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Bistronomie

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Día Mundial de la Alimentación 2026: innovación mexicana del campo a la mesa

El almacenamiento hermético, el secado solar y la investigación con frijol muestran cómo la innovación puede contribuir al abasto. El reto es ampliar su acceso y comprobar sus beneficios.

La innovación mexicana también se encuentra en un silo que protege el maíz, en un equipo que utiliza el calor del sol para conservar alimentos y en una variedad de frijol desarrollada para tolerar mejor la falta de agua. Son soluciones vinculadas con los ingredientes de la cocina cotidiana y con una necesidad fundamental: aprovechar mejor lo que el país produce.

En el Día Mundial de la Alimentación, que se conmemora este viernes 16 de octubre bajo el lema “Innovar hoy para nutrir mañana”, estos trabajos permiten observar cómo la investigación puede intervenir antes de que la comida llegue al mercado. La pregunta es qué resultados ofrece y cuántas personas pueden utilizarla de manera sostenida.

Conservar la cosecha y su valor

Una de las diferencias más claras aparece en el almacenamiento del maíz. Una comunicación del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), publicada este octubre, retomó evaluaciones realizadas en condiciones tropicales: después de seis meses, el daño al grano alcanzó 39.4% en costales de polipropileno, frente a 2.9% en silos metálicos herméticos. 

Día Mundial de la Alimentación 2026: innovación mexicana del campo a la mesa.Freepik

El beneficio depende de las condiciones locales. En los valles altos, los resultados fueron mucho más cercanos: 4.1% de daño en costales y 3.8% en silos. La comparación muestra por qué la innovación agrícola necesita probarse en cada territorio. Estos porcentajes describen daño al grano en los ensayos, no el volumen nacional de alimentos desperdiciados.

Otra respuesta utiliza energía solar. Octavio García Valladares, investigador del Instituto de Energías Renovables de la UNAM, desarrolla sistemas que aprovechan la radiación del sol para calentar aire y retirar humedad de los alimentos, con condiciones controladas de temperatura y tiempo para prolongar su vida útil.

El Instituto de Energías Renovables (IER) de la Universidad Nacional Autónoma de México documenta una planta instalada en Zacatecas con capacidad para procesar hasta dos toneladas de producto fresco. Se ha utilizado con nopal, manzana, chile, ajo y cebolla, entre otros alimentos. La conservación solar permite explorar nuevas posibilidades de almacenamiento y transformación; su adopción requiere conocer inversión, mantenimiento y costos de operación.

Innovar con los ingredientes de siempre

El frijol Verdín muestra que la investigación agrícola requiere continuidad. Esta variedad negra, liberada por el INIFAP en 2014, fue desarrollada por su tolerancia a la sequía terminal, cuando disminuye la humedad durante la etapa final del cultivo. Su evaluación incluyó ambientes de Veracruz y Chiapas.

En julio de 2026, el instituto informó la entrega de 1,000 kilogramos de semilla certificada de Verdín en Chiapas, junto con semilla de maíz. La distribución acerca el desarrollo al campo; conocer su impacto requiere dar seguimiento a la superficie sembrada, la cosecha obtenida y la experiencia de los productores.

También existen avances con bioinsumos agrícolas. En mayo de este año, el INIFAP reportó que determinadas líneas de frijol pinto, combinadas con bacterias promotoras del crecimiento o micorrizas, alcanzaron rendimientos 30.3% superiores al testigo comercial Pinto Saltillo. El resultado corresponde a materiales y tratamientos específicos y necesita evaluarse bajo otras condiciones antes de extender sus conclusiones.

Maíz en MéxicoCortesía

La investigación dispone de espacios para esa validación. Al comenzar 2026, el CIMMYT reportó 46 plataformas agronómicas en 16 estados, destinadas a probar y adaptar soluciones en condiciones reales de producción. Esa infraestructura permite conectar el conocimiento científico con las decisiones que toman los agricultores.

El desafío de la innovación alimentaria consiste en sostener esa conexión. Un desarrollo necesita funcionar, ser accesible y conservar sus beneficios durante varios ciclos de trabajo. Medir costos, adopción y resultados permitirá conocer cuánto contribuyen estas soluciones a proteger los alimentos que terminan en la mesa.

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