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PISA 2025: crónica de un resultado esperado

Opinión
Más allá de los bajos resultados de México en el Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), reducir de manera sostenida la desigualdad requiere mejorar la calidad de la educación. Uno de los avances más relevantes que ha tenido México en los últimos años ha sido la reducción de la pobreza. Entre 2018 y 2024, la población en situación de pobreza multidimensional disminuyó de 41.9% a 29.6%, una reducción de 12.3 puntos porcentuales (pp), mientras que la población con un ingreso inferior a la línea de pobreza por ingresos pasó de 49.9% a 35.4%. Esta mejora debería contribuir, entre otras cosas, a generar mejores condiciones para las trayectorias educativas de niños y jóvenes. Una mayor disponibilidad de ingresos reduce las restricciones económicas que pueden llevarlos a abandonar la escuela, incorporarse de manera temprana al mercado laboral o dedicar gran parte de su tiempo a actividades en el hogar distintas al estudio.
Sin embargo, esta reducción de la pobreza no ha venido acompañada de una mejora equivalente en los aprendizajes. Los resultados recientemente publicados de PISA 2025 muestran que reducir las restricciones económicas que enfrentan los hogares es una condición necesaria, pero no suficiente, para mejorar la formación de capital humano. En México, siete de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel mínimo de competencia en matemáticas y alrededor de cinco de cada diez tampoco lo hacen en lectura y ciencias. Este rezago resulta particularmente preocupante entre los estudiantes con mayores desventajas socioeconómicas. En 2025, 83.7% de los alumnos pertenecientes al cuartil socioeconómico más bajo no alcanzó el nivel mínimo de competencia en matemáticas, frente al 71.7% de 2015. En el caso del cuartil con mayores ventajas socioeconómicas también se observó un deterioro, al pasar de 40.7% de estudiantes que no alcanzaban el nivel mínimo de competencia en matemáticas en 2015 a 51.2% en 2025. Por lo anterior, la brecha en los resultados prácticamente no se ha modificado; la diferencia entre el cuartil socioeconómico más bajo y el más favorecido fue de 31.0 pp en 2015, prácticamente similar a los 32.5 pp observados en 2025. En este sentido, si bien las condiciones económicas de los hogares son relevantes y generan diferencias importantes en los aprendizajes, estas no explican por sí solas los bajos resultados educativos, por lo que se trata de un problema estructural que debe atenderse de manera prioritaria.
Es importante superar la discusión centrada únicamente en cuántos puntos ganó o perdió México respecto de la prueba anterior, o en si el deterioro fue mayor o menor al observado en otros países. Estas comparaciones son relevantes, pero insuficientes frente a un problema que es de carácter estructural. Por lo anterior, reducir la pobreza es fundamental, pero no suficiente para reducir de manera sostenida la desigualdad. Es necesario poner de manera prioritaria en la agenda el fortalecimiento de la calidad de la educación y garantizar que los jóvenes adquieran los conocimientos y habilidades necesarios para acceder a empleos de mayor productividad y mejores ingresos. Una economía que no fortalece de manera sostenida su capital humano tendrá mayores dificultades para aumentar su productividad, generar empleos de mayor valor agregado y reducir los elevados niveles de informalidad. De no hacerlo, los avances en reducción de pobreza difícilmente podrán traducirse en una mayor movilidad social entre generaciones. PISA 2025 no presenta un diagnóstico nuevo, pero sí vuelve a poner en evidencia la urgencia de atender uno de los principales retos estructurales del país.
*El autor es economista senior de BBVA Research México.