le das un pescado a un hombre, comerá un día; si le enseñas a pescar, comerá toda la vida".
El problema es que aprender a pescar toma tiempo, y mientras aprendes tienes hambre. Por eso mucha gente prefiere el pescado. Es una decisión razonable en el corto plazo y desastrosa en el largo. Así se toman muchas de las malas decisiones financieras.
Recuerda que en finanzas personales, lo que funciona para mí no necesariamente funciona para ti. Los conceptos son universales, pero la forma de aplicarlos a nuestra situación particular depende de muchas cosas. La respuesta correcta para otra persona puede ser la equivocada para ti, aunque ambos tengan el mismo ingreso y la misma edad. Finalmente: cuando busques una opinión sobre algo, analiza siempre, a detalle, el argumento contrario.