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The coldest of the cool
Yo era the coldest of the cool en mi mundo secreto. Shirley Manson me lo decía al oído cada vez que apretaba el botón de replay. ¿Quién puede detener a la niñita más extraña entre las niñitas extrañas?
But you cant stop
The queerest of the queer
The strangest of the strange
The coldest of the cool
Queer , Garbage
Es bueno que una adolescente tenga una vida secreta aunque sus apetitos no sean muy originales; es bueno que se aleje de sus padres, de sus compañeros de clases, que se vaya lejos con un discman y sus audífonos, al mundo oscuro, caliente, sexual y violento de su psique adolescente.
Que allá ejecute sus venganzas, que allá se suba a coches de hombres desconocidos y se meta la farmacia entera por las venas. Que allá explote como una bomba desactivada por el SWAT. Las cosas que te pasan por la cabeza a los 12 años dan miedo. Uno es más interesante a esa edad por todo lo que lleva dentro y lo que no le dices a nadie. Nunca más como entonces estarás parado entre dos mundos, debatiéndote con tanto denuedo entre ellos (bueno, sólo una vez más: en el lecho de muerte).
Yo no tengo hijos, pero si los llego a tener voy a No sé que voy a hacer, seguro seré una pésima madre (como todas) pero cuando tengan 12 o 13 años y los vea de frente, sabré que estaré ante seres hermosos y capaces de cosas terribles.
Yo era the coldest of the cool en mi mundo secreto. Shirley Manson me lo decía al oído cada vez que apretaba el botón de replay. ¿Quién puede detener a la niñita más extraña entre las niñitas extrañas? ¿Hay algo más seductor que ser tentada por una rockstar a descubrir quién eres de verdad, debajo del uniforme, la ropa interior, la piel de niñita, los consejos de tus mayores y las reglas de la secundaria?
Por eso me hice fan de Garbage. Es un decir: Queer era la lectura de mi inconsciente. Si Shirley Manson sabía quién era yo realmente, entonces, quizá este coraje que sentía contra todo no estaba tan mal justificado. Un disco puede ser un río y aquel disco debut, Garbage by Garbage, era el Mississippi y yo era Huck.
Es posible que ninguna banda me haya acompañado tanto a lo largo de mi vida. Cuando Garbage vino la primera vez a México lloré como una viuda joven porque mi mamá no me dejó ir. Los boletos de conciertos eran (y siguen siendo) caros y ya me habían comprado como regalo adelantado de cumpleaños el de Alanis Morissette (era yo una chamaca intensota y premenopáusica). Después los vi cada vez que vinieron a México.
Recuerdo exactamente dónde compré cada uno de sus discos y en qué circunstancia: el Garbage, en Plaza Galerías con dinero robado de la bolsa de mi madre; el Version 2.0 se lo compré a un compañero de escuela que prefería a Bronco y la música dance; el Beatiful, en una tiendita cerca de la Universidad del Claustro de Sor Juana.
El Bleed Like Me lo compré en algún Mixup, no recuerdo cuál, pero de ése en particular recuerdo que mi amigo Sergio lo hizo pedazos mientras comíamos en un restaurante argentino.
Me uní, caníbalmente, a la destrucción. El disco nos parecía pesado, forzado, el fruto de las mentes aburridas de tres rucos y una diva que ya casi era una señora de 40 años. Confieso que al disco le agarré gusto con el tiempo (ahora creo que tiene varias de las mejores letras de Manson), pero, ah, qué satisfactorio es ser un veinteañero y apuñalar por la espalda al adolescente que fuiste. Y eso significa abjurar de tus gustos, hazlo.
A nadie le sorprendió que el grupo entrara en un impasse. No lo decían pero seguramente Garbage ya había dejado de existir.
Siete años después sacaron el Not Your Kind of People y confieso que no me entusiasmé. Lo descargué (mi primer disco digital de Garbage) y se quedó ahí olvidado en mi iTunes. Para mí Garbage seguía siendo Queer y Only Happy When it Rains y You Look So Fine y Cherry Lips .
En fin, le estoy dando vueltas. El objetivo de este Garage era hablar del concierto de Garbage y me puse a hablar de mí misma. Estoy influida por la bella crónica del concierto que escribió Esteban Illades, ( Garbage: sentimientos reciclados : http://bit.ly/10nnkv2). Me dieron ganas de hablar de lo que Garbage significa para mí, discúlpenme.
En la Arena Ciudad de México Garbage dio el mejor concierto de su historia. No sé, pero qué conciertazo. Shirley, que de lejos se ve igual que en 1996, en las pantallas se ve como la mujer de 46 años que es. No importa: es una gran performer. Butch Vig, Steve Marker y Duke Erikson, los megaexperimentados músicos-productores que le hacen la musiquita a las letras de Shirley, tocaron el mejor rock que se les puede pedir. Son unos maestros del sonido pero además sentían lo que tocaban: se notaba. Toda la banda se veía muy emocionada por la respuesta del público.
México siempre los ha querido y por eso cerraron su gira mundial aquí.
Garbage, 2013: me puse a mano con aquella niña terrible de 12 años que oía rock para escaparse. Recuperé mi mundo secreto abandonado por hora y media. Fue muy emotivo y muy cursi. Pero, ¿a quién le sorprende que los niños terribles acaben siendo adultos cursilones?
concepcion.moreno@eleconomista.mx