Lectura 4:00 min
De la Caja de Sorpresas al Primer Concurso de Cuento Brevísimo
Siguen las celebraciones para conmemorar ?el centenario de Edmundo Valadés.
En 1953, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares publicaron la antología Cuentos breves y extraordinarios y, en una nota preliminar, señalan:
Uno de los muchos agrados que puede suministrar la literatura es el agrado de lo narrativo. Este libro quiere proponer al lector algunos ejemplos del género, ya referentes a sucesos imaginarios, ya a sucesos históricos. Hemos interrogado, para ello, textos de diversas naciones y de diversas épocas, sin omitir las antiguas y generosas fuentes orientales. La anécdota, la parábola y el relato hallan aquí hospitalidad, a condición de ser breves .
Agregan:
Lo esencial de lo narrativo está, nos atrevemos a pensar, en estas piezas; lo demás es episodio ilustrativo, análisis psicológico, feliz o inoportuno adorno verbal. Esperamos, lector, que estas páginas te diviertan como nos divirtieron a nosotros .
Así, cuando en 1964 Edmundo Valadés inició la segunda época de la revista El Cuento, dio a conocer una nueva sección llamada Caja de sorpresas , en la que, a imagen y semejanza de la idea de Borges y Bioy, de entre sus lecturas antologó lo esencial de lo narrativo de obras de largo aliento o, bien, minicuentos ya publicados como tales por autores como Julio Torri, Genaro Estrada, Carlos Díaz Dufóo hijo, Mariano Silva y Aceves, entre otros, lo que en la década de los 70 lo llevó a publicar El libro de la imaginación.
Un texto que, por ejemplo, aparece en ambas antologías, es El sueño de Chuang Tzu , de Herbert Allen Giles:
Chuang Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre .
De esta manera, aquellas minficciones antologadas por Valdés que hoy se conocen como cuentos jíbaros, bonsái, mínimos, ultracortos, fictimínimos, etcétera, y que se suelen confundir con otro tipo de literatura fragmentaria como la sentencia, el aforismo, la greguería, por sólo mencionar algunos géneros de literatura breve, fueron la semilla para que, a partir de 1969, la revista abriera el Concurso del Cuento Brevísimo, en el que podían participar escritores aficionados o profesionales con un texto que no excediera una cuartilla tres cuartos de una cuartilla, recomendaba Valadés en diversas entrevistas a doble espacio y 65 golpes de máquina de escribir.
Tal certamen, el primero en llevarse a cabo sobre el género, se convirtió en un taller abierto entre quienes buscaban publicar sus minificciones y el consejo de redacción de la revista, conformado por Andrés Zaplana, Juan Rulfo, Juan Antonio Ascencio, Agustín Monsreal, José de la Colina y Eraclio Zepeda.
Las décadas de los 60 y los 80 fueron de plena consolidación para El Cuento que, si bien se editaba y publicaba en México, pronto cobró fama en Hispanoamérica, convirtiéndose en un referente de la cuentística contemporánea de esos años, tanto para conocer a escritores de otros idiomas como de autores hispanoamericanos.
A la par que la revista ganaba adeptos, la Caja de Sorpresas y el Concurso de Cuento Brevísimo legitimaron a la minificción como un género aparte del cuento, ni más ni menos importante, sino distinto, con sus propias reglas, alcances y límites, una apuesta que, como señalara Valadés, no puede ser poema, anécdota, estampa, viñeta, ocurrencia o chiste , y no lo puede ser porque si bien detona una epifanía con una historia o una imagen mediante un final inesperado lleno de ingenio, humor o malicia, en la que el lector se siente sorprendido.
En 1994 falleció Valadés, pero El Cuento se publicó hasta 1999, año en el que aparecería el último número de la revista, el 142. Y para seguir hablando de don Edmundo, ya que el próximo domingo 22 de febrero se conmemora su centenario de nacido, el jueves 19, a las 19:30 horas, José Carreño Carlón nos invitó a Alberto Ruy Sánchez y al de la voz a su programa Agenda Pública, que se trasmite por el canal 4 de Televisa, mientras que el viernes 20, a las 19 horas, Héctor Orestes Aguilar nos convocó a José de la Colina, Agustín Monsreal, Lauro Zavala y a mí al Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia (Av. Nuevo León 91, col. Hipódromo Condesa, Ciudad de México).