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La biometría genera exclusión para los adultos mayores en México
El uso obligatorio de la biometría de huella dactilar se ha convertido en una barrera de acceso para los adultos mayores en México. El desgaste natural de la piel por edad o trabajo manual impide que los sensores bancarios reconozcan a este sector de la población, resultando en la negación de servicios financieros esenciales y un trato discriminatorio por parte de las instituciones.
Francisco Guerrero relata cómo el sistema biométrico de la banca mexicana segrega a los adultos mayores.
Para la esposa del señor Francisco Javier Guerrero Anaya, cuatro décadas de trabajo del hogar se traducen en una vida dedicada a su familia, pero también en el desgaste físico de sus huellas dactilares. Lo que nunca imaginaron es que este rastro de vida se convertiría en el argumento legal de un banco para negarle el acceso a su propio dinero y, de paso, a su dignidad. El caso de los Guerrero no es un hecho aislado; es el síntoma de una problemática estructural: la banca en México ha implementado sistemas de seguridad que, en su afán de modernización, segregan a quienes no encajan en el estándar digital.
"No podemos hacer nada"
Todo comenzó con un trámite cotidiano. Tras un percance automovilístico, una aseguradora emitió un cheque por 35 mil 900 pesos a nombre de la esposa de Francisco. Al no contar con cuenta bancaria, acudieron a una sucursal de BBVA. El proceso se detuvo en seco frente al lector de huellas. Tras múltiples intentos fallidos, fueron remitidos con la gerente de la sucursal. La respuesta, relata Francisco, fue de insensibilidad.
"La gerente casi nos da una patada. Dijo que si no tenía huellas no podía abrir ninguna cuenta y que nos fuéramos. Fue un trato discriminatorio, poco humano y totalmente carente de voluntad para buscar alternativas", narra Francisco con indignación.
Pese a que existen mecanismos de identificación secundaria, la política de "biometría o nada" se impuso como una barrera infranqueable. Este escenario se repitió incluso en el uso de la tarjeta de Bienestar, donde cajeros de instituciones extranjeras rechazaban la operación sistemáticamente, mientras que en la banca nacional el servicio era inmediato.
La ciencia de la invisibilidad: El 48% queda fuera
La invisibilidad que denunció Francisco es una realidad biológica documentada. Según la investigación "Exclusión de los adultos mayores en la cultura digital por la pérdida de datos biométricos" de la Dra. Catalina Naumis Peña, del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información de la UNAM, el envejecimiento conlleva transformaciones bioquímicas y morfológicas que chocan con la tecnología actual.
La Dra. Naumis Peña cita estudios contundentes: en investigaciones realizadas en hogares de adultos mayores, se constató que el 48 por ciento de ellos no tenían dactilograma legible. El estudio destaca un sesgo de género: las mujeres son más propensas a este desvanecimiento (51.7%) que los hombres (37.5%), debido a factores hormonales y al uso prolongado de sustancias abrasivas como cloro y detergentes en labores domésticas.
"Ceñirse solo al reconocimiento biométrico es caer en exclusión", advierte la académica, citando incluso el caso de la escritora Margo Glantz, quien en 2020 denunció en redes sociales: "Mis huellas digitales nonagenarias se han borrado y los bancos se niegan a atenderme: ¿castigo por sobrevivir?"
¿Falla el algoritmo o el hardware?
Para entender por qué el cuerpo de un adulto mayor se vuelve "invisible" para el sistema, El Economista consultó a Héctor Morales, especialista en ciberseguridad. Morales explica que la robustez de la huella depende de un sistema complejo: calidad de la piel → sensor → captura → umbrales de comparación.
"Cuando hay resequedad, microfisuras o pérdida de crestas, lo que cae primero es la calidad de la muestra", señala Morales. "Esto dispara los falsos rechazos (FRR). La discriminación técnica aquí no es 'maldad' del algoritmo; es sensibilidad a la calidad de la muestra. El sistema financiero a veces elige ser estricto para bajar la suplantación, pero el costo es subir el rechazo operativo a los clientes legítimos".
Morales identifica que el uso de sensores capacitivos —comunes en muchas sucursales— es particularmente problemático para personas con piel seca, ya que dependen de la conductividad eléctrica de la dermis. Además, critica la falta de redundancia: "Si el banco solo registra dos dedos, reduce la resiliencia del enrolamiento. Con 10 dedos registrados, como hace el INE, si dos fallan por lesión o desgaste, aún quedan opciones".
El vacío legal y la normativa ignorada
Lo que muchas sucursales omiten es que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y la CONDUSEF establecen que la tecnología no debe ser un obstáculo para el ejercicio de los derechos financieros. Según la Circular Única de Bancos (Anexo 71):
- Protocolos de excepción: Ante una "huella no capturable", las instituciones están obligadas a utilizar medios alternos de identificación.
- Responsabilidad Bancaria: Cuando el sistema del INE no puede responder, el banco puede celebrar contratos si dispone de mecanismos para recabar información y realizar una verificación posterior. Si ocurre una suplantación por no usar biométricos, el banco asume el costo, pero esto no justifica negar el servicio al cliente.
Sin embargo, el "camino alterno" queda muchas veces a criterio del ejecutivo de turno. "No necesitas que el banco quiera discriminar voluntariamente", explica Morales, "basta con que el sistema no tenga un canal alterno estandarizado y el fallback sea improvisado".
La experiencia de Francisco Guerrero tuvo un giro cuando acudió a una sucursal Banorte. Ahí, el problema se resolvió en minutos mediante reconocimiento facial, una tecnología que, según la Dra. Naumis Peña, es uno de los biométricos inclusivos que el sector financiero debería adoptar con urgencia.
Héctor Morales coincide en que el facial es más viable por costo y escala, aunque advierte sobre riesgos como los deepfakes. "El camino recomendado es la autenticación híbrida: algo que eres (huella/rostro), algo que tienes (app/token) y algo que sabes (PIN). La biometría debe ser un acelerador de la experiencia, no una puerta única que excluya a quien envejece".
Hacia una Política de Inclusión Integral
México enfrenta una transición demográfica acelerada: para 2030, se proyectan 14.08 millones de adultos mayores. A la par, la tendencia a la "bancarización" de los programas sociales obliga a una congruencia que hoy no existe.
Francisco Guerrero concluye con una reflexión sobre la responsabilidad social de la banca: "Si diseñan una política pública, tiene que ser integral. Los bancos han tenido ganancias históricas en este sexenio, pero su inversión en atención incluyente no se ve por ningún lado. No pedimos un favor, pedimos que se nos reconozca como ciudadanos con derechos".
Guía práctica: ¿Cómo actuar ante el fallo biométrico?
Si usted o un familiar enfrentan dificultades en sucursal, los expertos y la normativa sugieren:
- Preparación física: Hidratar las manos horas antes de la captura. La piel hidratada mejora drásticamente la lectura de los sensores.
- Exigir enrolamiento múltiple: Solicite que se intenten registrar más dedos (anular o medio suelen tener menos desgaste que el índice).
- Invocar el protocolo de excepción: Mencione a la gerencia que, bajo los lineamientos de la CNBV, el banco debe ofrecer una validación reforzada (identificación física + segundo factor) si el biométrico es ilegible.
- Documentar y denunciar: Si el servicio es negado, solicite el nombre del ejecutivo y el número de sucursal, y levante una queja ante la CONDUSEF mencionando discriminación por edad y falta de protocolos de inclusión.