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Arte e Ideas

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Juan Villoro: “un gobierno progresista debe aceptar la crítica”

Al recibir el Premio Internacional Carlos Fuentes 2026, el escritor advirtió sobre las deudas sociales de México, pidió más presupuesto para ciencia, cultura, educación y salud, y reivindicó las capacidades transformadoras de los pueblos indígenas.

“Todo gobierno que se precie de ser progresista debe ofrecer las mejores condiciones para ser criticado”, sostuvo Juan Villoro este miércoles al recibir en el Palacio de Bellas Artes el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español 2026.

El cronista, ensayista y novelista reconoció que México representa una excepción ante el avance de la ultraderecha en América Latina, pero advirtió que esa posición no exime al país de atender sus profundas desigualdades.

“No sería fiel al espíritu de Fuentes, si no insistiera en ello. Con excesiva frecuencia se considera que toda crítica se ejerce en contra. No es así, la crítica justa favorece. La discutidora especie humana sólo prospera en discrepancia”, dijo en tras recibir el reconocimiento en el área de murales del máximo recinto para las artes en México, donde se realizó la ceremonia convocada por la Secretaría de Cultura y la Universidad Nacional Autónoma de México.

Para Villoro, la posibilidad de transformar la realidad exige reconocer las carencias que persisten. Por ello, dijo: “Necesitamos más presupuestos para la ciencia, la cultura, la educación y la salud, pilares esenciales de una política de izquierda. Toda realidad impone limitaciones, pero no podemos renunciar a la idea de transformarla”.

El reconocimiento a su trayectoria literaria se convirtió así en una tribuna para cuestionar las insuficiencias de la vida pública y recordar que el compromiso progresista no se agota en la orientación política de un gobierno. También se mide, amplió, por su disposición a escuchar objeciones y atender las necesidades sociales.

Chiapas: el espejo de las desigualdades

Juan Villoro vinculó la exigencia consignada arriba con la historia y la vigencia del movimiento zapatista, cuyo levantamiento armado irrumpió el 1 de enero de 1994, el mismo día en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC-AN). El escritor recordó que, mientras México aspiraba a presentarse como una economía de primer mundo, los zapatistas hicieron visibles las desigualdades históricas que persistían en las comunidades indígenas.

“Ese capítulo de la historia no ha concluido”, afirmó el escritor, y añadió: “La desigualdad social, la violencia, la discriminación racial y de género y el crimen organizado dan las horas de un país injusto”.

En su discurso, el escritor también llamó a mirar las capacidades de transformación de los pueblos originarios, más allá de las condiciones de precariedad en que viven. Al referirse a las comunidades zapatistas, destacó sus prácticas de democracia directa, el manejo sustentable del suelo y el lugar que ocupan el arte y la cultura en su organización política.

“El universo indígena, que muchas veces consideramos ajeno o perteneciente a una edad arcaica, tiene notables energías de transformación”, sostuvo el autor de la novela “El testigo” (2004)

La observación enlazó con una de las preocupaciones que atraviesan la obra de Carlos Fuentes, quien da nombre al premio entregado a Villoro. Ésta es la necesidad de reconocer las contradicciones históricas de México para comprender su presente.

Así, Villoro recuperó una imagen central del universo literario de Fuentes, la leyenda de Quetzalcóatl y el espejo de obsidiana. Según explicó, el escritor de El espejo enterrado (1992) sostenía que sólo al reconocer el verdadero rostro del país sería posible asumir su destino contradictorio y plural.

El ornitorrinco de la prosa

La relación entre ambos autores (Villoro y Fuentes) fue también el centro de las intervenciones que acompañaron la entrega del premio. La escritora Myriam Moscona, como representante del jurado, destacó la capacidad de Villoro para combinar géneros y sacudir la inercia de la historia mediante la escritura.

Moscona recordó la definición que el propio Villoro ha dado de la crónica: “el ornitorrinco de la prosa”, una criatura híbrida que reúne recursos de la novela, el cuento, el reportaje y el ensayo. Esa mezcla, sostuvo, permite construir una literatura capaz de “romper las reglas”.

Por su parte, el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, resaltó la mirada crítica del autor sobre la ciudad, la política, la violencia y las relaciones de poder, así como su capacidad para acercar la lectura a nuevas generaciones.

El premio, instituido en 2012 para preservar la memoria de Carlos Fuentes y reconocer la creación literaria en español, distinguió así una obra que transita entre la ficción, la crónica y el ensayo, pero que mantiene una preocupación constante por las contradicciones del país.

En el cierre de su intervención Juan Villoro volvió al legado de Fuentes y a la necesidad de reconocer el rostro plural de México. La literatura, en esa perspectiva, mencionó, no ofrece una salida sencilla a los problemas públicos: contribuye a hacerlos visibles y a mantener abierta la posibilidad de transformarlos.

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