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África, foco de la reconversión del futbol femenil
Marruecos, Sudáfrica y Nigeria sentaron precedente para que federaciones de otras regiones con precariedades apuesten por proyectos de largo plazo en el desarrollo de niñas y jóvenes.
El hiyab que portó Nouhaila Benzina, defensa de la Selección de Marruecos, durante el Mundial Femenil de Australia y Nueva Zelanda, se hizo viral por el mensaje de evolución e inclusión respecto a la cada vez mayor cantidad de mujeres que aspiran a ser futbolistas profesionales en el planeta. Esa es una de las aportaciones de África en este evento, pero hay más.
En un panorama general, el continente africano confirmó que el futbol femenil está avanzando en dirección correcta a su máximo desarrollo, pues aunque todavía hay obstáculos en temas salariales y de violencia, selecciones de bajo ranking ganaron en visibilidad y calidad.
Esto parte de que, por primera vez, tres selecciones africanas avanzaron a la ronda de eliminación directa de un Mundial Femenil en 2023. Sudáfrica se consumó como campeona continental y llegó a octavos de final tras dejar fuera a Italia; Nigeria dejó fuera a Canadá, medallista de oro en los pasados Juegos Olímpicos; y Marruecos dio la sorpresa más grande al dejar fuera a Alemania en su debut mundialista.
“Siempre he pensado que los Mundiales son una gran ventana de ver lo que están haciendo bien las federaciones y selecciones. Esta participación de los equipos africanos nos está diciendo que, con estructuras sólidas, proyectos que permitan el crecimiento desde categorías inferiores y respaldo a estrategas de calidad, se permite que tengan un crecimiento bastante notable”, describe a El Economista, Adriana Terrazas, periodista deportiva y especialista en futbol femenil.
Si bien las tres selecciones africanas ya no pudieron avanzar a cuartos de final (Marruecos cayó ante Francia, Sudáfrica ante Países Bajos y Nigeria ante Inglaterra), sentaron un precedente para que federaciones de otras regiones con precariedades apuesten por estrategias a largo plazo para desarrollar a sus jugadoras en grandes escenarios.
“El mayor legado que dejan es el ejemplo que puede lograr una federación cuando toma decisiones fuertes, de gran impacto en la estructura de su futbol femenil y se mantienen apegados a ellas (…) Dejan el ejemplo de lo que pueden hacer otras federaciones y que rápidamente pueden dar resultados porque están apoyando a un talento que saben que existe”.
Marruecos, por ejemplo, ocupa el puesto 72 en el ranking femenil de la FIFA, pero ha vivido una transición importante que se consumó con la obtención de su primer boleto mundialista luego de ser subcampeonas de la Copa Africana de Naciones en 2022, que también fue su primera participación en una final continental.
Detrás de estos logros se encuentra un proyecto de largo plazo encabezado desde el rey marroquí Mohammed VI, quien en 2009 inauguró una academia en la ciudad de Sele con el objetivo de consolidar al futbol como una actividad nacional de ambos sexos, incentivando la producción de talentos desde la infancia.
Este proyecto dio un paso más sólido en 2019 con la construcción del Complejo de Entrenamiento Rey Mohammed VI cerca de la capital, Rabat, con una inversión de 65 millones de dólares que permitió a talentos varoniles y femeniles locales sentirse “como profesionales”, como mencionó la seleccionada Yasmin Mrabet en una entrevista con BBC.
Para 2020, la Federación de Futbol de Marruecos (FRMF) decretó la profesionalización de dos ligas femeniles dentro del país y un campeonato sub 17, con la intención de contar con 90,000 jugadoras profesionales en un plazo de cuatro años. Antes de conseguir eso, brillaron en su primer Mundial con el pase a octavos de final.
“El caso más destacado entre las selecciones africanas (del Mundial) es Marruecos, que se benefició de un programa que se lanzó poco antes de la pandemia, que permitió que las jugadoras pudieran tener estabilidad, creó una academia de detección de talentos, contrataron al director técnico francés Reynald Pedros, que venía de ganar dos Champions League femeniles con Lyon, crearon un torneo sub 17 y pidieron ser sede de la Copa Africana de Naciones (2024). Todas estas estrategias impulsaron el proyecto femenil, pues no era sólo una cuestión de traer a las mejores jugadoras, sino de crear una estructura, fortalecerla y mantenerla”, destaca Adriana Terrazas.
Marruecos se ubica en el norte del continente africano y se convirtió en la primera selección de la región árabe en calificar a un Mundial Femenil de la FIFA. Por ello la imagen de Nouhaila Benzina jugando con el hiyab abre la plataforma para que las nuevas generaciones de esos países aspiren a ser profesionales.
El impulso de las ligas profesionales locales también se vio reflejado en el Mundial 2023, pues casi la mitad del plantel de Marruecos (9 de 23) militan en clubes dentro de su territorio. En el caso de otras selecciones la cantidad es todavía mayor, como Sudáfrica, con 16 mundialistas que juegan en su campeonato local.
Sudáfrica también hizo historia en la reciente Copa de Naciones de su continente, ganando su primer título a costa de Marruecos. Las banyana banyana son dirigidas por Desiree Ellis, ex jugadora sudafricana que estuvo activa entre 1978 y 2002.
“Con lo que ha logrado este equipo (en el Mundial 2023), creo que el mundo corporativo debe ponerse de pie y realmente darse cuenta. De lo contrario, vamos a regresar dentro de cuatro años y pasaremos por lo mismo y todos dirán que este equipo jugó y podríamos haber ido más lejos (…) Por lo tanto, instamos a las empresas a unirse para ayudar aquí y al gobierno a intervenir y ayudar a hacer crecer el juego femenino”, dijo la entrenadora de Sudáfrica tras ser eliminada en octavos de final por Países Bajos.
Fue en el Mundial de Estados Unidos 1999 cuando África logró por primera vez superar la fase de grupos del campeonato femenil de la FIFA con Nigeria y pasaron 16 años para que Camerún repitiera ese gesto en Canadá. Ya en Francia 2019, ambas naciones volvieron a octavos de final, lo que había sido el mejor registro del continente hasta el tridente que logró superar la primera ronda en 2023.
Los resultados en Australia-Nueva Zelanda sentaron un precedente, pero todavía hay muchas dificultades para las jugadoras africanas: Sudáfrica no se presentó a un partido de preparación por la falta de bonos ofrecidos por parte de su federación (SAFA) y la falta de acuerdos escritos sobre los pagos del Mundial, mientras que Nigeria retuvo bonos a jugadoras que se negaron a entrenar debido a salarios pendientes.
Por si fuera poco, un informe del diario británico The Guardian afirmó que el entrenador de Zambia, Bruce Mwape, está siendo investigado por su propia federación (FAZ) por acusaciones de conducta sexual inapropiada.
“Son federaciones que no se han librado de situaciones contractuales, de hecho, la mayoría las tienen, sin embargo, han logrado resolverlas (…) A pesar de que todavía hay piedras en el camino en temas salariales y de mejoras por todos lados, ver detalles en estructuras, como la de Marruecos, nos indican que el continente africano va a marcar la pauta para otros continentes y selecciones de lo que se puede hacer mejor”, reflexiona la especialista.
Otra de las líneas donde el futbol femenil africano puede mejorar, de acuerdo con Adriana Terrazas, es la difusión, que no se tenga que esperar a verlas cada cuatro años en un Mundial para conocer sus historias y talentos.
“Muchas de las ligas femeniles africanas aún son muy recientes o semiprofesionales y a pesar de que tienen alguna difusión, de lo que más se quejan aficionados y analistas es que no hay forma de seguir a todos los equipos. Mientras haya más posibilidad de seguir a las jugadoras, incluso a las que están en ligas extranjeras, se podrá fortalecer el interés de las jóvenes en seguir estas carreras”.