Buscar
Arte e Ideas

Lectura 5:00 min

¿Por qué un eclipse solar nos hace gritar, llorar y abrazar a desconocidos?

Tras el reciente evento astronómico que oscureció franjas del planeta desde el Ártico hasta la Península Ibérica, la neurociencia y la psicología social explican la catarsis colectiva vivida por millones de personas.

Eclpse total visto desde España el miércoles 12 de agosto.Reuters

Al observar los videos y las transmisiones del reciente eclipse que recorrió el planeta, fue imposible no dar un salto en el tiempo. Como periodista, tener la oportunidad de cubrir y vivir en carne propia el histórico eclipse solar del 8 de abril de 2024 desde Sinaloa, México, trajo recuerdos. En aquel malecón abarrotado, experimenté exactamente lo mismo que hoy se repitió en las pantallas: la piel erizada, el frío repentino, la pérdida de noción del tiempo y ese grito colectivo e incontrolable que brota de la garganta en el segundo exacto en que la luna oculta al sol y la noche devora al día.

El mundo volvió a presenciar un espectáculo astronómico memorable. La franja de totalidad de un histórico eclipse solar atravesó el Océano Ártico, el noreste de Groenlandia, el extremo oeste de Islandia, el océano Atlántico y cruzó la Península Ibérica de oeste a este. Tras más de un siglo de espera en diversas regiones, el fenómeno alcanzó una visibilidad privilegiada en múltiples capitales, registrando su punto máximo cerca de Islandia con una duración de 2 minutos y 18 segundos de oscuridad total en pleno día.

Sin embargo, más allá del alineamiento entre el Sol, la Luna y la Tierra, siempre se presenta otro espectáculo en la superficie: miles de personas gritando al unísono, lágrimas espontáneas, aplausos masivos y una sensación compartida de júbilo. ¿Por qué un fenómeno celeste desencadena una respuesta emocional tan visceral?

Eclipse solar captado en España.Reuters

La ruptura de la cotidianeidad

Para comprender esta reacción, la Psicología apunta hacia la interrupción drástica de nuestras rutinas mentales. "Efectivamente, este tipo de fenómenos genera en algunas ocasiones endorfinas, debido a que el fenómeno, que es poco común, hace que se salga de lo que consideramos 'normal', rompe la cotidianeidad; además, también lo relacionamos con la belleza de fenómenos naturales", explica Myriam Melo Carrasco, psicóloga, a El Economista.

Al alterarse el orden natural y convertirse el día en noche de manera repentina, el cerebro humano experimenta una sacudida neurobiológica centrada en dos conceptos clave: la efervescencia colectiva y el asombro profundo (awe).

¿Qué pasa en el cerebro?

Por otro lado, el impacto emocional de la oscuridad diurna se debe a una serie de procesos neurológicos que ocurren de forma simultánea: Primero la desconexión del "Yo". Durante el evento, se desactiva temporalmente la red neuronal por defecto, responsable del pensamiento rumiativo, las preocupaciones personales y el ego. Las angustias cotidianas pasan a un segundo plano para dar paso al presente absoluto.

También viene un "cóctel hormonal", pues el cerebro procesa la brecha de información liberando dopamina ante lo extraordinario, lo que genera placer e inspiración (fenómeno respaldado por investigaciones de la Universidad Complutense de Madrid). A la vez, el sistema nervioso autónomo responde a la penumbra repentina liberando adrenalina, lo que dilata las pupilas, acelera el corazón y produce la "piel de gallina".

Por último, memorias indelebles, que se tratan de una intensa carga emocional que activan el hipocampo, fijando el momento de forma permanente. Por esta razón, la mayoría de las personas recuerda con exactitud dónde y con quién presenció un eclipse.

El llanto colectivo

Desde la perspectiva de instituciones como la Universidad Johns Hopkins, la emoción del asombro surgida ante algo tan vasto redimensiona la percepción individual. Al sentirnos pequeños ante la magnitud del universo, el ego se reduce, aliviando la carga mental y provocando una conmoción que fácilmente llega a las lágrimas.

Esta vivencia se amplifica cuando se experimenta en multitud, pues hay una sincronización social. A diferencia de otros eventos, un eclipse es un catalizador democrático. Todo el grupo procesa exactamente el mismo estímulo visual y temporal sin distinciones ideológicas o culturales.

Además viene el contagio emocional, pues a través de las neuronas espejo, el ser humano tiende a imitar las expresiones emocionales de su entorno. El grito de asombro de una persona se propaga de inmediato, transformando la respuesta neurobiológica individual en una catarsis colectiva que une instantáneamente a completos desconocidos.

Un impacto social demostrado por la ciencia

La capacidad de los eclipses para transformar la conducta humana está documentada por la literatura científica. Un estudio publicado en la revista Psychological Science por los investigadores Sean P. Goldy, Nickolas M. Jones y Paul K. Piff (2022), analizó el impacto del eclipse solar de 2017 a través de datos de más de 2.8 millones de usuarios de Twitter.

Los hallazgos revelaron que las personas ubicadas dentro de la franja de totalidad mostraron significativamente mayor asombro y emplearon un lenguaje menos egocéntrico y sustancialmente más prosocial, humilde, afectivo y colectivo en comparación con quienes quedaron fuera de la ruta o con sus propios parámetros previos al evento. Asimismo, revisiones sobre la naturaleza del asombro publicadas en Nature Reviews Psychology (Jiang et al.) refuerzan que esta emoción cumple la función evolutiva de orientar al individuo hacia el bienestar de su comunidad.

El reciente paso de la sombra lunar por el globo no solo ofreció un hito astronómico, sino que recordó la capacidad latente del ser humano para conmoverse, conectar con los demás y recordar que, bajo la sombra del universo, todos compartimos el mismo refugio.

Temas relacionados

Periodista de ciencia en la sección Arte, Ideas y Gente de El Economista. Cuenta con maestría en periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE y es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UVM.

Últimas noticias

Noticias Recomendadas