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Energía renovable y eficiencia redefinen la operación industrial en Monterrey
La estimación es obtener ahorros anuales de aproximadamente 1.2 millones de dólares en electricidad, además de reducir la exposición a variaciones en los costos energéticos.
Empresas reducen costos y emisiones mediante tecnologías limpias y almacenamiento.
La transición energética del sector industrial comienza a tomar forma a partir de estrategias que combinan eficiencia, generación renovable y almacenamiento, en un contexto en el que los costos eléctricos, la disponibilidad de energía y la reducción de emisiones se han convertido en factores de competitividad.
Un proyecto solar instalado en una planta manufacturera de Monterrey refleja esta tendencia. La central fotovoltaica, con una inversión de 8.6 millones de dólares, genera alrededor de 40% de la electricidad que consume la instalación y permitió alcanzar una reducción acumulada de más de 4,500 toneladas de dióxido de carbono (CO₂).
De acuerdo con Daniel Córdova, director de Operaciones de Trane Monterrey, el proyecto no fue concebido únicamente como una inversión para reducir el gasto eléctrico, sino como parte de una estrategia de descarbonización que comenzó con medidas de eficiencia energética.
Antes de incorporar generación renovable, la planta avanzó en la optimización de edificios y procesos, con mejoras en iluminación, recubrimientos y sistemas HVAC, además de automatización, monitoreo de indicadores y control de los principales usos de energía. La premisa fue reducir primero el consumo y posteriormente sustituir una parte de la energía restante mediante fuentes renovables.
Actualmente, cerca de 75% de la energía utilizada en la planta proviene de fuentes renovables. El sistema fotovoltaico tiene una vida útil estimada de 30 años y se complementa con almacenamiento en baterías, que permite gestionar mejor la demanda energética.
El impacto también se refleja en las finanzas operativas. La estimación es obtener ahorros anuales de aproximadamente 1.2 millones de dólares en electricidad, además de reducir la exposición a variaciones en los costos energéticos. El proyecto fue financiado con capital propio y aprovechó un esquema de depreciación acelerada.
La reducción de emisiones se calcula a partir de la electricidad generada por el sistema solar que deja de ser consumida de la red, aplicando el factor de emisión correspondiente al sistema eléctrico mexicano. Esta metodología permite cuantificar las emisiones evitadas de manera comparable con otros proyectos de generación renovable.
El caso también muestra uno de los principales retos para ampliar la transición energética industrial: combinar inversiones de largo plazo con certidumbre regulatoria, infraestructura eléctrica suficiente y mecanismos de financiamiento competitivos.
Para las pequeñas y medianas empresas, la experiencia apunta a que la transición no necesariamente comienza con grandes centrales solares. La eficiencia energética, el monitoreo del consumo y la gestión basada en datos pueden ser los primeros pasos para reducir costos y preparar futuras inversiones en tecnologías limpias.
La siguiente etapa contempla profundizar medidas de eficiencia, almacenamiento, electrificación y optimización de procesos, con el objetivo de avanzar hacia operaciones con menores emisiones y, a largo plazo, acercarse a un modelo de cero emisiones netas.