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Política

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Luis Agustín Álvarez Icaza Longoria va por flexibilizar los planes de estudio

“El problema de los recursos para la educación no es un problema exclusivo de la UNAM.
El problema de fondo es la recaudación fiscal”, sostiene el aspirante finalista a la Rectoría

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Luis Agustín Álvarez Icaza Longoria, finalista a la Rectoría de la UNAM. Foto EE: Cortesía.

En una entrevista, para El Economista, Luis Agustín Álvarez Icaza Longoria, candidato a la Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), subrayó la necesidad de mejorar la flexibilidad en los planes de estudio para permitir a los estudiantes realizar estudios multidisciplinarios y adaptarse a diversas modalidades de impartición de esta. También abogó por agilizar los procesos de titulación y mejorar la seguridad en el campus universitario.

—¿Cuál es el análisis que usted tiene de la situación que atraviesa la Universidad Nacional Autónoma de México actualmente?

—A ver, el análisis de lo que pasa en la universidad, lo presento en grandes rasgos en el plan de trabajo. Y digamos, parte de reconocer que la universidad tiene muchas cosas que funcionan bien. Seguimos siendo la universidad pública más importante de este país.

Entonces, hay como varias áreas de trabajo, las áreas las organicé alrededor de las funciones fundamentales de la Universidad, empezando por la formación de profesionales y técnicos, siguiendo con la investigación.

Aquí, terminando con excepción de la cultura, entonces en el caso de los estudiantes, me metí mucho en el tema de intentar dar mayor flexibilidad a los planes de estudio como un elemento que permita que los estudiantes tengan un poquito más una manija sobre parte de su recorrido curricular sobre la intención de que las licenciaturas permitan un mayor tránsito horizontal, que sea más fácil hacer estudios multi e interdisciplinarios.

La pandemia nos puso la educación en línea, ya teníamos la educación abierta, y la propuesta es intentar dar un poco más de libertad a los estudiantes para que puedan terminar una licenciatura utilizando distintas modalidades, resolviendo los problemas que hay que resolver de planeación, para que podamos hacer las aperturas de cursos correspondientes o pertinentes; pero que, entonces, podamos tener un plan de estudios un poco más flexible, con mayor flexibilidad también en la partición, y con mayor flexibilidad en la administración escolar.

—Ante quejas en la desactualización de los planes de estudio ¿cuáles serían las principales áreas por atacar?

—Nosotros hacemos y actualizamos los planes de estudio, lo que estoy intentando no es necesariamente solamente una actualización, sino hacer algunos cambios un poquito más de corte estructural.

Estos cambios se tienen que hacer, por supuesto, con una participación de las comunidades involucradas, pero con el espíritu de conseguir esta flexibilidad.

Algunos de esos cambios se pueden hacer sumarios, otros no tienen que ser sumarios, otros se tienen que hacer en grupo, otros tienen que hacerse particularmente y también tenemos que mejorar los procesos que seguimos para aprobar las modificaciones.

—¿Cómo incrementar el porcentaje de alumnos que se titulan de la UNAM?

—Yo personalmente creo que, en los trayectos curriculares, tendrían que estar todas las actividades necesarias, para que cuando un estudiante termine sus créditos, tenga su título.

Yo creo que el esquema que tenemos en la UNAM, que obliga al estudiante, independientemente de la modalidad de titulación salvo quizás la de alto promedio, a hacer actividades extracurriculares, es en realidad una condena para bajarle a la ciencia terminal.

Lo que me preocupa, además, es si revisamos la competencia, por ejemplo, en las universidades privadas, vamos a encontrar que tenemos carreras muy largas, primero y segundo, cargas que además les añadimos, luego, tiempo adicional para las opciones de titulación. Entonces, mi visión es: sí acabamos colocando a los estudiantes en desventaja en el mercado de trabajo, yo creo que eso lo tenemos que cambiar.

—¿Cómo abordaría usted los temas de género y las denuncias por violencia de género y que han aquejado a la Institución a través de los años?

—Digamos que al rector no le toca atender, particularmente, las denuncias. Le toca establecer las políticas.

Yo creo que los temas de atención a violencia y, en particular, los temas de violencia de género, tenemos que aprender a tener acción más rápida.

También digamos, en el caso de problemas de violencia de género que involucran a trabajadores administrativos o académicos, tenemos ciertas camisas de fuerza alrededor de los contratos colectivos con las que tenemos que trabajar para conseguir dos cosas: que la respuesta sea rápida y que sea adecuada.

—¿Qué acciones o qué estrategias abordará usted para combatir a la delincuencia y la criminalidad dentro y fuera de la UNAM?

—La seguridad en la UNAM no puede estar separada dicotómicamente de la Seguridad Social. Entonces, si vivimos en un entorno social peligroso, esa peligrosidad tiene también que llegar a la UNAM.

La UNAM no es un oasis, parece, pero no lo es. Uno pensaría que inclusive existe la fantasía de que, si entras a la Universidad, al campus universitario, en cualquier lado que estés en este campus, ya estás seguro.

Digo, las estadísticas dicen que sí estás más seguro, es decir, tenemos menos incidencia aquí que fuera, pero no podemos dar una garantía de seguridad. La Universidad hace los esfuerzos que puede, en relación con eso, pero no hay que olvidarse que la seguridad de los ciudadanos es una responsabilidad del Estado, no de la universidad.

Nosotros mantenemos la colaboración más estrecha que podemos con las autoridades locales para mejorar los entornos y disminuir los riesgos de seguridad para los estudiantes.

—¿Cómo podría ser la relación entre su mandato al frente de la universidad y las autoridades federales?

—A ver yo creo que la universidad ha tenido muchísimos años de relación con el Estado. Somos una corporación pública. Somos, en realidad, una parte del Estado, pero somos autónomos. Vivimos del dinero público, nuestro salario es pagado por los impuestos de los mexicanos.

Entonces, sí tenemos todos en la UNAM la conciencia de ser una corporación dedicada a servir a la sociedad. Y la sociedad no solamente es el gobierno, el gobierno es instrumental porque el gobierno está a cargo de implementar el sistema de leyes y está a cargo de ejecutar muchas de las políticas públicas.

Entonces, a la universidad nos corresponde mantener la mejor relación posible con los gobiernos en turno sin importar su signo.

La universidad no puede darse el lujo de decir que se lleva bien con un Gobierno de derecha, pero no de izquierda, o viceversa. La universidad necesita estar al servicio de la nación y no hay que olvidar que los gobiernos son elegidos.

Entonces, finalmente lo que nosotros tenemos que hacer es mantener una relación respetuosa con los gobiernos y respetar a la ciudadanía, creo que es elemental.

—¿Cómo piensa abordar el tema económico, el financiamiento y el presupuesto de la universidad, ante la constante denuncias de que la educación en el país cada vez recibe menos dinero por parte de las autoridades?

—El problema de los recursos para la educación no es un problema exclusivo de la UNAM.

Digamos, el problema de fondo es la recaudación fiscal. ¿Cuánto dinero tenemos para las actividades que debían ser privadas del Estado?

Yo estoy convencido que la salud y la educación son dos actividades prioritarias del Estado, Y estoy convencido de que ambas son actividades en donde, si se invierte, hay un beneficio a largo plazo.

No necesariamente hemos seguido un ritmo de inversión en estos dos sectores y no me refiero a este gobierno, sino los últimos gobiernos de los signos que hayan sido, donde ya hemos hecho un cambio cualitativo, importante, en cuanto a lo que le invertimos en educación. Yo creo que es una muy buena inversión.

Ahora, estamos en un país con recursos limitados y con muchas necesidades. Hay dos formas de mejorar la situación: una es un aumento a la recaudación fiscal, entonces uno tiene más dinero para ejercer el presupuesto.

La segunda es, uno decide priorizar en qué debe gastar primero el Estado, en qué debe gastar después, y eso debería de producir que en las cosas prioritarias del Estado hubiese más dinero disponible. Pero ese trabajo, pues es un trabajo de nuestra Cámara de Diputados; a mí me toca más que observar cuáles son las conclusiones del ejercicio de determinación del presupuesto que hace la Cámara Baja.

Sí puedo decir que, en comparación con la evolución del presupuesto público, la universidad ha sido bien tratada.

Si me preguntan a mí, o a cualquier otra persona que participe en una Universidad pública, si los recursos que recibimos son suficientes, pues también la respuesta es no. Entonces, va por ambos lados.

—¿Cómo sería su trabajo para involucrar a los estudiantes y la comunidad universitaria en la toma de decisiones y cambios que puedan surgir?

—La participación de los estudiantes, ahorita, es un poco por explosiones. Tenemos algún problema y entonces ocurre una partición.

Pero yo creo que el día a día de la universidad se vería beneficiada, si los jóvenes tuvieran una colaboración en el gobierno de la universidad más activa.

Y hay muchas formas, la primera responsabilidad de los jóvenes, en la universidad, es ser estudiantes responsables. La primera responsabilidad de los académicos es hacer nuestra labor de la mejor manera posible; si no se da esa combinación, no puede haber educación de calidad. Y, la principal función de la universidad es impartir educación de calidad a nuestros jóvenes profesionistas. Eso es lo que tenemos que hacer mejor que todo, entonces, cualquier cosa que hagamos, desde la rectoría, para que eso se cumpla mejor, me parece muy bienvenida.

—¿Usted estaría abierto a tener un diálogo o mayor diálogo con la comunidad universitaria?

—Siempre se dialoga.

Yo he tenido responsabilidades de contacto, fui coordinador del Programa de Maestría y Doctorado de Ingeniería, que es el tercer programa más grande de posgrado de la universidad con, aproximadamente, 1,500 estudiantes entre nuestros doctorados.

Y mi política fue de puertas abiertas a estudiantes y realmente a mí me podía ver el estudiante que quisiera, para la razón que quisiera, y siempre mantuve la puerta abierta.

Esa política, le siguió también con los trabajadores administrativos y con los trabajadores académicos. Creo en la fuerza del diálogo, pero en la fuerza de las negociaciones, como elementos. No creo en la violencia, en eso sí no creo. No creo que la violencia sea un camino para solucionar las cosas.

 

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