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La revancha que no fue

José F. Otero | TIC y Desarrollo
Enero de 2015 marcaba la revancha de AT&T: cerraba la compra de Iusacell, lo que le permitía al gigante estadounidense regresar al mercado luego de haberlo abandonado, primero en 2011 al vender su participación en Alestra y luego en 2014 al vender la que tenía en América Móvil. Regresaba con la intención de ser protagonista.
Para entonces, el líder de AT&T, Randall Stephenson, prometía a sus clientes mexicanos que la empresa operaría en dos países con una única red. Era la famosa “área de servicio móvil norteamericana”, con más de 400 millones de personas y empresas a ambos lados de la frontera. El anuncio contenía, como la escritura del dios que Borges imaginó en la piel de un jaguar, un mensaje cifrado, una promesa. Se apuntaba a satisfacer el anhelo de muchos mexicanos: gozar, en cualquier parte de México, de los mismos servicios que AT&T ofrece a sus clientes en Estados Unidos.
Eran otros tiempos, era otra la historia. La frontera no estaba marchita de insultos y la cercanía entre los países se percibía como una ventaja, con millones de personas cruzando la frontera cada semana por trabajo, familia o compras. Simplemente, la integración económica de la región justificaba la integración de las redes. También, para quienes lo han olvidado, apenas comenzaba a sentirse el impacto de la reforma constitucional de 2013 y el recién fundado Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) exhibía altos niveles de eficiencia.
AT&T compró Iusacell a Grupo Salinas por 2,500 millones de dólares y, semanas después, Nextel México a una NII Holdings en bancarrota por 1,875 millones de dólares. Sobre esa base, anunció 3,000 millones de dólares adicionales para llevar su red 4G a 100 millones de mexicanos antes de que terminara 2018. La pieza comercial que debía hacer visible la promesa era la eliminación del roaming. Los clientes mexicanos podían usar sus minutos, mensajes y datos en Estados Unidos sin cargo adicional.
El problema es que tal acción no creó un diferenciador, sino que permitió que sus competidores replicaran el servicio en ambos lados de la frontera. T-Mobile eliminó el roaming en Estados Unidos, México y Canadá. América Móvil respondió en julio de 2015 con una oferta similar y, de paso, se proclamó líder en la integración de ambos mercados.
A partir de ahí, AT&T compitió en México como lo que realmente era: un tercer operador frente a un preponderante con escala, espectro y distribución acumulados durante décadas. La empresa invirtió mucho más de lo anunciado inicialmente, unificó dos redes heterogéneas en una sola plataforma 4G, homologó su red de tiendas y salió a ganar clientes uno por uno. Construyó una red verdaderamente nacional e hizo que el mercado redujera los precios.
Toda esta inversión no cumplió con las expectativas iniciales. AT&T no logró su revancha y anunció la venta de su operación mexicana unos meses después de cumplir 11 años en el país. Sin embargo, para entender el quiebre entre el corporativo estadounidense y su filial en México, hay que remontarse a septiembre de 2019, cuando la firma de inversión Elliott Management cuestionó la estrategia de adquisiciones de AT&T.
Su carta al consejo recomendaba revisar el portafolio, desinvertir en negocios sin una justificación estratégica clara, reducir la deuda y mejorar la ejecución. Asimismo, el memo cuestionaba la expansión internacional de AT&T al no poder identificar el aporte de cada operación a las finanzas de la empresa. AT&T México fue uno de los activos identificados como objetivos de desinversión, pues, a pesar de toda la inversión recibida, en 2019 seguía sin ser rentable y estaba por debajo de las expectativas.
La comunicación de Elliott Management significó un quiebre en el pensamiento tradicional de AT&T hasta ese momento, un redireccionamiento y el comienzo de un futuro en el que la operación mexicana, aunque fronteriza, parecía aislada. También es de recordar que no solo se exigía la salida de México, sino también de operaciones altamente lucrativas, como las de Puerto Rico y de las Islas Vírgenes Estadounidenses, que, en su contra, tenían una población baja, por lo que su venta por alrededor de US$ 1,950 millones a Liberty Latin America en 2020 sirvió para ajustar sus finanzas. Otras movidas inspiradas en la comunicación de Elliott Management son la venta del negocio latinoamericano de televisión de Vrio en 2021, la separación de Warner Media en 2022 y la venta de su participación en DIRECTV en julio de 2025.
Mientras AT&T se desprendía de las operaciones fuera del mercado estadounidense de telecomunicaciones, también reforzaba su operación doméstica con la compra del negocio de fibra residencial de Lumen por US$ 5,750 millones en febrero de 2026. Simplemente, la visión de crecimiento de AT&T había cambiado por completo en menos de una década. El único mercado para la oferta de acceso al segmento de consumidores que importa es Estados Unidos. El interés en operaciones internacionales se centra en el mercado corporativo, donde se requieren redes privadas y acceso a internet, seguridad gestionada, conexión a la nube, IoT y movilidad empresarial mediante acuerdos de roaming con operadores locales.
Ante esta realidad, con el paso de los años, México se volvió, para el corporativo de AT&T, una pieza prescindible, que dejaría ir ante la llegada de una oferta que considerase atractiva y justa. También hay que reconocer que el paso de los años tuvo sus consecuencias en el mercado mexicano, con la disolución de las reformas constitucionales de 2013, la desaparición del IFT, el acercamiento recaudatorio de las autoridades al momento de asignar espectro y un nuevo marco legal, con numerosos cuestionamientos por parte de los distintos actores del mercado.
La venta de AT&T México, anunciada en octubre de 2026, parece justicia poética, casi digna de una telenovela. El extranjero que había deslumbrado a la novia con sus lujos se marcha, pero aquel galán que siempre estuvo enamorado y que, en su momento, se vio forzado a dejarla ir, resurge como su salvador y verdadero amor.
Televisa, esta vez acompañada de Fintech Holdings, regresa al negocio móvil al adquirir la red que ayudó a construir Iusacell, empresa de la que fue socia al 50%. Televisa cuenta con fibra en México y para mediados de 2027, cuando probablemente ya se haya cerrado la compra de AT&T, podría llegar a tener una red 100% de fibra con 20 millones de hogares cubiertos. A esa red se sumaría la segunda red móvil del país, con unos 24 millones de líneas (antes de cualquier depuración de clientes). Una combinación que es exactamente el modelo convergente fijo-móvil que AT&T nunca llegó a tener en México. Esta combinación le otorgaría al nuevo operador convergente más oportunidades para competir con Telmex y Telcel en los paquetes de hogar y móvil a nivel nacional.
No se puede asegurar que la venta de AT&T México fuera consecuencia directa de una comunicación que un fondo de gestión de inversiones remitió al corporativo estadounidense en 2019. Lo que sí se puede observar es que ese memorándum marcó el inicio de un cambio en la visión del mercado del gigante de las telecomunicaciones de Estados Unidos, cuya estrategia de consumo se replegó al mercado doméstico, mientras que en el exterior solo le interesa el segmento empresarial.
También es cierto que tanto en México como en Estados Unidos el panorama competitivo, tecnológico y regulatorio cambió en la última década. Las amenazas y oportunidades ahora son muy distintas y, en este panorama, mantener la operación en México no encajaba con la estrategia para los próximos años.
Queda por ver si la aprobación de esta transacción es suficiente para forzar en México una revisión regulatoria basada en el argumento de que un operador con red fija nacional y la segunda red móvil del país podría ser, por fin, el contrapeso al agente preponderante. No hay dudas de que, con la salida de Telefónica, que vendió Movistar México este año, el futuro cercano será muy interesante para el mercado de telecomunicaciones mexicano.

