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El sabático de Juan Ramón de la Fuente

Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
No existen límites para el asombro. Juan Ramón de la Fuente critica a la ONU por “su letargo burocrático”, pero no reconoce que su paso por la Secretaría de Relaciones Exteriores ha representado una especie de sabático universitario.
Es decir, el secretario de Relaciones Exteriores pide a la ONU lo que él no ha sabido hacer.
Ojo. De la Fuente le dice a la ONU y a la OEA que “deben garantizar la autodeterminación de los pueblos y la no intervención”.
Ni él ni AMLO ni la presidenta Sheinbaum tomaron en cuenta la voluntad de la sociedad venezolana que votó en contra de Maduro en las elecciones presidenciales de 2024.
¿A qué se refiere el secretario De la Fuente cuando menciona “autodeterminación de los pueblos”?
¿Y sobre la “no intervención”?
España, Panamá, Bolivia, Perú, Ecuador, Austria, Argentina, República Dominicana, Estados Unidos y el Parlamento Europeo, entre otros, han sido blancos de acciones injerencistas de los gobiernos de Morena desde 2018.
Ayer, la presidenta Sheinbaum pidió un juicio justo para el represor Nicolás Maduro, quien así mismo se define como una “persona decente”. ¿No es el poder Judicial estadounidense autónomo?
De la Fuente interpreta un viejo guion: los dogmas suprimen el realismo diplomático.
Ni De la Fuente ni AMLO ni la presidenta Sheinbaum mencionan el documento sobre Derechos Humanos en Venezuela que desarrolló un equipo autónomo de Naciones Unidas cuando Michelle Bachelet estuvo al frente de DDHH de la ONU en Ginebra. El resultado es demoledor: el régimen podría ser acusado de ser responsable de crímenes de lesa humanidad.
¿Los venezolanos determinaron su deseo por tener un régimen represor?
De la Fuente, AMLO y Sheinbaum pasan por alto el artículo 89 de la Constitución mexicana que les obliga a velar y promocionar los DDHH en el mundo.
El secretario De la Fuente critica a la ONU por su “letargo burocrático”, pero ¿él qué dejó de hacer desde 2024 a la fecha?
Él sabe que la ONU es un espejo de países. Si México no hizo nada para solucionar la crisis venezolana (por la “libre determinación de los pueblos”), se refleja en la ONU; sabe que EU, Rusia y China colapsan a la ONU.
De haber roto con la burbuja burocrática del inmovilismo pudo haber organizado junto a Brasil una conferencia sobre la crisis que provocó el robo electoral de Nicolás Maduro. La diplomacia siempre será efectiva si la orquestan buenos diplomáticos.
El entonces secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard comentó durante la pandemia que la región estaba dividida y confrontada. De la Fuente lo sabía. ¿Qué hizo para solucionar el nudo?
México y Brasil nunca se adelantaron al plan que llevó a cabo Trump la madrugada del pasado sábado.
AMLO apostó por América Latina y fracasó. Reitero el escenario: México tiene menos amigos hoy que hace siete años. No tiene relaciones con Ecuador y Perú. No hay diálogo político con Argentina, El Salvador, Bolivia y Panamá, y pronto dejará de haberlo con Chile y Honduras. Gustavo Petro cayó en desgracia el día que viajó a México y reveló que la “compañera Sheinbaum” formó parte de la guerrilla. La presidenta mexicana lo negó.
De la Fuente es el primer secretario de Relaciones Exteriores que no viaja al exterior lo necesario. La dependencia que dirige solo se dedica a reimprimir viejos comunicados de prensa como si fueran novedad.
De la Fuente permitió que Lula se haya burlado de México el día que mencionó que su país es el más importante de la Celac. No hubo un comentario por parte de De la Fuente.
Lula tenía razón.
La política exterior mexicana ha sido injerencista y le otorga un sabático a Juan Ramón de la Fuente.

