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Reducir 10% el desperdicio alimentario garantizaría, por un año, agua a 50 millones de mexicanos
México tira a la basura 20.4 millones de toneladas de comida anuales, lo que representa el 34% de su producción y evapora más de 40 billones de litros de agua.
Imagina abrir la llave del grifo y dejar correr el agua sin tregua hasta vaciar una presa entera. Esa es, en la práctica, la escena silenciosa que se repite todos los días en la trastienda de los supermercados, restaurantes y hogares de México. Aunque no vemos el líquido derramarse, cada litro de leche caducada y cada kilo de grano que termina en el basurero arrastra consigo una cascada invisible.
En México la sequía agrieta el suelo y el racionamiento es la realidad de millones, y estamos tirando a la basura 20.4 millones de toneladas de comida al año, una colosal merma que evapora más de 40 billones de litros de agua (40,000 millones de metros cúbicos) sin generar ningún valor, de acuerdo con datos proporcionados por Cheaf —plataforma que conecta excedentes de alimentos con consumidores.
Este volumen de desperdicio equivale al 34% de la producción agrícola y ganadera nacional, un lujo francamente insostenible para un territorio donde entre el 35% y el 45% de su geografía agoniza bajo algún nivel de estrés hídrico. La comida que desechamos no solo representa un golpe económico millonario, sino una de las fugas de recursos naturales más grandes, ineficientes y menos vigiladas de nuestro sistema productivo
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El sector del retail y el foodservice viven bajo la inmensa presión comercial de exhibir una abundancia perpetua: vitrinas siempre llenas y menús que nunca se agotan. Sin embargo, detrás de cada alimento descartado hay una profunda huella hídrica acumulada desde su origen en el campo hasta su distribución. Alimentos cotidianos como la carne, los lácteos o los granos exigen miles de litros de agua por cada kilogramo producido, lo que amplifica el impacto a lo largo de toda la cadena.
Agua y restaurantes
"El desperdicio no es sólo comida que no se vende. Es agua, energía y recursos que ya se utilizaron sin generar valor. El problema es que esos costos no siempre se hacen visibles en la operación diaria", advierte Braulio Valenzuela, Country Manager para Cheaf en México.
El experto subraya que, ante la alarmante falta de métricas claras e incentivos en la industria, descartar el excedente se vuelve la salida más fácil. Al no tener un destino definido, el desperdicio se convierte en una fría consecuencia operativa en lugar de una excepción que deba evitarse.
Este despilfarro golpea con particular crueldad a los principales motores económicos del país, como el Valle de México, el Bajío y los estados del norte. Estas regiones combinan una intensa actividad comercial con una altísima vulnerabilidad ante la falta de agua. Para agravar el panorama, el banquete desperdiciado también calienta el planeta: la pérdida de alimentos es responsable de entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
La receta para el rescate hídrico
La buena noticia es que el remedio tiene un impacto monumental e inmediato. Reducir apenas el 10% de esta merma alimentaria en México lograría un ahorro de 4 billones de litros de agua al año. En palabras de Valenzuela, este volumen cambiaría por completo la dimensión de la crisis, pues garantizaría el agua suficiente para cubrir el consumo anual de entre 40 y 50 millones de personas en el país.
Agua
Frente a esta urgencia, la tecnología está poniendo la mesa para la sensatez. Plataformas como Cheaf, una startup mexicana surgida en el verano de 2020, conectan directamente los excedentes de los restaurantes y supermercados con usuarios dispuestos a rescatar "paquetes sorpresa" por una fracción de su precio original.
Redistribuir estos excedentes y hacer de esta gestión parte de la operación cotidiana ya no es solo una loable tendencia ecológica, sino una de las formas más eficientes de evitar que perdamos nuestros recursos más vitales.