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Bistronomie

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Mundo Mezcal 2026 busca que la bebida se conozca más allá de la moda

Su popularidad ha llevado más etiquetas a bares y restaurantes, aunque conocer una marca no siempre significa entender la bebida. La especie de agave, el lugar de origen y el trabajo del productor explican diferencias que también se reflejan en el precio.

El mezcal está de moda, pero pedirlo en un restaurante no significa necesariamente conocerlo. Entre nombres de marcas, recomendaciones y cocteles, pueden quedar fuera preguntas que ayudan a entender lo que llega a la copa: ¿con qué agave se elaboró?, ¿de dónde viene?, ¿quién lo produjo? La popularidad abre la puerta al consumo; el conocimiento permite apreciar sus diferencias.

“Sí, yo creo que está de moda; tiene un tiempo de moda”, señala Marisol Rumayor, coordinadora general del festival Mundo Mezcal. Para la organizadora, ese interés representa una oportunidad de acercar al público a una bebida cuya diversidad suele ser menos visible que sus etiquetas. El reto es que la curiosidad alcance también al productor y a los procesos que hay detrás de cada botella.

Esa es la apuesta de Mundo Mezcal, que celebrará su segunda edición del 16 al 18 de octubre de 2026. De acuerdo con Rumayor, el encuentro reunirá a 300 expositores de distintas partes del país, con Tamaulipas como estado invitado de honor, para acercar a consumidores, marcas y productores mediante degustaciones, conversaciones y actividades culturales.

El mezcal está de modaCortesía

En la mesa, la distancia entre popularidad y conocimiento se vuelve evidente cuando la conversación termina en “¿qué marca tienes?”. Rumayor observa que son pocos los consumidores que preguntan por las especies disponibles o por la región de procedencia. Sin esa información, elegir un mezcal puede depender más de un nombre conocido que de sus características.

Más allá del sabor ahumado

Una de las simplificaciones consiste en reducir el mezcal a su carácter ahumado. Otra es pensar que toda su producción viene de Oaxaca. Rumayor reconoce el peso de ese estado, pero destaca que también hay propuestas de Michoacán, Guanajuato, Puebla, Guerrero y el Estado de México. Conocer ese origen amplía la conversación más allá de una sola referencia.

La comparación que propone es con el vino: así como el consumidor aprende a distinguir uvas y lugares de procedencia, en el mezcal puede empezar por identificar especies de agave, territorios y formas de elaboración. “Poco a poco vas aprendiendo; acá es lo mismo”, explica. La experiencia se construye al probar, preguntar y comparar.

El agave es una parte de la historia, pero también importan la molienda, la fermentación y la destilación. Rumayor menciona el uso del trapiche en Tamaulipas y del alambique filipino en Michoacán como ejemplos de prácticas que permiten acercarse a la producción desde sus diferencias regionales. La tradición no se expresa de una única manera.

Esto cambia la forma de pedir una copa. Un consumidor puede buscar un tepeztate, un madrecuishe o un jabalí, en lugar de limitarse a una marca. Preguntar por la especie y por quién lo elaboró ayuda a conocer el producto y a darle un lugar al oficio de los maestros y las maestras mezcaleras.

El precio también necesita explicación

La falta de información tiene una consecuencia económica: dificulta entender por qué dos mezcales pueden tener precios muy distintos. Rumayor plantea un ejemplo de restaurante: un trago de 150 pesos frente a otro de 400. “Si no sabes mucho, no vas a entender por qué”, señala. El precio, por sí solo, ofrece poca información sobre el proceso.

De acuerdo con la organizadora, en esa diferencia pueden intervenir el tiempo de crecimiento del agave, la especie utilizada y el trabajo de elaboración. Su argumento coloca sobre la mesa una pregunta para el consumidor: qué está pagando y qué información recibe para decidir. La palabra artesanal necesita una explicación concreta que permita comprender el valor de la bebida.

El mezcal está de modaCortesía

Rumayor también identifica los impuestos como una presión para los productores. En la entrevista cuestiona que el IEPS se aplique sobre el valor del producto, porque considera que esa estructura afecta a mezcales con mayores costos de elaboración. Es una discusión sobre competitividad, pero también sobre el acceso del consumidor a distintas propuestas.

La popularidad, además, plantea un reto para la cadena: cómo aumentar la demanda sin relegar a quienes producen la bebida. Para Rumayor, impulsar al sector debe hacerse “sin deteriorar el medio ambiente” y sin perjudicar a las personas que lo elaboran. El crecimiento involucra tanto a las marcas como a las comunidades productoras.

Un festival para conocer lo que hay detrás de la copa

Mundo Mezcal busca que el encuentro directo con los productores ayude a cerrar esa distancia. Su programación contempla degustaciones, actividades musicales y culturales, además de la participación de 15 cocineras tradicionales y 20 restaurantes. La gastronomía acompaña a los destilados como parte de las costumbres y los sabores de sus lugares de origen.

El viernes 16 de octubre estará dedicado al salón de negocios, según explica Rumayor. La agenda abordará impuestos, certificación, maquinaria, etiquetado, botellas y centros de consumo, entre otros asuntos. El objetivo es conectar a distintos integrantes de la cadena productiva y discutir los retos que enfrenta el sector.

Para esta edición, la organización espera 10,000 visitantes durante los tres días, frente a los 8,000 que recibió el año anterior. Rumayor señala que el acceso general tendrá un costo de 250 pesos e incluirá degustaciones bajo una premisa de consumo consciente; la experiencia VIP costará 399 pesos e incorporará una copa y acceso a zonas de hospitalidad.

La intención es que el público encuentre bebidas que difícilmente llegan a los circuitos comerciales habituales y pueda conversar con quienes las elaboran. Para algunas etiquetas pequeñas, estos encuentros representan una oportunidad de ganar visibilidad, vender directamente y explicar su trabajo sin depender únicamente de lo que dice una botella.

De la moda a la curiosidad

Rumayor no supone que todos los visitantes quieran una explicación técnica: “No todo mundo quiere que le des una clase”, reconoce. Por eso apuesta por despertar la curiosidad mediante degustaciones y conversaciones que acerquen al público a la diversidad de la bebida.

El propósito tampoco es exigir conocimientos previos. Una persona puede llegar porque el mezcal está de moda o simplemente para pasar un buen rato. La oportunidad está en que salga con nuevas preguntas y referencias. “Me encantaría cada vez saber más”, dice la propia organizadora, al hablar de su interés por distinguir los territorios a través del olfato y del gusto.

Para el consumidor, un primer paso puede ser tan sencillo como preguntar qué agave contiene la botella, dónde se produjo y quién la hizo. Las respuestas permiten elegir con más elementos y entender el trabajo que hay detrás de la copa. Ahí, la moda puede convertirse en una puerta de entrada a la cultura del mezcal.

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