Lectura 4:00 min
La urgencia de validar el ciclo menstrual en la salud mental y el trabajo
La especialista en psicología clínica y neurolingüística, Andrea Torres, desentraña los tabúes sobre la inestabilidad emocional femenina, la sobreexigencia de la productividad lineal y la necesidad de una educación temprana que involucre también a los hombres.
Foto:
El mito de la "inestabilidad femenina" sostenido sobre el ciclo menstrual continúa operando en espacios públicos, entornos laborales y dinámicas de pareja como una forma cotidiana e invisible de invalidación emocional.
En una sociedad donde abundan los datos sobre múltiples temas pero escasea la conversación abierta sobre los procesos fisiológicos básicos, las fluctuaciones del estado de ánimo suelen reducirse al comentario simplista de "seguro estás en tus días". Esta descalificación constante pasa por alto tanto la neuroquímica del cuerpo femenino como el entorno social en el que se desenvuelve más de la mitad de la población mundial.
Te puede interesar
En entrevista, la especialista en psicología clínica y neurolingüista Andrea Torres explica que la falta de información profunda ha provocado que la sociedad conozca la menstruación únicamente desde su arista estigmatizada.
Si bien existe una alteración real producida por los movimientos hormonales a lo largo de todo el mes —y no solo durante la sangrada—, estas variaciones impactan directamente en la química cerebral, alterando neurotransmisores clave como la dopamina y la serotonina, encargadas de regular el estrés y la sensación de bienestar.
La trampa de la productividad lineal
Uno de los principales desafíos emocionales reside en habitar un cuerpo fluctuante dentro de un sistema que exige un rendimiento lineal, constante y sin pausas. Esta presión externa, que demanda cumplir de forma impecable con el trabajo, la familia o los compromisos diarios sin importar el estado físico, termina por interiorizarse en las propias mujeres en forma de una autoconstruida exigencia que les impide escuchar sus propias necesidades.
Torres enfatiza la importancia de ejercitar la flexibilidad y la autocompasión: comprender que dar un 70% o un 80% de la capacidad en determinados días no representa un fallo, sino una pausa transitoria y necesaria. Asimismo, señala que las fluctuaciones no responden de manera exclusiva a las hormonas; factores contextuales como el estrés laboral, las tensiones de pareja o los problemas familiares juegan un papel determinante en cómo se procesa cada etapa del mes.
Aunque el ciclo no debe percibirse por definición como un obstáculo limitante o incapacitante, la especialista aclara que la psicología y la psiquiatría identifican cuadros que requieren atención clínica. Entre ellos destaca el síndrome premenstrual (SPM) en jóvenes y, de forma más severa, el trastorno disfórico premenstrual (TDPM), recogido en manuales como el DSM-5 y la CIE-10, donde los síntomas de ansiedad y depresión interfieren directamente en la funcionalidad cotidiana. La tendencia habitual a automedicarse para mitigar el dolor físico muchas veces retrasa diagnósticos ginecológicos fundamentales como el síndrome de ovario poliquístico, quistes o pólipos.
Educación desde la infancia y comunicación asertiva
Para desmontar el tabú de ver el periodo como algo "sucio" o digno de ocultarse —un estigma que aún lleva a muchas jóvenes a esconder los productos de gestión menstrual—, la experta propone iniciar la educación psicoemocional y corporal desde los 7 u 8 años. "Incorporar a los niños en estas pláticas escolares y familiares resulta clave para evitar burlas, normalizar las compras de insumos por parte de los padres y prevenir traumas o disociaciones con el propio cuerpo antes del inicio de la menarquia, que hoy se presenta en niñas cada vez más jóvenes".
Te puede interesar
En el plano de la vida adulta y la pareja, la clave para construir redes de apoyo empáticas radica en la comunicación explícita y el autoconocimiento. Herramientas cotidianas como llevar un diario emocional ayudan a mapear los momentos de mayor sensibilidad o irritabilidad a lo largo del mes.
"Expresar abiertamente las necesidades al entorno, adaptar la vestimenta para favorecer la comodidad física y contar con parejas o compañeros dispuestos a cuidar las formas de interlocución y asumir cargas de esfuerzo físico transforma el ciclo en una experiencia compartida y libre de juicios".
"Conocernos es el primer paso para que podamos vivir toda esta parte del periodo con libertad y confianza en nosotras mismas", concluye Andrea Torres. "Bajarle tantito a la revolución nos hace igual de fuertes que cualquier otro día".