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Día Mundial de la Alimentación 2026: los desafíos de comer bien en México
El acceso a una dieta suficiente y nutritiva enfrenta obstáculos de ingreso, precios y disponibilidad. Aunque la carencia alimentaria disminuyó, millones de personas siguen al margen de ese derecho.
México cerró 2025 con 32.3% de su población en pobreza laboral: personas cuyo ingreso laboral del hogar, calculado por integrante, resultaba insuficiente para adquirir la canasta alimentaria. Aunque el indicador mejoró frente al cierre de 2024, cuando alcanzaba 35.4%, prácticamente una de cada tres personas permanecía en esta condición, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
La cifra coloca el acceso económico en el centro del Día Mundial de la Alimentación, que se conmemora este viernes 16 de octubre. Para México, garantizar una alimentación suficiente y nutritiva exige atender lo que ocurre tanto en el campo como en los ingresos y las decisiones de compra de los hogares.
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El dato más reciente muestra avances y fragilidad. En el segundo trimestre de 2026, la pobreza laboral se ubicó en 31.9%, por debajo del 35.1% registrado en el mismo periodo de 2025. Sin embargo, aumentó frente al primer trimestre de este año, cuando fue de 30.7%.
Este indicador considera los ingresos procedentes del trabajo y no equivale a una medición directa de hambre. Su importancia está en mostrar hasta dónde alcanza el ingreso laboral para cubrir una necesidad básica: comprar los alimentos de la canasta utilizada como referencia.
LAlimentacion en México 2026
La alimentación concentra el gasto
La Encuesta Nacional de Gasto 2025, publicada por el Inegi el 30 de septiembre de 2026, ofrece otra dimensión del problema. Los hogares destinaron un promedio de 6,746 pesos mensuales al rubro de alimentos, bebidas y tabaco, equivalente a 34.9% de su gasto corriente monetario. Fue el componente con mayor participación en sus desembolsos.
La clasificación incluye bebidas y tabaco, por lo que ese monto no debe presentarse como un gasto exclusivo en comida. Aun con esa precisión, permite observar el peso de este rubro dentro del presupuesto familiar, donde también deben cubrirse transporte, vivienda, educación y servicios.
La presión continúa con los precios. En septiembre de 2026, la canasta alimentaria aumentó 5.5% anual en las ciudades y 4.9% en las localidades rurales. Ambos incrementos superaron la inflación general de 3.5%, expresada con redondeo en el boletín del Inegi publicado el 13 de octubre.
Su valor mensual llegó a 2,590.61 pesos por persona en el ámbito urbano y a 1,940.96 pesos en el rural. Estas cantidades son umbrales para medir insuficiencia de ingresos; no representan el gasto promedio observado de las familias ni el presupuesto recomendado para una dieta saludable.
Para la política alimentaria, la diferencia es fundamental: superar un umbral monetario no permite concluir, por sí solo, que una familia mantiene una dieta de calidad. También es necesario conocer qué alimentos consume, con qué variedad y bajo qué condiciones puede prepararlos.
La desigualdad también tiene territorio
Los resultados de 2025 muestran que el acceso económico a los alimentos cambia considerablemente según el lugar de residencia. En el cuarto trimestre de ese año, la pobreza laboral alcanzó 46.6% en zonas rurales, frente a 28.1% en las urbanas. La distancia evidencia una desventaja persistente para los hogares del campo.
Costo de los alimentos
Al cierre de 2025, las entidades con mayor proporción de población en pobreza laboral fueron Chiapas, Oaxaca y Guerrero, con 59.8, 56.6 y 51.3%, respectivamente. En contraste, Baja California Sur registró 14.2%, Colima 17.3% y Baja California 18.2%.
La brecha continuó en 2026. Durante el segundo trimestre, la pobreza laboral fue de 44.7% en localidades rurales y de 28.3% en urbanas. Aunque ambas proporciones disminuyeron respecto al mismo periodo de 2025, los resultados muestran que las posibilidades de adquirir alimentos siguen siendo profundamente desiguales.
El campo enfrenta sus propios límites
El abastecimiento depende, además, de condiciones productivas vulnerables. La Encuesta Nacional Agropecuaria 2025, difundida este octubre, señala que 72.1% de la superficie agrícola era de temporal, dependiente de las lluvias, mientras que 27.9% correspondía a superficie de riego.
La misma encuesta reportó que 58.2% de las unidades de producción agropecuaria tuvo pérdidas ocasionadas por factores climáticos durante 2025. El porcentaje corresponde a unidades afectadas, no a la proporción de cosecha perdida. Su magnitud permite dimensionar los riesgos que enfrentan quienes producen alimentos.
Proteger las cosechas requiere también conservarlas y trasladarlas en buenas condiciones. El almacenamiento, la infraestructura y la comercialización forman parte de la seguridad alimentaria, porque conectan el trabajo de los productores con la disponibilidad de productos en mercados y comercios.
Bajo el lema “Innovar hoy para nutrir mañana”, el Día Mundial de la Alimentación 2026 plantea cómo mejorar esa cadena. Para México, la innovación debe responder a necesidades concretas: reducir pérdidas, fortalecer a los productores y facilitar que los alimentos nutritivos estén al alcance de más hogares.
Los indicadores recientes muestran que la tarea tiene varios frentes. Mejorar el ingreso, contener las presiones sobre el presupuesto y proteger la producción son condiciones necesarias para ejercer el derecho a alimentarse. El resultado debe poder observarse en la mesa: comida suficiente, variada y de calidad todos los días.