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Cómo distinguir el yogurt real de la imitación y las marcas que sí valen la pena en el súper
Descubre cuáles son los únicos yogures honestos y cómo evitar los que están llenos de almidón y edulcorantes no aptos para niños.
El pasillo de los lácteos se ha convertido en un campo minado. Lo que antes era una elección sencilla —leche fermentada y punto— hoy es un ejercicio de descifrado entre etiquetas brillantes, promesas de salud digestiva y una realidad industrial a menudo decepcionante.
El último estudio de calidad de la Profeco, realizado en enero de 2026, no solo ha expuesto a quienes incumplen la norma, sino que nos ha entregado involuntariamente un manual para detectar la autenticidad en medio del artificio.
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La grasa debe ser de leche
La diferencia abismal entre un yogurt genuino y una imitación radica en la grasa. La norma es clara: debe ser grasa butírica, es decir, propia de la leche. Sin embargo, productos como Vaca Blanca (yogurt con fresa) rompen esta regla al incorporar grasa vegetal. Al hacerlo, pierden el derecho a llamarse yogurt, convirtiéndose en un postre que simula una textura láctea que no le pertenece.
Yogurt
El consejo: Gira el envase. Si en los ingredientes lees "grasa vegetal" o aceites, estás ante un sucedáneo.
La textura perfecta y almidón omnipresente
Si buscas esa cremosidad densa pensando que es sinónimo de una leche de alta calidad, piénsalo dos veces. El estudio reveló un secreto a voces de la industria: el 100% de los 18 yogures analizados, desde las marcas económicas hasta las premium, contienen almidón. Las marcas lo utilizan para dar cuerpo y estabilidad al producto de forma barata.
El matiz: Dado que el almidón es inevitable en la oferta actual, tu criterio de desempate debe ser la proteína. Busca aquellos que superen los 4 gramos por cada 100g, como el Lala Natural (4.3g) o el Lala 100 (4.5g), pues indica una mayor presencia de sólidos lácteos reales frente a los espesantes.
Cuando lo "artesanal" olvida lo esencial
En el yogurt su beneficio radica en las bacterias vivas (Lactobacillus y Streptococcus) que colonizan nuestro intestino. Por ejemplo, el estudio muestra el caso de Flor de Alfalfa (1 kg). A pesar de su imagen rústica y precio elevado ($56 pesos), no cumplió con el contenido mínimo de microorganismos benéficos. Un yogurt sin bacterias vivas es simplemente leche ácida.
Los mejor calificados
Bové Orgánico (Natural sin azúcar). Es la opción para quien busca el sabor primario del fermento. Con solo 4.9g de azúcares (propios de la leche, no añadidos) y una acidez equilibrada, es lo más cercano a un yogurt limpio en el anaquel. Su precio es alto ($66/kg), pero pagas por ausencia de sellos y pureza de ingredientes.
Yogurts
Lala Natural (900g). Es el ganador en relación calidad-precio. Por $52 pesos , ofrece una cantidad superior de calcio (146 mg/100g) y proteína, cumpliendo cabalmente con la normativa sin aditivos escondidos.
La advertencia infantil
Si compras para la lonchera, cuidado con las versiones "ligeras". Alpura (natural deslactosado) y Yoplait Doble Cero contienen edulcorantes no calóricos (sucralosa y acesulfame k) que llevan la leyenda precautoria de no ser recomendables para niños. Para los pequeños, paradójicamente, a veces es mejor un yogurt natural entero que uno "dietético" cargado de química.
La próxima vez que estés frente al refrigerador, ignora el diseño frontal y ve directo a la etiqueta trasera.