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Finanzas Personales

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Comportamiento financiero de las generaciones más jóvenes

Raúl Martínez Solares | Economía conductual

“Las finanzas personales son solo un 20% de conocimiento teórico y un 80% de comportamiento.” Dave Ramsey, autor sobre temas de finanzas personales

Múltiples investigaciones buscan explicar por qué las personas no ahorran. En particular, existen estudios que se enfocan en comprender la dinámica del ahorro o el comportamiento financiero de las generaciones más jóvenes. Dos estudios recientes ofrecen respuestas que van más allá de la explicación simplista de la falta de “educación financiera” y se centran en identificar la relación entre conocimiento, confianza, autocontrol y comportamiento financiero, particularmente en jóvenes de las generaciones Millennial y Z.

En “More Than Knowledge: Consumer Financial Capability and Saving Behavior”, de Laura Núñez-Letamendia et al., se analizó una muestra de 1,501 consumidores españoles para identificar los factores que explican el comportamiento de ahorro. En el segundo estudio “Does self-control constitute a driver of millennials’ financial behaviors and attitudes?”, de Lucía Rey-Ares et al., se examina cómo el autocontrol moldea las decisiones financieras de los Millennials, respecto del comportamiento de generaciones previas, a partir de datos de la Encuesta de Competencias Financieras de España con cerca de 7,000 individuos

Ambos estudios comparten una preocupación central: las políticas públicas enfocadas en la educación financiera no han sido efectivas, por lo que es de suma importancia identificar qué factores sí pueden modelar mejores comportamientos financieros.

En el primer estudio se introduce el concepto de capacidad financiera como algo que trasciende el conocimiento objetivo. Cuando se controlan los datos por todas las dimensiones de esa capacidad, el conocimiento de los conceptos financieros básicos (lo que en su momento popularizó la encuesta global de S&P y que comprende la inflación, las tasas de interés simple y compuesto y la diversificación) tiene un efecto estadísticamente marginal sobre la probabilidad de que un hogar ahorre.

Por el contrario, cuando el conocimiento se refiere específicamente a productos de inversión como fondos de inversión, acciones, bonos, pensiones o seguros de ahorro, sí se observa un efecto significativo, incluso entre quienes no son inversores activos.

La conclusión es que quienes conocen estos instrumentos podrían estar motivados a ahorrar con el fin de invertir en el futuro, buscando construir un colchón financiero para un horizonte de tiempo determinado.

De acuerdo con el estudio, la confianza percibida en el propio conocimiento financiero es un predictor de ahorro más robusto que el conocimiento objetivo en sí mismo. Simplificando este concepto, creer que uno sabe importa más en términos de comportamiento de ahorro efectivo que saber de verdad.

La autoconfianza incide en la disposición a tomar decisiones, a planificar y a sostener hábitos, y la planificación es la variable más importante que el estudio identifica.

Las capacidades de elaborar y dar seguimiento a un presupuesto se vinculan de manera consistente con una mayor orientación al comportamiento financiero adecuado.

En el segundo estudio, se analiza el autocontrol individual como predictor del comportamiento financiero. A partir del análisis de la preferencia por el consumo presente frente al ahorro futuro, los resultados muestran que el autocontrol influye de forma significativa en las actitudes financieras positivas, como establecer metas de largo plazo, planear el gasto o sentir satisfacción con la situación financiera propia o del hogar.

Pero cuando se observan comportamientos financieros concretos y no solo las actitudes declaradas, esta conclusión cambia para los Millennials. En este grupo, el autocontrol solo resulta determinante para dos decisiones específicas: la tenencia de cuentas de ahorro y la contratación de créditos personales, lo cual se observa entre quienes presentan los niveles más altos de autocontrol. En la mayoría de los jóvenes de esta generación, el autocontrol no parece actuar como palanca para sus decisiones financieras cotidianas.

Otra conclusión relevante es que el conocimiento financiero subjetivo, definido como la confianza en las propias habilidades financieras, tiende a asociarse con una mayor propensión al endeudamiento entre los Millennials, pero no con un mayor ahorro ni con patrones de inversión prudentes. En este caso, la sobreconfianza puede resultar contraproducente en términos patrimoniales.

Los patrones conductuales descritos son lo suficientemente generales como para merecer ser analizados en el caso de nuestro país, sobre todo en términos de la deficiencia de políticas públicas.

Las generaciones Millennial y Z mexicanas enfrentan condiciones más adversas que sus pares españoles. Con la irrupción acelerada de plataformas de crédito digital, las compras en línea y los esquemas de pago diferido, los estímulos al gasto impulsivo se han multiplicado, un comportamiento que el segundo estudio identifica como el adversario más importante del autocontrol financiero.

De ambos estudios se desprende la idea de que la intención de ahorrar depende de las actitudes, las normas sociales y el sentido de control sobre las propias finanzas. Por ello, las intervenciones conductuales que refuercen el sentido de autoeficacia financiera pueden tener efectos sociales más importantes si se acompañan de herramientas que reduzcan la fricción entre la intención y el acto de ahorrar.

Por supuesto, el ahorro es afectado por el nivel de ingresos de los grupos de jóvenes, pero ese no es el único factor a considerar; de ahí la importancia de entender las conductas que pueden promover ingresos financieros y disminuir la incertidumbre futura.

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El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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