Buscar
Arte e Ideas

Lectura 10:00 min

El acto de soñar, lucha política y personal

El posible triunfo de una reforma migratoria integral en EU da luz a millones de indocumentados; para los dreamers, los jóvenes beneficiarios del DREAM Act, que esa luz no se apague es cuestión de vida o muerte.

El 27 de junio pasado, en una votación histórica, el Senado estadunidense dio el primer paso firme para aprobar una reforma migratoria integral en aquel país.

No es un éxito completo, pues la reforma debe ser votada en la durísima Cámara de Representantes (el equivalente a nuestra Cámara de Diputados), donde la batalla está muy lejos de ser ganada. Pero la luz se asoma para 11 millones de personas que viven de manera ilegal en Estados Unidos.

El equivalente a un país mediano: 11 millones de habitantes. Una multitud de multitudes que tiene que quebrar la ley todos los días para vivir, como dice Eileen Truax (México DF, 1970) en la introducción de su libro Dreamers, la lucha de una generación por su sueño americano (Océano). Vivir, todo lo que eso significa: trabajar, ir al mandado, vacacionar, estar con los hijos, ir a la escuela.

Once millones cuya vida es una fantasía, no por bonita, sino porque puede desvanecerse en cualquier momento. Una denuncia, un cambio en el clima político y la chamba, la familia, la escuela, los amigos, la calle en la que se creció pueden verse por última vez desde la ventana de una patrulla de la migra.

Ellos sueñan -me dice Eileen Truax- con que su vida, la vida que con tanto trabajo se formaron, no se pueda destruir sin que nadie haga algo por evitarlo .

INVISIBLES PORQUE NO LOS QUEREMOS VER

Según cifras publicadas este año por el Pew Research Center, de esa población indocumentada 6.1 millones son mexicanos. De ellos, de este lado de la frontera sabemos algunas cosas, tenemos algunas impresiones: que viven sobre todo en Los Ángeles y en Chicago, pero que no es raro encontrarlos en Seattle, en Atlanta o en Des Moines, Iowa, o donde haya trabajo; que nuestra economía depende del dinero que mandan a su familia de acá casi tanto como del petróleo; que qué horror el racismo en Estados Unidos pero cuando vienen de visita con sus camionetas, sus hijos vestidos de gringos y hablando pocho, los despreciamos. Eso sí, cuando uno destaca en los deportes o en Hollywood, le echamos porras.

No sabemos nada. De su lucha diaria, de lo que pasa con sus hijos, de sus deseos y miedos, nada. Para informarse sobre ellos hay que leer algunos medios estadunidenses o seguir algunas ONG en Twitter, si acaso.

¿Por qué, por qué no nos importan? Es una de las desgracias del migrante: ser un mexicano migrante no significa necesariamente ser mexicano. El Estado mexicano se desentiende de sus migrantes y nosotros, los ciudadanos, también , me explica Eileen.

Eileen vive en Los Ángeles desde el 2004. Se fue a hacer un documental y se quedó a trabajar como reportera en el diario La Opinión, donde se especializó en los temas de migración. Nada más se iba por un rato y ya va para la década. Así, dice, le pasa a muchos migrantes, cuando te das cuenta ya hiciste tu vida en un país que no es el tuyo, pero al que consideras tu hogar.

¿QUIÉNES SON LOS DREAMERS?

De todos los temas que Eileen ha cubierto en estos años, el que más la ha conmovido es el de los dreamers. No, no son un grupo de rock: así se conoce a los jóvenes universitarios que de niños entraron ilegalmente a EU de la mano de sus padres. Crecieron allá, hablan inglés con sus amigos y se consideran a sí mismos estadunidenses. Pero no tienen los papeles que lo digan. No importa si se titulan con mención honorífica en la mejor universidad, no van a poder trabajar legalmente y pueden ser deportados en cualquier momento.

Deportados a un país que no conocen y cuyo idioma no hablan o hablan a medias. Un país que, como en el caso de México, se desentendió de ellos.

El DREAM Act, una ley que los protege y le otorga la ciudadanía, es su esperanza.

En datos duros, de esos 11 millones de indocumentados, casi la tercera parte son jóvenes que llegaron a EU siendo menores de 16 años; 700,000 en este momento son mayores de 18 años y están en la universidad; 900,000 están en la preparatoria o en los niveles básicos de educación.

Siguiendo al Pew Center, en el 2012, 69% de los latinos graduados de la preparatoria continuó sus estudios. La cifra es histórica porque supera en porcentaje al de los estudiantes de raza blanca (sólo 67% de los graduados blancos entró a la universidad).

Encimemos los datos: 700,000 jóvenes indocumentados son universitarios, 69% de los preparatorianos latinos llegó a la universidad en el 2012.

Aunque no todos los indocumentados son de origen latino ni todos los latinos son indocumentados, si 900,000 niños y adolescentes indocumentados están estudiando en los niveles básico y medio superior, podemos sospechar que la mayoría va a llegar a la educación superior. Sueñan, ser universitario es soñar, pero sus sueños son especialmente frágiles porque nadie vela por ellos. Están desprotegidos.

A menos que la reforma migratoria suceda. Y con ella, el DREAM Act.

SE HABLA PERFECTO LEGALÉS

Mi amiga Paolina es colombiana. Llegó legalmente a Houston a los cuatro años porque sólo ahí podían darle el tratamiento médico del que dependía su vida. La familia echó raíces en la ciudad y decidieron quedarse, convertirse en ilegales.

Paolina estudió Literatura en la Universidad de Texas y se graduó en el 2010. En el 2009 me mandó un mensaje de Facebook que me sacudió: Tienen que pasar el DREAM Act porque si no, no sé qué voy a hacer… Lo voy a perder todo, date cuenta .

Así me enteré por primera vez del DREAM Act. DREAM: Development, Relief, and Education for Alien Minors (desarrollo, alivio y educación para menores extranjeros).

El DREAM Act es una iniciativa de ley impulsada desde el 2001 por dos legisladores demócratas, Dick Turbin y Orrin Hatch, quienes han ido cultivando un apoyo lento y creciente que no ha bastado, hasta ahora, para que sea aprobada.

Entre otras cosas, el DREAM Act plantea dar la ciudadanía a los indocumentados que llegaron a EU siendo menores de 16 años, tienen buen carácter moral y completaron al menos dos años de educación universitaria o de servicio en las Fuerzas Armadas. La ley además otorga a los beneficiarios ayuda para pagar la colegiatura universitaria (según el National Center for Education Statistics estudiar la universidad en EU cuesta en promedio 23,000 dólares al año; el ingreso promedio de una familia indocumentada mexicana no alcanza los 20,000) y el derecho a ser tan estadounidenses como se sienten, como son.

Desde su llegada a la Casa Blanca, Barack Obama ha manifestado su apoyo a la reforma migratoria y en especial al DREAM Act. Sin embargo, ningún Presidente ha deportado tanto.

A pesar de ser el deporter in chief, los chicos confían todavía en Obama y en el partido demócrata , dice Eileen Truax. Hay algunos que se andan acercando a Marco Rubio, el senador republicano. Hay críticos fuertes a Obama entre los dreamers, pero DACA, por ejemplo, fue recibido con gusto, como un nuevo compromiso de la administración con ellos .

En el 2010 el DREAM Act sufrió un grave revés cuando fue rechazado en el Senado. En el 2012 hubo un triunfo, electorero y parcial, pero triunfo al fin: se aprobó DACA (en español: Acción Diferida para Menores Inmigrantes), una medida legal que da una parte de los dreamers un paréntesis de dos años en el que no pueden ser deportados en lo que se decide su futuro legal. DACA no garantiza la ciudadanía, pero al menos da tranquilidad a los que la obtienen, y la posibilidad de seguir cabildeando sin miedo a la deportación.

La primera victoria de la reforma migratoria en junio pasado ha sido también para los cabilderos y legisladores pro-dreamers, porque lograron incorporar el Act (con modificaciones) como parte vital de la reforma.

Ese cabildeo, el pro-dreamer, tiene su propia identidad dentro del cabildeo proinmigrante. Sobre todo porque es muy juvenil, por supuesto, pero también por su preparación: son muchachos menores de 30 años que hablan perfecto legalés. Si uno entraba a sus foros, sus grupos de Facebook y sus cuentas Twitter los días antes de la votación de la reforma migratoria, era evidente su entendimiento del proceso legislativo, cuántos votos se necesitaban, qué senadores republicanos estaban en favor, a quiénes se podía convencer.

Cuando le expreso mi sorpresa al respecto, Eileen me lo explica: La conservación de su propia vida va en ello. Son muy estratégicos, saben que ser desordenados o no conocer el funcionamiento institucional del país, les puede costar la deportación. Por eso también el movimiento dreamer es esencialmente moderado: están buscando el cambio por la ley .

Además, son universitarios. Su red comunitaria es la universidad. Investigan, discuten, buscan profesores que los apoyen, forman clubes, crean soluciones para su comunidad local… Yo diría que son unos adictos a la negociación .

Todo es muy estadounidense. Me recuerda el Movimiento por los Derechos Civiles de los 60. Pero más arriesgado -me dice Eileen-, porque si a los dreamers los detienen, pierden todo .

SOÑAR CUESTA CARO. SOÑEMOS TODOS

Hay que entender que estos chicos crearon su vida en Estados Unidos. Su país de origen es, si acaso, un recuerdo lejano, algo de lo que hablan sus papás… Que te deporten, cualquiera que sea tu situación, es difícil, pero en el caso de ellos es terrible porque les están quitando la única vida que han conocido .

Eileen lo dice con la vehemencia de una convencida, aunque su trabajo es periodístico, acompañado de datos duros y una larga investigación (algunos datos de este artículo aparecen en el libro de Truax o se encontraron a partir de las fuentes a las que ella recurrió).

EL DATO DURO NO LO ES TODO

Dreamers, su libro, es una crónica muy cercana, hasta íntima, de la vida de estos muchachos. Uno lee que Elionaí nació en México, que a Mo lo trajeron desde Irán y que Tram nació en un campo de refugiados alemán. Con cifras y declaraciones de expertos (no sólo en favor, el libro también da algún espacio a los opositores) nos enteramos de qué representan personas como Elionaí, Mo y Tram para Estados Unidos.

Uno también se entera de que Elionaí es un muchacho con un gran talento para el periodismo y que no tiene trabajo; que Mo es un experto en la desobediencia civil, el más radical entre los personajes que parecen las páginas; que Tram se quedó sin país cuando a su familia la deportaron a Vietman, pero ella no los pudo seguir porque nació en Alemania pero no era alemana porque ese país no da la ciudadanía a los refugiados.

Para todos esos cientos de miles de estudiantes indocumentados que indican las cifras, el DREAM Act es una urgencia. Para entender la enormidad de esa urgencia, hay que ver las caras y oír las voces de los dreamers. Hay que confiar en la belleza, y en la justicia, de ciertos sueños.

Dreamers. La lucha ?de una generación ?por su sueño americano

  • autora: ?Eileen Truax.
  • editorial: ?Océano.
  • páginas: ?244.
  • precio: ?225 pesos.

concepcion.moreno@elecononomista.mx

Últimas noticias

Noticias Recomendadas