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El récord que el mercado no quiso pagar
Irán y Omán acordaron en principio un mapa de carriles marítimos, sin cobro de peajes y con vigencia de dos a cuatro meses. Falta que lo apruebe el líder supremo iraní, oculto desde febrero

Opinión
Chevron multiplicó por 5 su utilidad neta frente al mismo trimestre de 2025. Exxon la duplicó. Aun así, entre marzo y junio el valor de mercado de Exxon cayó 20% y el de Chevron 21 por ciento. No es que el mercado dude de las cifras. Es que sabe de dónde salieron.
Los ingresos de Exxon crecieron 44% anual en el segundo trimestre y los de Chevron 51 por ciento. El margen neto de Exxon pasó de 8.9 a 15%, el de Chevron de 5.2 a 17.8%, y el flujo operativo se duplicó en una y creció 2.6x en la otra.
Ahora el dato que ordena todo lo demás: el Brent promedió 103.8 dólares por barril en ese trimestre contra 66.96 un año antes, 55% más. Prácticamente todo el crecimiento de Exxon y Chevron fue precio. No vendieron más petróleo, lo vendieron más caro.
En las productoras puras, las que solo extraen crudo, todavía se ve más marcado. ConocoPhillips creció 37% en ingresos y Occidental 26%, las dos por debajo del alza del barril. Traducción: bombearon menos.
ConocoPhillips sí llevó eso a resultados y su margen neto pasó de 12.8 a 20.6 por ciento. Sin embargo, el negocio no creció en volumen.
Vista es el caso aparte. Sus ingresos se duplicaron, 102% anual, y como el barril subió 55%, quedan unos 30 puntos que vienen de producir más. Es la única del grupo que creció en barriles y no en precio, y su margen bruto subió de 46.7 a 57.4 por ciento.
Hasta aquí, un sector en su mejor momento. El problema está en el renglón de inversión. Occidental recortó 21% su capex, o sea el gasto en pozos, equipo e infraestructura, y ConocoPhillips 8 por ciento. Las integradas lo subieron apenas 11 por ciento.
Medido contra el efectivo que producen, las cuatro reinvierten hoy 27 centavos de cada dólar; hace un año reinvertían 57. Generan como nunca y perforan igual o menos que antes.
La razón está en Ormuz, y no es la que suele contarse. El estrecho no es un riesgo por venir: ya opera a una fracción de su capacidad. El tráfico visible de buques se acerca de nuevo a los mínimos de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán. Los exportadores del Golfo sacan crudo apagando los transpondedores de sus barcos y transfiriendo la carga en alta mar.
El resultado se ve en la producción: la OPEP bombeó 19.44 millones de barriles diarios en julio, muy lejos de lo que producía antes del conflicto, y Arabia Saudita está en 7.4 millones.
El precio que produjo esos márgenes carga dos cosas al mismo tiempo: los barriles que hoy no salen del Golfo y el miedo a que dejen de salir más. Ninguna de las dos es mérito de las empresas.
Ahora hay negociación. Irán y Omán acordaron en principio un mapa de carriles marítimos, sin cobro de peajes y con vigencia de dos a cuatro meses. Falta que lo apruebe el líder supremo iraní, oculto desde febrero, con quien la comunicación es, según el propio presidente Pezeshkian, muy difícil.
Queda un actor suelto: los hutíes amenazan con atacar a los petroleros sauditas que usen la ruta alterna del mar Rojo.
Todo eso está en el precio. El Brent tocó 118.03 dólares por barril el 29 de abril y llegó a 71.57 dólares el 1 de julio, una caída de 39% en nueve semanas. Rebotó 41% en las tres siguientes, mientras el alto al fuego de junio se venía abajo. Volvió a caer 21% desde el 23 de julio, conforme se acumularon las señales de acuerdo. Hoy cotiza en 83.06 dólares.
Ahí está la paradoja, y no es la que parece. El mercado no está descontando un bloqueo. Está descontando la reapertura. Cada barril que la OPEP tiene detenido regresa si el estrecho se normaliza, así que un acuerdo de paz, por parcial y temporal que sea, es el escenario negativo para estas empresas. Ninguna empresa va a reconocer que la paz le cuesta dinero.
La prueba está en el capex. Si las petroleras creyeran que este precio es estructural, estarían perforando. En cambio devuelven efectivo a sus accionistas.
Están leyendo el barril igual que el mercado. Vista es la excepción que lo confirma: reinvierte 55% de su flujo operativo, tomó 40% más deuda para hacerlo y es la única que creció en barriles y no solo por precios del barril más altos.
Nuestras proyecciones apuntan a que la utilidad neta del tercer trimestre caiga entre 17 y 49% en las cinco.
La pregunta incómoda no es si las ganancias son reales. Lo son. Es qué clase de negocio tenemos cuando su mejor trimestre depende de un estrecho cerrado y su mayor riesgo es un acuerdo de paz.