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Bistronomie

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Comer en Estados Unidos cuesta 30% más que antes de la pandemia

Aunque la inflación perdió velocidad, llenar el carrito cuesta cerca de un tercio más que antes de la pandemia; carne, verduras y restaurantes obligan a los hogares a comprar menos y buscar opciones económicas.

La inflación alimentaria en Estados Unidos dejó de avanzar al ritmo histórico de 2022, pero los precios nunca regresaron a su punto de partida. En junio de 2026, los alimentos costaron 3% más que un año antes; las compras de supermercado aumentaron 2.7% y comer fuera de casa se encareció 3.4%, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos. El problema ya no es solamente cuánto suben cada mes, sino el nivel al que llegaron después de seis años de incrementos.

Entre enero de 2020 y junio de 2026, el índice general de alimentos pasó de alrededor de 268 a 349.7 puntos. Esto significa que alimentar a una familia cuesta aproximadamente 30% más que antes de la pandemia. En supermercados, el aumento acumulado ronda 33%, mientras que el precio de restaurantes, cafeterías y comida preparada se elevó cerca de 37%, según las series del BLS y la Reserva Federal de San Luis. 

Verduras y carne encabezan las presiones

La inflación no golpea por igual a todos los productos. Durante el último año, las frutas y verduras aumentaron 5.3%, el mayor avance entre los grandes grupos del supermercado. Sin embargo, al revisar productos específicos, la diferencia es mucho más amplia: la lechuga fresca costó 32.1% más en junio de 2026 que un año antes y los tomates se encarecieron 19.5%, de acuerdo con el Servicio de Investigación Económica del Departamento de Agricultura.

La carne de res se convirtió en otro punto crítico. Sus precios minoristas avanzaron 11.8% anual en junio, debido a que el hato ganadero estadounidense cayó a su nivel más bajo en 75 años. El USDA calcula que la carne de res y ternera podría cerrar 2026 con un incremento promedio de 10.7%. Al mismo tiempo, el azúcar y los dulces registraron un alza anual de 6.9%, presionados principalmente por chocolates, caramelos y goma de mascar.

Foto: Reuters

Los huevos ofrecen un respiro parcial. Después de aumentar 21.9% en promedio durante 2025 por los efectos de la influenza aviar, sus precios minoristas se ubicaron 27.9% por debajo del nivel de junio del año pasado. Sin embargo, esta caída no compensa el encarecimiento acumulado de otros básicos que permanecen muy por encima de sus precios previos a la pandemia. 

Se compra con mayor cautela

Decir que los estadounidenses gastan menos en comida requiere una precisión: en dólares, el desembolso continúa elevado porque los precios son mayores; lo que disminuye es la cantidad adquirida, la frecuencia de compra o la calidad de algunos productos. Los hogares cambian marcas reconocidas por etiquetas propias, buscan promociones, compran a granel y trasladan parte de su consumo hacia Walmart, Aldi y otros establecimientos de descuento.

La señal ya llegó a las grandes cadenas. Albertsons reportó una caída de 0.8% en sus ventas comparables del primer trimestre y redujo su previsión anual: ahora espera una contracción de entre 0.5 y 1.5%. La empresa reconoció que los clientes de ingresos medios y bajos están migrando hacia competidores con precios menores, mientras aumenta la demanda de marcas propias. La compañía anunció recortes en cientos de productos para retener a consumidores con el presupuesto presionado.

Un estudio del Centro de Análisis de la Demanda Alimentaria de la Universidad Purdue calculó que la inseguridad alimentaria alcanzó un promedio de 14.2% durante 2025, 1.7 puntos porcentuales más que el año anterior. En diciembre, los hogares consultados declararon gastar 133 dólares semanales en supermercado y otros 72 dólares en restaurantes, pero la asequibilidad se mantuvo como uno de los principales criterios de compra. Purdue University encontró además que la calidad promedio de la dieta permaneció por debajo del umbral considerado saludable. 

Una crisis de acceso, no de escasez

Estados Unidos no enfrenta una falta generalizada de alimentos. Sus supermercados continúan abastecidos y el país mantiene una de las cadenas agroalimentarias más grandes del mundo. La crisis es de acceso económico: la comida está disponible, pero una parte creciente de la población debe sacrificar variedad, calidad o consumo fuera de casa para pagarla.

El hogar estadounidense promedio destinó 9.7% de su ingreso personal disponible a alimentos durante 2025: 4.8% a comida preparada en casa y 4.9% a restaurantes. El promedio nacional parece manejable, pero oculta una presión mucho mayor entre las familias de menores ingresos, que dedican una proporción considerablemente más alta de sus recursos a comer, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Para 2026, el USDA proyecta que los precios de supermercado aumentarán 2.7% y los de restaurantes 3.5%. Ocho de las 15 categorías analizadas subirían por encima de su promedio histórico, entre ellas carne de res, pescados, frutas, verduras frescas, azúcar, bebidas sin alcohol y alimentos procesados. La inflación perdió fuerza, pero el carrito no se abarató: simplemente continúa encareciéndose desde una base mucho más alta.

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