Lectura 6:00 min
El Nobel de Medicina 2026 y la revolución de la optogenética
La Real Academia de las Ciencias de Suecia anunció el Premio Nobel de Medicina 2026 para los desarrolladores de la optogenética. El neurocientífico Mario Alberto Arias explica cómo esta técnica que controla neuronas con luz revolucionó el estudio del cerebro y detalla el papel pionero de la UNAM en la materia.
Anuncio de los ganadores del Premio Nobel de Medicina.
El Instituto Karolinska de Estocolmo anunció este lunes el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 para el neurocientífico estadounidense Karl Deisseroth y para los biofísicos alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética.
Francis Crick, descubridor de la estructura del ADN, llegó a calificar la idea de encender y apagar neuronas mediante luz como algo cercano a la «ciencia ficción». Hoy, controlar la actividad de circuitos neuronales específicos en animales vivos mediante destellos de luz con precisión de milisegundos no solo es una realidad, sino una de las herramientas más disruptivas en la historia de las neurociencias.
Te puede interesar
Para dimensionar el alcance de este galardón y su presencia en la ciencia nacional, conversamos con el doctor Mario Alberto Arias García, profesor asociado en la Facultad de Psicología de la UNAM y jefe del Laboratorio de Neurociencia Traslacional de la UNAM.
De la correlación a la causalidad
Durante décadas, la neurociencia enfrentó un límite metodológico: la dificultad para separar la correlación de la causalidad. Podía observarse qué zonas del cerebro se activaban ante una emoción o conducta, pero no si esa actividad era la causa directa.
“El principal hito de la optogenética es que cambió una pregunta fundamental”, explica Arias García. “Pasamos de la correlación a la causalidad entre la función celular y la conducta, la cognición, la emoción o la sensopercepción. Permite seleccionar determinados tipos de neuronas y controlar su actividad con luz para evaluar qué ocurre si las activamos o inhibimos. No es solo una técnica más; es una herramienta que cambió la manera de formular preguntas”.
Sobre el tiempo que tomó este reconocimiento, el investigador señala: “La historia comenzó con una proteína en un organismo unicelular y terminó transformando la forma de estudiar circuitos complejos. Ese impacto muchas veces solo se aprecia tras varias décadas”.
Dr. Mario Alberto Arias García.
El valor insustituible de la investigación básica
El hallazgo tiene un origen revelador. Peter Hegemann y Georg Nagel no buscaban curar una patología neurológica; estudiaban cómo el alga microscópica Chlamydomonas detectaba la luz para desplazarse hacia ella. De ahí emergió la comprensión de la canalrodopsina —proteína sensible a la luz azul (470 nm)—, que Deisseroth expresó posteriormente en neuronas para tomar el control de su actividad eléctrica.
“Para míes uno de los mensajes más importantes de este Nobel”, enfatiza el doctor Arias. “Si hace 40 años hubiéramos preguntado la utilidad médica de estudiar cómo un alga nada hacia la luz, la respuesta habría sido muy limitada. Hoy es una herramienta fundamental. La lección es sencilla: no siempre podemos predecir qué descubrimiento básico se convertirá en una tecnología transformadora. La ciencia necesita libertad para explorar preguntas fundamentales”.
Montar la optogenética en México
A nivel personal, la concesión del galardón genera en el doctor Arias una profunda satisfacción, pues evoca su propia trayectoria en el montaje de esta infraestructura técnica.
“Entre 2013 y 2016, durante mis estudios de doctorado en Ciencias Biomédicas, participé en la implementación y estandarización de la optogenética in vitro en el laboratorio de mi tutora, la doctora Elvira Galarraga Palacio, en el Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la UNAM. Fue una etapa clave para experimentar cómo una tecnología emergente cambiaba la forma de abordar los circuitos neuronales”, relata.
Aquel esfuerzo derivó en una fructífera colaboración con el doctor Ranier Gutiérrez, del Cinvestav, con quien publicaron en 2016 el primer artículo de optogenética realizado en México: “Activation of Glutamatergic Fibers in the Anterior NAc Shell Modulates Reward Activity...” en The Journal of Neuroscience.
Posteriormente, en su estancia posdoctoral en el Broad Institute del MIT y Harvard, Arias García participó en la caracterización de vectores virales para la manipulación selectiva de interneuronas GABAérgicas, trabajo publicado en Nature Neuroscience (2020) que demostró la viabilidad de estas herramientas en primates no humanos y tejido humano.
Actualmente, desde el Laboratorio de Psicobiología y Neurociencias de la Facultad de Psicología de la UNAM, el Dr. Arias encabeza el proyecto PAPIIT IN218924 ("Diferencias sexuales en la neurobiología del Trastorno del Espectro Autista"). Donde mediante optogenética, su equipo modula la actividad de interneuronas parvalbúmina (PV) en la corteza somatosensorial y evalúa circuitos de la corteza cingulada anterior (ACC) para entender el desequilibrio entre excitación e inhibición en modelos de autismo.
Un puente hacia la medicina de precisión
Al funcionar como un laboratorio de prueba, la optogenética ofrece tres aportes fundamentales a la neurociencia traslacional: permite realizar un mapeo causal de los circuitos para identificar poblaciones neuronales específicas involucradas en patologías; sienta las bases de una medicina de precisión al determinar los patrones temporales exactos requeridos para restaurar una función; y actúa como un modelo biomédico de prueba de concepto previo al desarrollo de intervenciones de neuromodulación no invasiva, como la estimulación magnética transcraneal (TMS) o la estimulación transcraneal por corriente directa (tDCS).
“En nuestro laboratorio avanzamos hacia esa vertiente traslacional evaluando el uso de estimulación transcraneal por corriente directa (tDCS) en personas con autismo. Observamos señales alentadoras en regulación emocional, atención y conducta social, aunque requieren mayor validación”, aclara el especialista.
Respecto a la aplicación clínica directa de la optogenética en humanos, el investigador sugiere prudencia: existen ensayos prometedores en retina para retinosis pigmentaria, pero su empleo directo en el cerebro para afecciones como depresión o Parkinson sigue en fase experimental.
Convergencia multidisciplinaria
El galardón de 2026 demuestra que las grandes transformaciones exigen la alianza entre áreas: la biofísica descubre el mecanismo molecular, la biología celular y la ingeniería genética lo dirigen a células objetivo, la óptica aporta la precisión del destello y la neurociencia interpreta la respuesta del organismo vivo.
En México, esta masa crítica se consolida en dependencias de la UNAM (IFC, Instituto de Neurobiología, Instituto de Investigaciones Biomédicas, Facultad de Psicología) y en las sedes del CINVESTAV, donde el uso de optogenética, quimiogenética, microscopía de dos fotones y aclaramiento tisular demuestra que la ciencia nacional participa activamente en el mapa global del conocimiento cerebral, mismo que hoy fue premiado con el Nobel.
Nobel de Medicina Infografía.
FOTO 3 Infografía Cortesía del Dr. Mario Alberto Arias García