Imagina que llegas a tu lugar de trabajo y al primero que debes saludar es un robot recepcionista que te da los buenos días y te pregunta cómo has pasado la mañana. Después de unos días, comienzas a darte cuenta de que puedes entablar una fluida conversación con ese robot recepcionista que, seguramente, tiene un aspecto antropomórfico, como el de cualquier otro hombre o mujer entre quienes laboran contigo. ¿Considerarías a este robot un compañero de trabajo?

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Ésta es la pregunta que lanza Kate Darlings, investigadora del Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts, para quien la relación entre las ciencias sociales, las humanidades y la investigación científica y tecnológica puede ofrecer ayuda en la resolución de este dilema ético que podría implicar el uso de robots en los centros de trabajo y en otros ámbitos de la vida diaria de los seres humanos, de acuerdo con una entrevista concedida a Magenta.

Existe la noción de que los robots llegarán a un punto de su desarrollo en el que inevitablemente se revelarán en contra de sus creadores, los seres humanos. Incluso, películas como The Matrix muestran lo que podría suceder en caso de que las máquinas dominen el mundo. Pero para Darling, lo más probable es que esto no suceda. Por el contrario, muchos robots se están convirtiendo en compañeros de trabajo de hombres y mujeres, sobre todo en fábricas y hospitales.

Estamos empezando a integrar sistemas de Inteligencia Artificial que pueden afectar la vida de las personas , explica Darling. Es por esto que la interacción y la comunicación entre los seres humanos y los robots deben ser uno de los muchos focos de atención para el desarrollo tecnológico. Aunque este tipo de tecnología es utilizada por diversos sectores, entre los que destacan el de infraestructura, militar, el de la salud y el transporte, aún no existe una regulación o un marco de referencia que elimine los posibles riesgos o que aliente las ventajas que implica el uso de robots y su interacción con las personas.

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De acuerdo con Darling, entre los problemas que puede generar el uso de robots en casa, en el trabajo y en otros ámbitos donde se desarrolla nuestra vida cotidiana, está el que los robots lleguen a sustituir a los humanos en labores que requieren de cierto grado de humanidad, como los maestros y los enfermeros. Para la investigadora del MIT, si bien los robots pueden complementar la tarea de estos profesionistas, en ningún caso deben sustituirlos por completo, debido a que estas máquinas no son capaces de transmitir las sensaciones, estados de ánimo e ideas que un humano sí podría comunicar.

Otro de los problemas que podría generar el uso indiscriminado de robots es una posible pérdida de la privacidad. Esto se debe a que estamos dejando entrar a nuestras casas dispositivos que son capaces de registrar y almacenar mucha de la información que de manera consciente e inconsciente les proporcionamos con sólo estar dentro de nuestros hogares. Darling menciona que los robots podrían incluso estar programados para extraer información sensible de sus dueños.

Estos problemas se acrecientan si consideramos que las personas creen cada vez más que los robots tienen una vida propia. De acuerdo con Darling, son diversas las causas de que esto esté ocurriendo. Por un lado está el antropomorfismo con el que han sido diseñados los robots, lo que según la investigadora nos hace crear un vínculo de identidad que nos lleva a tomarlos como uno de nosotros.

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Pero la simple materialidad de los robots también es una de las razones por las que según Darlings son considerados por muchas personas como seres sintientes. El movimiento y la muestra de expresiones faciales y corporales que pueden ser atribuidas a estados de la mente humana son otras de las causas por las que incluso las aspiradoras Roomba son consideradas, en algunos casos, como un integrante más de la familia. Incluso, algunos robots militares han recibido funerales, explica Darlings.

Para la abogada e investigadora de las relaciones entre los robots y los seres humanos, aunque la innovación tecnológica siempre debe ir por delante de la reflexión, porque si no la mayoría de las herramientas con las que contamos hoy en día simplemente no existirían, es preciso establecer parámetros y objetivos antes de innovar. De lo contrario, corremos el riesgo de crear un producto problemático y difícil de cambiar , refiere Darlings.

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx