Buscar
Arte e Ideas

Lectura 6:00 min

El peligro de reducir la salud mental a un video de 60 segundos

La activista y autora del libro "Soy un bipolar real", Maureen Terán, advierte sobre los riesgos de la desinformación, el autodiagnóstico y la cultura de la hiperconectividad en jóvenes en la era de TikTok.

Maureen Terán.Especial

En un ecosistema digital donde conceptos como "apego ansioso", "burnout" o "trastorno por déficit de atención e hiperactividad" (TDAH) se han convertido en tendencias mundiales, la línea entre concientizar sobre la salud mental y transformarla en un producto de consumo es cada vez más delgada. Aunque hoy se habla más del tema que hace dos décadas, plataformas como TikTok e Instagram han detonado un fenómeno preocupante: la romantización de los trastornos y el crecimiento del autodiagnóstico basado en algoritmos.

De acuerdo con datos de UNICEF, más del 50% de los jóvenes mexicanos afirma haber necesitado ayuda psicológica en algún momento. Paralelamente, investigaciones recientes sobre bienestar digital publicadas en la revista Nature señalan que, mientras ciertos términos se viralizan diariamente, trastornos complejos como la esquizofrenia o la bipolaridad siguen bajo la sombra del estigma y la desinformación, lo que continúa desincentivando la búsqueda de apoyo clínico real.

Para profundizar en esta realidad, conversamos con Maureen Terán, conferencista mexicana, activista y autora del libro "Soy un bipolar real". Desde su experiencia personal y profesional viviendo con trastorno bipolar, Terán analiza el impacto de la hiperestimulación digital en las emociones cotidianas y advierte sobre los peligros de confundir el cansancio común con patologías clínicas.

El testimonio como guía

La labor de Maureen Terán no surge únicamente del análisis teórico, sino de una vivencia profunda que plasmó en su libro "Soy un bipolar real". En esta obra, la autora aborda sin filtros la realidad de vivir con un trastorno neurobiológico del estado de ánimo, contrastando la complejidad de los episodios de manía y depresión con la visión superficial que muchas veces se difunde en internet. El libro se convierte así en una herramienta de acompañamiento y educación tanto para pacientes como para sus familias, buscando desmitificar la enfermedad y demostrar que la aceptación del diagnóstico es el primer paso hacia una vida plena y funcional.

A diferencia de hace 20 años, cuando Terán fue diagnosticada y la salud mental era un tabú absoluto del que nadie quería hablar, hoy la información abunda en internet. Sin embargo, este exceso de contenido no es sinónimo de educación. La activista es contundente al respecto y advierte que aproximadamente el 50% de la información que se publica en las redes sociales bajo hashtags de salud mental es falsa.

Para Terán, el problema radica en la falta de ética de muchos creadores de contenido que no delimitan su responsabilidad. En su propia gestión como activista, ella siempre hace hincapié en que comparte su historia únicamente desde su perspectiva humana, aclarando que no posee un título en psicología ni en psiquiatría. Lamenta que, en la actualidad, muchas personas prefieran validar lo que dice un video de 60 segundos antes que acudir a un consultorio, impulsados por el miedo al estigma que aún rodea a las instituciones médicas.

Portada del libro Soy un bipolar real.Cortesía

La estetización del caos y las alertas del cuerpo

Esta dinámica digital ha propiciado una preocupante "estetización" de la melancolía y el caos emocional. En los formatos cortos de video, la salud mental suele ser retratada bajo dos polos sumamente dañinos. Por un lado, se encuentra la narrativa de la victimización absoluta, que funciona como un ancla psicológica para el usuario, convenciéndolo de que no puede ser una persona funcional debido a su malestar. Por el otro extremo, se ubica el positivismo tóxico promovido por influencers que exigen una productividad implacable, obligando a sus seguidores a construir su autoestima con base en las métricas y los caprichos de un algoritmo.

La economía de la atención nos ha reprogramado para percibir el descanso físico y mental como una falla en nuestra productividad personal. Terán señala que estamos divididos entre una vida física y una vida digital que, desafortunadamente, está absorbiendo toda nuestra energía a través de transmisiones en vivo y publicaciones constantes. Al respecto, evoca el episodio Nosedive de la serie de televisión Black Mirror, donde el valor social de un individuo depende exclusivamente de la aprobación digital. Para la autora, la sociedad actual ya camina con paso firme hacia ese escenario distópico.

Esta hiperconectividad ya muestra consecuencias clínicas severas. De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), la adicción a las redes sociales ya se encuentra clasificada, y diversos estudios documentan cómo la tecnología está provocando un aislamiento profundo. Esta soledad, a su vez, exacerba los cuadros de ansiedad y depresión en una juventud cuyo primer contacto matutino ya no es un ser humano, sino la pantalla de un teléfono celular o una computadora portátil.

Para contrarrestar esto, Terán insiste en que las personas deben aprender a identificar las señales reales de saturación emocional que la vida moderna nos ha enseñado a normalizar. La principal señal de alerta es la estimulación mental ininterrumpida; el cerebro humano necesita momentos de ocio y silencio para recuperarse, algo imposible si se consumen estímulos visuales hasta el último segundo del día. Otro hábito nocivo es dormir con el teléfono celular en la cama, ya que mantiene la mente en un estado de alerta constante ante cualquier notificación, destruyendo la calidad del sueño, que es el pilar fundamental tanto de la salud mental como de la física.

Estrategias de cuidado y curación de contenido

Para interactuar de forma segura con las plataformas digitales sin poner en riesgo la estabilidad emocional, Terán aplica en su vida diaria una serie de reglas estrictas que denomina sus "no negociables". El primero de ellos consiste en establecer límites personales severos en la exposición pública; a pesar de ser una figura reconocida, ella no comparte su cotidianidad de manera continua, sino que diseña de forma estratégica una parrilla mensual de contenido para resguardar su privacidad y su salud mental, evitando la sobreexposición ante audiencias masivas de desconocidos.

Asimismo, la autora aconseja a los usuarios convertirse en curadores activos del contenido que consumen. Para ello, recomienda evaluar siempre la congruencia de los creadores de contenido, observando si las acciones de la persona en su vida real coinciden verdaderamente con el mensaje de bienestar que predica en internet. También es fundamental verificar la preparación, los estudios y la historia de vida del emisor, contrastando cualquier recomendación con información validada por especialistas clínicos. Bajo ninguna circunstancia, recalca, un creador de contenido o un coach de vida puede sustituir el diagnóstico presencial de un psiquiatra o un psicólogo, quienes requieren observar directamente el comportamiento, el lenguaje y las actitudes del paciente para determinar un tratamiento adecuado.

Finalmente, Terán enfatiza la urgencia de hablar con seriedad sobre las enfermedades más complejas, por eso su activismo busca visibilizar que, mediante la aceptación del diagnóstico y la adherencia responsable al tratamiento médico, es completamente posible desarrollarse y llevar una vida exitosa y funcional.

Temas relacionados

Periodista de ciencia en la sección Arte, Ideas y Gente de El Economista. Cuenta con maestría en periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE y es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UVM.

Últimas noticias

Noticias Recomendadas