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De México para el mundo: La historia detrás de La Casa del Habano y sus 35 años
El puro cubano comparte códigos con el vino: origen, elaboración, conocimiento y precio. En México, esa cultura tomó un rumbo particular, con una marca creada para el país y espacios propios para aficionados.
Hay productos que se consumen y otros que vienen acompañados de un ritual. El Habano suele aparecer al final de la comida, cuando llegan el café o los destilados y la conversación se extiende. Para disfrutarlo, sus aficionados hablan de formatos, fortaleza y procedencia, igual que los conocedores del vino conversan sobre regiones, cosechas y variedades.
La sociología ayuda a entender por qué estos productos se asocian con la sofisticación. Pierre Bourdieu estudió cómo el gusto se aprende y puede expresar diferencias sociales. Un análisis mexicano sobre el consumo de café gourmet y vino de mesa también observó que esas prácticas pueden funcionar como signos de distinción. En el Habano intervienen el precio y el conocimiento, pero también su elaboración artesanal y la comunidad que se reúne alrededor de él.
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La sobremesa es el punto de encuentro con la gastronomía. Café, whisky y ron son acompañamientos habituales; en México se incorporan tequila y mezcal, cuyos perfiles abren otras posibilidades de maridaje. El precio también forma parte de esta experiencia: algunas vitolas Montecristo se ofrecen en línea entre 430 y 1,050 pesos por unidad, mientras que ciertos Cohiba van de 670 a 2,630 pesos, según el formato y la tienda. Son referencias de catálogo que pueden cambiar por disponibilidad.
El Habano encontró en México una mesa propia
El humo mítico
Uno de los mitos más extendidos es que el Habano no representa un riesgo si el humo no se inhala. Aunque muchos fumadores de puros no lo llevan a los pulmones, el cuerpo puede absorber nicotina por la boca y exponerse a sustancias tóxicas. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos señala que fumar puros se relaciona con distintos tipos de cáncer y que la nicotina puede causar adicción, incluso sin inhalar el humo.
También se cree que fumar un puro es una práctica sin consecuencias porque ocurre con menos frecuencia que fumar cigarrillos. Pero el riesgo depende de cuánto y con qué frecuencia se fuma; no desaparece por tratarse de un producto premium ni por reservarlo para la sobremesa. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos advierten que quienes fuman puros están expuestos a nicotina y químicos tóxicos, incluso cuando no inhalan.
La historia mexicana del Habano guarda varios datos que explican cómo una tradición cubana encontró aquí sus propios códigos.
Cinco curiosidades de los Habanos en México
1. La idea de La Casa del Habano nació en México. Hace 35 años, dos empresarios mexicanos crearon un espacio que reunía boutique, humidor y salón de degustación. La propuesta gustó tanto que Habanos S.A. la adoptó como concepto para expandirla a otros países. Lo que empezó como un punto de reunión para aficionados se convirtió en una red internacional.
2. México tiene un Habano creado para su mercado. Edmundo Dantés fue desarrollada por Habanos S.A. e IEPT específicamente para el país. La marca tuvo ediciones regionales limitadas como Conde 109, Conde 54 y Conde Belicoso. Algunas de esas cajas ya no están en tiendas y, según la información de sus distribuidores, hoy pueden encontrarse en colecciones privadas o subastas.
Habanos
3. El Habanos Day de 2015 reunió a más de 1,300 personas. El encuentro mostró el tamaño de la comunidad mexicana y acompañó el crecimiento de espacios especializados. Los datos difundidos por la industria registran 16 Casas del Habano y 26 Habanos Lounge en el país. La red oficial de Habanos identifica estos espacios como puntos para comprar y fumar sus productos.
4. El maridaje también se mexicanizó. La costumbre suele asociar el Habano con café, whisky o ron, pero en México se sumaron destilados nacionales. Tequila y mezcal ofrecen perfiles distintos para la sobremesa y enlazan el tabaco cubano con bebidas de producción local. No hay una sola combinación: la elección depende del formato del Habano y de los gustos de quien lo disfruta.
5. La afición ya no se explica solo como símbolo de estatus. Cohiba, Montecristo y Romeo y Julieta siguen entre las marcas más reconocidas, pero los aficionados también exploran opciones más suaves, como Hoyo de Monterrey y Quai d’Orsay. Los organizadores reportan un consumo promedio de entre dos y cinco piezas al mes, con preferencia por formatos robustos y de fortaleza media. El interés por conocer el producto forma parte de esa evolución.
La celebración de los 35 años de La Casa del Habano en México culminó con una cena. Fue una manera de reunir los elementos que han acompañado esta historia: la comida como inicio, las bebidas como parte de la sobremesa y el Habano como motivo de encuentro. En la mesa, el puro cubano ya tiene una tradición mexicana hecha de espacios, coleccionismo y maridajes propios.