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El lenguaje, para mucho más que comunicar
Armando González Torres logró con La Peste un libro de tema sórdido e insano, muy bien escrito y profundo.
Quedamos de vernos en una librería de la colonia Roma. Pero ninguno se comprometió a llevar un clavel en la solapa, un atuendo llamativo o un sombrero siquiera.
Este reportero tal vez sabía qué esperar del poeta Armando González Torres por su fantástico libro de poesía La peste, pero no sabía a quién esperar.
Por el libro, de tema sórdido e insano, muy bien escrito, profundo, cabía esperar a una persona de gran inteligencia y sensibilidad, pero eso no se ve. Resultaba, desde luego, inútil y pueril tratar de inferir el aspecto del poeta a partir de su obra, pero la tentación fue irresistible:
Sería un maestro hirsuto y malhumorado, reacio a la entrevista y a charlar sobre su obra, que se considera a sí mismo un agónico exabrupto en medio del pudridero de palabras .
O un ermitaño citadino, como el que, por prejuicio, tomamos a todos los poetas, uno que Se alimenta frugalmente, toma notas y se enorgullece de que hace años no recibe una visita, ni contesta una llamada .
Lo peor, quizá no sería que llegara un apestado como los que pulula en sus páginas sino un celoso purista del lenguaje que vaya a encontrar en mis preguntas como crece en la lengua una sinuosa flora / un hongo en lo confuso de dialecto / un musgo en las orillas de la frase .
Una amiga común, contactada por teléfono, tranquiliza las cosas. Dice que Armando será inconfundible: tendrá el aspecto más atildado y amable de todos los que se encuentren en la librería.
Minutos después llega Armando. Una amable y tímida sonrisa, unos jeans y una camisa que parecen haber sido planchados hace apenas media hora aunque son las seis de la tarde, confirman que se trata de él. Podemos empezar.
¿Cómo un poeta de aspecto tan pulcro se interesa por la peste?
El de la enfermedad es un tema recurrente en la literatura, desde La Iliada hasta Albert Camus, a los que hago un homenaje nada disimulado. Y el tema de la enfermedad me interesa porque, cuando la experimenta un individuo, es un recordatorio de su finitud de su mortalidad, y quizá sea un deseo de inmortalidad poco disimulado que siempre vemos a la enfermedad como algo externo.
Pero cuando la enfermedad es un fenómeno colectivo, una condena social, adquiere significados mucho más amplios; sociales, religiosos, al interior del propio lenguaje.
El libro tiene una buena dosis de erotismo
Creo que finalmente en esta escenificación de una peste hay el roce de dos momentos límite, que son la conciencia de la mortalidad inminente y el erotismo, que es una fuente también de muerte. Hay una serie de significados eróticos siempre asociados a la epidemia. Por un lado, en la antigüedad, la epidemias eran frecuentemente atribuidas a una falta, a un mal comportamiento social, que podía ser la lujuria, la incontinencia, y muchos, ante la inminencia de la muerte, buscaban agotar el placer, hay mucha literatura sobre eso, escenas en las que, junto a las hogueras donde se queman cadáveres, hay orgías de los que quedan vivos.
En la actualidad, las epidemias son atajadas por los sistemas de salud, pero de alguna manera tus textos se sienten también contemporáneos
Es muy curioso porque, pese a todos los avances de estos sistemas y los avances científicos, a menudo las enfermedades tienen mutaciones insólitas y siguen mostrando la fragilidad del individuo frente a la naturaleza, frente al azar.
En México tuvimos el ejemplo de la influenza, que afortunadamente no pasó a mayores. Pero tomó por sorpresa al sistema de salud, era una enfermedad nueva y había pocos instrumentos para conocerla y combatirla y por otro lado generó reacciones de histeria y hasta intolerancia, fueron un microcosmos de lo que puede ocurrir.
Cuando eso ocurrió yo ya tenía tiempo documentándome para escribir este libro y fue ver como de una manera inusitada la realidad superaba la ficción. Recuerdo escenas en La peste de Camus donde en la ciudad van cerrando los comercios, se van estableciendo disposiciones sanitarias cada vez más férreas, y esto ocurrió en unos cuantos días en esta ciudad.
Es un fenómeno social, pero en el libro hay aproximaciones muy personales
Exacto, lo que trato de establecer en estas páginas es un pequeño microcosmos con las distintas respuestas posibles de los más distintos temperamentos a una situación límite. Entonces unos buscan el aislamiento, otros buscan agotar el placer, otros caen en la desesperación, como unos renuncian a sus dioses y adoptan las más estrafalarias y hasta divertidas idolatrías y como otros siguen conservando la fe y la esperanza.
¿Cómo convives como poeta con la mugre y la peste cotidianas?
El libro es una alegoría de las diversas enfermedades que nos pueden amenazar. Y pueden amenazar al lenguaje. Hay una sección donde se habla de la peste y el lenguaje y donde paso de hacer ejercicio alegórico sobre enfermedades y epidemias que yo creo que afectan el más importante de nuestros instrumentos para la comunicación, la indagación espiritual y la búsqueda de la verdad, que es el lenguaje.
Hay una serie de enfermedades del lenguaje que van desde la política y la mercadotecnia hasta esta jerga totalmente independiente con que las ciencias se desarrollan sin necesidad de que el lenguaje común establezca una síntesis y donde, de alguna manera, se desliga el desarrollo del conocimiento y la capacidad de desarrollo de un juicio del humano promedio.
En ese sentido, las nuevas formas de comunicación ¿son parte de la enfermedad o del remedio?
De alguna manera contribuyen a la fragmentación y a este fenómeno en el que el lenguaje con el que nos comunicamos cotidiano se empobrece, se va volviendo cada vez más taquigráfico, no sintético, taquigráfico, y existen cada vez menos matices para expresar la emoción, los sentimientos de arrobo o agrado o de desagrado, y creo que contribuyen a corromper el lenguaje. Aunque desde luego hay ventajas, no creo que el medio sea malo por sí mismo.
Internet ha revitalizado el correo y la comunicación escrita pero renuncia a muchas de las formalidades de la comunicación epistolar, que son importantes como formas de urbanidad y como formas de argumentación.
mlino@eleconomista.com.mx