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La paradoja de la IA: ¿Por qué trabajamos más si la tecnología es más rápida?
Las herramientas basadas en IA prometen eficiencia inmediata, pero dentro de estructuras rígidas solo amplifican el volumen y la presión. El verdadero cambio exige repensar procesos y priorizar valor sobre velocidad.
Las herramientas basadas en IA prometen eficiencia inmediata, pero dentro de estructuras rígidas solo amplifican el volumen y la presión.
La inteligencia artificial (IA) es un catalizador, no una solución por sí sola. Si no rediseñamos el "cómo" trabajamos, la tecnología sólo acelerará el caos; la meta es transformar la velocidad en valor y la transacción en conexión humana.
¿Alguna vez has sentido que, a pesar de tener herramientas que resuelven tareas en segundos, tu lista de pendientes solo se alarga? No es una percepción aislada; es la nueva frontera de la gestión del talento. Un análisis reciente de Harvard Business Review plantea una verdad incómoda: la IA no está reduciendo el trabajo por sí sola; lo está intensificando.
La promesa original era la liberación del tiempo. Sin embargo, en la práctica, estamos viendo cómo la IA actúa como un acelerador en una estructura que todavía se rige por procesos analógicos.
Pensemos en el reclutamiento: un modelo de lenguaje puede redactar diez perfiles de puesto en minutos, pero si el proceso de aprobación sigue dependiendo de firmas manuales o correos perdidos en la bandeja de entrada de los líderes, la IA solo ha creado un cuello de botella más rápido. La velocidad de salida de la herramienta choca con la fricción del proceso tradicional.
En México, esta paradoja cobra una relevancia crítica ante la discusión de la reforma para reducir la jornada laboral a 40 horas. La pregunta para los líderes de Capital Humano no es solo cómo cumplir con la ley, sino cómo evitar que la IA llene esos "espacios liberados" con más ruido operativo. Si el tiempo legal de trabajo disminuye, pero no rediseñamos los procesos, corremos el riesgo de intentar meter el mismo volumen de tareas aceleradas en un contenedor más pequeño, se creará un embudo.
En el sector de HR Tech, la facilidad de inicio que ofrece la IA está expandiendo el volumen de trabajo operativo, que no es necesariamente una menor carga, sino una mayor velocidad, expectativas no claras y una presión constante por la multitarea.
Un ejemplo claro es la atención al colaborador: la implementación de chatbots genera una expectativa de inmediatez absoluta. La tecnología nos dio velocidad, pero si no gestionamos la carga y priorizamos el valor sobre el volumen, solo estamos acelerando el camino hacia el agotamiento.
Cargas vs. soluciones
Para resolver esta paradoja, debemos migrar hacia una visión de redes sobre jerarquías y confianza sobre vigilancia. Aquí es donde el Análisis de Redes Organizacionales (ONA) se vuelve el mejor aliado para diagnosticar esta "carga operacional" y entender cómo se mueve realmente el trabajo.
Algunos casos de uso son:
- Simulación de escenarios con GenAI: ¿Qué sucede con la colaboración si reducimos la jornada a 40 horas y automatizamos el 30% de la carga transaccional? La IA puede simular si esto realmente libera tiempo para la creatividad o si sobrecarga los nodos centrales (las personas clave) de la red.
- Maximizar la inteligencia colaborativa: Identificar dónde se rompen los flujos de comunicación ante la presión de la velocidad, asegurando que la tecnología actúe como un puente y no como un generador de fatiga digital.
- Flujos de confianza sobre control: Ante una jornada más corta, la tentación de aumentar la vigilancia digital es grande. El ONA permite lo contrario: gestionar a través de la conexión humana y el flujo de capital social, identificando a los expertos que realmente mueven la organización.
La IA en el sector de Capital Humano no es una receta mágica; es un catalizador. Si las organizaciones y las plataformas de HR Tech no establecen límites claros y procesos de priorización, la reducción de la jornada será una victoria en papel, pero una derrota en bienestar.
Como arquitectos de esta transformación, nuestra misión es migrar de la automatización transaccional a la libertad colaborativa. No se trata de cuánta IA usamos, sino de si la estamos usando para rediseñar el trabajo o simplemente para intensificarlo.
Para reflexionar en tu próxima estrategia de talento:
- ¿Estamos usando la IA para que nuestra gente cree más valor en menos tiempo, o solo para que haga más cosas en las mismas horas?
- Ante la inminente realidad de las 40 horas, ¿estamos rediseñando el puesto o solo estamos acelerando el ritmo hasta el límite del sistema?
El éxito no se medirá por cuántos procesos logres automatizar, sino por qué tan bien logres que la tecnología potencie la conexión humana. El desafío no está en el código, sino en nuestra capacidad de humanizar el flujo de trabajo en un mundo que corre cada vez más rápido.