Escocia, los bosques mágicos de El Hermitage

Lo que fuera la casa de invierno de los duques Atholl desde finales del siglo XVIII y a principios del XIX, hoy es uno de los bosques más bellos de la región escocesa Perthshire y uno de los mejores lugares para vivir un otoño inolvidable.

Ahí, los paisajes, en esta temporada del año, se tornan amarillos y rojizos, pues aquellos abetos de Douglas y la diversidad de coníferas que los duques plantaron en más de 33 acres se quitan, casi mágicamente, sus atuendos verdosos como si desearan cautivar a sus visitantes.

Los caminos en este bosque parecen haber sido trazados a la orilla del río Braan y conducen, sigilosamente, hacia la cascada Black Linn Fall, un paraíso acuático cargado de misticismo a sólo cinco kilómetros del poblado de Dunkeld.

Los abetos de Douglas son de los árboles más altos de Gran Bretaña y en El Hermitage hay cientos de ellos. Cuentan que al duque de Atholl le gustaban, por lo que mandó a esparcir su semilla en el bosque"

Esta cascada se puede admirar, ya sea desde el puente de piedra que data de 1770 o desde el Oassian’s Hall of Mirrors. Desde ambos puntos, en otoño, es posible ver brincar a los salmones, peces que nadan cuesta arriba para desovar.

Otros de los atractivos de El Hermitage son las cuevas Ossian’s, así como el gigantesco tótem que, dicen, cuida este bosque encantado.

Japón, los caminos rojos de Kioto

La antigua capital imperial de Japón, Kioto, muestra a cada paso, con sus templos budistas, santuarios sintoístas, palacios y jardines, por qué es considerado el centro cultural de esa nación asiática.

En otoño presume sus paisajes rojizos que parecen arropar sus históricas e icónicas construcciones.

Entre los lugares más emblemáticos para admirar esas bellas postales sobresale Arashiyama, una zona enclavada en las montañas cercanas al río Hozu, al oeste de Kioto, que en esta temporada tiñe sus arces de rojo.

En Japón, el cambio de color de las hojas del arce, que van de tonalidades verdes hasta un rojo intenso, es conocido como koyo o momiji y es posible admirarlo, prácticamente, en todo el país"

Otro de los sitios que en otoño adquiere un rostro muy singular es el templo Daigo-ji, un centro budista, situado en el distrito de Fushimi-ku, que también se colorea de tonos rojizos en esta estación del año.

Al este de la ciudad se encuentra Kiyomizudera, un conjunto de templos y recintos religiosos, ubicados en el distrito de Higashiyama, que arropados por la espesa vegetación rojiza destacan su bella histórica y arquitectónica milenaria, que fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Estados Unidos, los destellos de Aspen

Reconocido como uno de los mejores destinos para practicar deportes de invierno, Aspen, en Colorado, es más que cuatro montañas envueltas en nieve, es una ciudad cosmopolita, pero con tranquilidad campirana y, durante el otoño, adquiere un rostro muy singular.

Debe su nombre a la gran cantidad de árboles aspen que habitan sus montañas y son, justamente, esos arbustos los que de septiembre a noviembre convierten este destino estadounidense en uno de los lugares más fotografiados del mundo, pues sus paisajes se tiñen de colores.

Este destino estadounidense debe su nombre a la gran cantidad de árboles aspen que yacen en sus montañas y son estos arbustos los que le dan un rostro muy singular durante el otoño"

Uno de sus atractivos otoñales más espectaculares es Maroon Bells, que con su lago en medio de montañas vestidas de amarillo y naranja roba el aliento de los viajeros más exigentes.

Las mejores vistas se tienen mientras se realiza un recorrido, de casi 12 kilómetros, en bicicleta hasta el corazón de la ciudad. De hecho, ésta es una de las actividades más solicitadas por los viajeros, ya que no sólo pueden admirar la belleza de las montañas, sino descubrir los secretos de pequeños poblados que hay entre Maroon Bell y Aspen.

Rumania, el colorido encanto de Transilvania

Bordada por los Montes de los Cárpatos, esta región histórica de Rumania , durante el otoño, deja que las tonalidades de sus árboles, que van de los amarillos intensos a los naranjas casi rojos, se fundan con sus misteriosas edificaciones medievales, convirtiendo sus paisajes en encantadas postales ocres.

Son varias las ciudades de esta región que van cautivando a los viajeros con sus antiguas construcciones, sus calles empedradas, pero en esta época del año, sus castillos y palacios rodeados de bosques se vuelven visitas obligadas.

Uno de los sitios más emblemáticos de Transilvania es, sin duda, el Castillo de Bran, ese que el escrito irlandés Bram Stoker hiciera famoso por su escalofriante novela Drácula.

Esta región rumana colonizada por romanos, eslavos, sajones, tártaros, hunos y mongoles, en otoño, arropa con sus tonalidades ocres sus históricos castillos y palacios"

Esa fortaleza de piedra toma un rostro aún más singular en otoño, pues los caminos que llevan hasta él están repletos de hojas secas y los árboles que lo rodean se pintan de amarillo, naranja y hasta algunos tonos rojizos y morados.

Otras ciudades mágicas para admirar estas postales son Brasov con su arquitectura sajona; Sighisoara con su torre del reloj del siglo XIV y Cluj Napoca con su bello Centro Histórico. También amerita una visita el Parque Nacional de Piatra Craiului.