En México la polarización política se da, es natural, es parte de la esfera pública que hemos estado alimentando desde hace bastante tiempo, sobre todo en los últimos 20 años, y tiene que ver con conveniencias, intereses y oportunidades de unos y otros para acceder al poder y el que accede al poder es criticado por sus contras, señala Chavo del Toro.

El caricaturista de El Economista, quien es un chilango nacido en Guadalajara, señala que, ante ese escenario, su labor es observar e interpretar.

Dice que la llamada corrección política está acabando con el humor, pero asegura que el humor no es clasista o racista.

—¿Cómo influye en el trabajo de un caricaturista político la realidad actual, marcada por la pandemia del Covid-19, la recesión económica y pocos eventos de funcionarios?

—Podemos ir por dos carreteras. La primera es la del trabajo como oficio y la verdad es que nosotros como caricaturistas hemos hecho home office, sólo que ahora tenemos que adaptarnos a seres extraños que están en nuestra casa que dicen llamarse nuestra familia. En eso no ha cambiado nada. Estamos en nuestra cueva interpretando el exterior.

Ahora en lo emocional, con esto de la pandemia también camina por varias fases. La primera es como la fase de la aceptación de la psicología. No lo crees, luego le mientas la madre a Dios, luego estás todo peleado y de repente estás todo zen, es un mar de emociones.

Yo lo estoy sintiendo en mis cartones porque los días en que estoy tranquilo, van cartones críticos pero buena onda.

Otros días veo mis cartones y digo: ¡híjole, aquí estaba bravo! Y sí, tiene que ver con este aspecto emocional que estamos viviendo toda la humanidad y que vamos a ir caminando sobre los sentimientos en este mar de la aceptación que es algo rarísimo en el mundo.

Lo que uno trata de hacer es regresar y tocar suelo y empezar a reinterpretar las cosas a través del humor.

—Visto eso como insumos. Hay pocos eventos públicos, menos eventos políticos. ¿Eso cómo influye en tu trabajo?

—No al contrario. Ya desde un tiempo para acá nosotros ya nos alimentábamos de los medios electrónicos y las nuevas tecnologías para realizar nuestro trabajo.

Siempre en el periodismo, los articulistas de opinión, como el cartón político, nos alimentamos, entre otras cosas del trabajo de los periodistas de la nota diaria y de fondo que en estos momentos han estado en chinga y hemos visto que se ha multiplicado el periodismo muy bueno.

—¿Qué tanto ha cambiado el escenario político en cuanto a los personajes, su dificulta para caricaturizarlos?, ¿hay más?, ¿hay menos?

—Absolutamente no ha cambiado la caricatura política. La caricatura política es la misma, tenemos que estar de frente criticando a la gente que está en el poder, sean quien sean.

Los que cambian son los caricaturistas, pero la caricatura política no ha cambiado absolutamente en nada. Ahí está como instrumento para que nosotros la tomemos como caricaturistas y señalemos, a través de nuestra interpretación de las cosas y del mundo cómo le están haciendo ahorita los que están en el poder.

La caricatura no ha cambiado nada, los políticos que están ahora son los que han cambiado.

El poder no. Lo que está pasando es lo que ha pasado con todos los presidentes que a mí me han tocado dibujar: piel muy delgadita, (se quejan de) falta de comprensión de su gran labor.

El fin de la caricatura política es hacer reír de los que siempre se ríen de nosotros,

Eso no ha cambiado, lo que cambian son las personas.

—¿Cómo percibes la polarización política?

—Se da. Es natural, es parte de la esfera pública que hemos estado alimentando desde bastante tiempo, sobre todo los últimos 20 años y tiene que ver con conveniencias intereses y oportunidades de unos y otros para acceder al poder y el que accede al poder es criticado por sus contras.

Yo como caricaturista trato de interpretar esa división de país. Mi postura es anti sistémica. Yo ya no creo en los partidos políticos, ni creo en el Estado moderno como forma de organización. Creo que ya caducó.

Entonces, todo lo que tenga que ver con partidos políticos, organizaciones políticas, políticos, clase política, no creo en ellos, absolutamente no creo en ellos porque están llevando agua a su molino, siguen las cosas igual, no están resolviendo lo que le importa a la gente que en este momento son tres; seguridad, seguridad y seguridad.

Mi postura ante la interpretación es observo e interpreto. Yo no soy parte de la polarización porque dibujo a Calderón y dicen los chairos: ¡hey!, ¡bravo! y los calderonistas: ¡Chinga tu madre!, y al contrario, si dibujo a López Obrador, los chairos, bueno, no me bajan.

En este momento el sentimiento que tengo como caricaturista a los dos años del gobierno de López Obrador es que yo fui un fiel seguidor de López Obrador y voté por él, pero no voté por las cosas que está haciendo.

—¿Qué tantos personajes hay?

—Todos, hay muchísimos personajes. Afortunadamente, como mi repertorio es tirarle a todos, ya tengo un abanico enorme, desde Donald Trump, Bukele, Bolsonaro, Putin, hasta los del país como López Obrador, Felipe Calderón y todos los que están ahí en medio.

—¿Y cómo lidias con la corrección política?

—La corrección política está acabando con el humor, ya lo dijo mi viejo y conocido Trino: “el Humor no es clasista o racista”. La interpretación es clasista o racista.

Ese tipo de corrección política está acabando con el humor en el mundo.

Lo que tiene que haber es que, si uno está utilizando el humor como hilo conductor para desarrollar una idea, tiene que ser esa reflexión humorística perfecta, no es racista, no es clasista.

Esta es la diferencia de hacer un chiste simplón, a la primera, sin pensarlo y aventarlo.

Por otra parte, no creo que nuestra labor como caricaturista sea educar políticamente a la gente; nuestra labor es interpretar un hecho a través de la caricatura y ya el público es quien se sentirá identificado o no con el significado.

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