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Opinión

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Prudencia en la Fed, ligereza en Banxico

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Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

El comunicado de la pasada decisión de política monetaria del Comité Federal de Mercado Abierto de la Reserva Federal de Estados Unidos –del 16 de septiembre– daba a conocer un cambio en la estrategia del banco central y, a pesar de ello, tal comunicación no se extendió más de nueve oraciones cortas repartidas en tres párrafos sumamente breves.

Sin rodeos, sin forward guidance, al grano: la Fed elevó la tasa en un cuarto de punto, situándola entre 3.75 y 4.00%, ante una economía resiliente, pero con una inflación que sigue elevada; el Comité ratificó su enfoque de ajuste para asegurar un entorno oportuno al objetivo de 2.0% y preservar la estabilidad de precios.

Así, sin las viejas promesas explícitas de rumbo, la Fed, bajo el liderazgo de Kevin Warsh, optó por comunicar una decisión tomada con los datos duros disponibles, sin ponerse una camisa de fuerza sobre los pasos futuros a seguir.

Esta forma de asumir cada decisión de política monetaria claramente no es la mejor compañía para los tiempos volátiles, porque deja la caja de herramientas abierta justo hasta el momento de evaluar el entorno macroeconómico y soltar su decisión. Pero, al mismo tiempo, la Fed gana una flexibilidad enorme, porque no se queda atrapada en sus propias palabras frente a un escenario que cambia constantemente.

Y este estilo asumido por el banco central más poderoso del mundo no ha sido debidamente evaluado por el Banco de México, en donde algunos integrantes de la Junta de Gobierno se atreven a adelantar desde su reunión del 24 de septiembre que no verían con malos ojos bajar más la tasa en el encuentro del 5 de noviembre, como si en esos 42 días no pasaran tantas cosas como: una guerra en Europa, una guerra en el Medio Oriente, una renegociación comercial con América del Norte o unas elecciones intermedias en Estados Unidos. La ligereza de esos comentarios evidentemente pasó factura cambiaria.

Este contraste resulta crítico para el mercado local. Mientras Washington actúa con esa cautela quirúrgica, en México se emitieron señales de relajación monetaria que redujeron el atractivo del diferencial de tasas sin haber asegurado primero la convergencia inflacionaria.

Ese deseo de quedar bien con la autoridad fiscal somete al peso a una presión innecesaria y confunde a los agentes económicos sobre la verdadera prioridad de la autoridad monetaria.

Es justamente ahí donde se ancla la credibilidad institucional. Más allá de las sumas y restas del diferencial de las tasas de referencia, la confianza del mercado no se gana prometiendo recortes a ciegas con varias semanas complejas por delante, sino demostrando una coherencia entre el diagnóstico de la coyuntura, el discurso institucional y las decisiones finales.

En un contexto internacional como el actual, marcado por la incertidumbre geopolítica y financiera –hasta por la propia reacción de Trump ante los resultados electorales del martes–, la disciplina verbal es una herramienta de política económica tan poderosa como la propia tasa de referencia.

Si en estos tiempos convulsos la Fed decidió navegar sin guías futuras, lo menos que pueden hacer al interior de Banxico es no apresurarse a declarar y conservar intacto su activo más valioso: la credibilidad.

La confianza del mercado no se gana prometiendo recortes a ciegas con varias semanas complejas por delante, sino demostrando una coherencia entre el diagnóstico de la coyuntura, el discurso institucional y las decisiones finales.

Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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