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PISA: lo que estamos dejando de aprender

Antonio Domínguez Sagols | Columna invitada
Ya nadie está hablando de esto. Hace apenas unos días se dieron a conocer los resultados de la prueba PISA y, salvo algunas reacciones iniciales, el tema prácticamente desapareció de la conversación pública. Y me parece preocupante, porque estamos hablando de algo que debería ser mucho más relevante para México que buena parte de los temas que ocupan nuestra atención todos los días. PISA no solamente nos dice cómo están nuestros estudiantes frente a otros países; nos ayuda a entender qué tan preparados están nuestros jóvenes para enfrentar el mundo que les toca vivir.
México se encuentra en el penúltimo lugar entre los países de la OCDE evaluados en PISA. El dato debería hacernos detenernos un momento. Pero más allá del lugar que ocupamos, lo verdaderamente importante está en los resultados. En matemáticas, México obtuvo 388 puntos, frente a un promedio de 463 de la OCDE; en lectura alcanzó 408 puntos, contra 461 del promedio, y en ciencias obtuvo 414, mientras que el promedio fue de 482. Hay una cifra que particularmente debería preocuparnos, solo tres de cada diez estudiantes mexicanos alcanzaron el nivel básico de desempeño en matemáticas.
¿Qué significa esto fuera de las estadísticas? Significa que tenemos jóvenes de 15 años que, en muchos casos, están teniendo dificultades para utilizar las matemáticas para resolver problemas, interpretar información o aplicar lo aprendido en la escuela a situaciones reales. Y algo similar ocurre con la lectura. Comprender lo que leemos no solamente sirve para aprobar una materia; sirve para entender una noticia, analizar una propuesta, tomar una decisión, defender nuestros derechos y participar de manera informada en la sociedad.
Por eso sería un error reducir PISA a una tabla de posiciones entre países. El verdadero tema es preguntarnos qué está pasando con nuestros niños y jóvenes y qué estamos haciendo para corregirlo. Una evaluación internacional puede tener limitaciones y no explica por sí sola toda la realidad de nuestro sistema educativo, pero tampoco podemos utilizar esas limitaciones como argumento para ignorar los resultados. Cuando los datos muestran que una parte importante de nuestros estudiantes no está alcanzando los aprendizajes fundamentales, lo que corresponde es escuchar, analizar y actuar.
También debemos dejar de pensar que nuestros niños son únicamente el futuro. Son el presente. Lo que hoy no aprenden tendrá consecuencias mañana. Un joven que no comprende lo que lee tendrá menos herramientas para continuar estudiando, para acceder a mejores oportunidades laborales y para tomar decisiones informadas. Un joven que no desarrolla capacidades matemáticas tendrá mayores dificultades para desenvolverse en un mundo que cada vez exige más habilidades para interpretar datos, resolver problemas y utilizar la tecnología.
Los resultados de PISA deberían servirnos para cambiar prioridades. México necesita discutir mucho más sobre cómo estamos educando a nuestros hijos y mucho menos sobre aquello que dentro de unos meses habrá dejado de ser noticia. Porque podemos tener grandes proyectos, nuevas inversiones, infraestructura y crecimiento económico, pero si no somos capaces de garantizar que nuestros niños aprendan, estaremos dejando fuera de esas oportunidades precisamente a quienes deberían aprovecharlas.
Se trata de asumir una responsabilidad como país, los resultados ahí están y nos obligan a preguntarnos si estamos haciendo lo suficiente y quienes están siendo los responsables con nombre y apellido de esta desgracia. Estoy convencido que estos pésimos resultados no deberían ser tratados con indiferencia al momento de votar. Creo que los ciudadanos debemos ser mucho más activos y exigentes con la convicción de que la educación debe estar en el centro de nuestras prioridades como país.
Detrás de cada resultado de PISA hay un estudiante, una familia y una historia. Y detrás de esos estudiantes está el México que tendremos en los próximos años. Por eso no deberíamos cuestionarnos solamente qué lugar ocupamos en una prueba internacional, sino qué estamos haciendo hoy para que nuestros niños tengan mejores oportunidades mañana. Si realmente queremos que México despegue, tenemos que entender que la política pública más importante para que México despegue está en su gente, y eso empieza por la educación.

