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Polo, el “Super Niño” y el impuesto climático

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Polo fue el segundo huracán más fuerte que se haya formado en el Pacífico en más de 10 años; tuvo una intensificación explosiva, con vientos sostenidos de 285 km/h y una permanencia inusualmente prolongada en categoría 5. Por eso, ver la baja afectación que dejó en las costas mexicanas es tan solo un respiro temporal.
Este huracán es el adelanto, dicen los expertos, de los efectos que tendrá en el mapa climático nacional la anomalía térmica récord del océano, al cual pronto nos acostumbraremos a llamar “Súper Niño”.
El verdadero problema es que las autoridades se centran en la evaluación de los daños –y si acaso, en los planes previos al impacto-, y los medios se concentran en las imágenes del radar satelital.
En el fondo, no se presta la atención suficiente a que este momento es apenas la antesala de un choque de proporciones mucho mayores para el cual no hay prevención suficiente: ni en la gestión hídrica, ni en la cultura preventiva del riesgo, ni en la política macroeconómica.
No somos un país acostumbrado a la prevención. Si vemos que, de acuerdo con el más reciente reporte de la Conagua, el nivel de almacenamiento del Sistema Cutzamala está a 85% de su capacidad total, difícilmente pensaremos que en poco tiempo las olas de calor extremas y los desajustes en los calendarios de lluvias nos puedan llevar a enfrentar un “impuesto climático” en el sector agropecuario.
Pero hay que escuchar a los expertos que advierten que el “Súper Niño” tiene altas probabilidades de traer a México un déficit en los embalses agrícolas, lo que representa una amenaza para los rendimientos de cultivos fundamentales. Los cálculos que hay que tomar en cuenta –no para generar alarma, sino previsiones– indican que ese eventual choque agropecuario agregará más de medio punto porcentual directo a la inflación general.
Ante un escenario así, de nada servirá que el Banco de México suba la tasa de interés de referencia si lo que van a faltar son lluvias; lo que quedará al descubierto es la falta de inversión en captación pluvial, tratamiento de aguas y modernización del riego como elementos preventivos y productivos.
¡Qué bueno que Polo pasó por el Pacífico sin mayores desgracias, dada la magnitud del fenómeno que se formó! Lo que debe dejar este huracán es una reflexión de lo que viene: aprovechar el tiempo para construir coberturas financieras agropecuarias sólidas, fondos de prevención reforzados y un plan hídrico nacional de largo plazo.
Está muy bien reforzar los planes de contingencia que reaccionan cada vez mejor ante este tipo de fenómenos, pero hay que tomar muy en serio que un “Súper Niño” puede tener la combinación de meteoros extraordinarios que concentren las lluvias torrenciales en un punto y durante poco tiempo, mientras que los calores y las sequías se apoderan de amplios territorios del país.
Es verdad que los efectos del “Súper Niño” ya empiezan a sentirse y que hay muchos rezagos históricos en la creación de infraestructura; sin embargo, se pueden tomar decisiones financieras y presupuestales que prevengan los efectos de este fenómeno climático en curso y hacer del conocimiento público que debemos prepararnos para un escenario complicado.
Se deben construir coberturas financieras agropecuarias sólidas, fondos de prevención reforzados y un plan hídrico nacional de largo plazo.

