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¿Qué negocio unió a la UNAM y al Tec en Tlalpan?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Hace dos semanas, los Borregos del Tec de Monterrey vencieron 73-20 a los Pumas de la UNAM en la liga ONEFA de futbol americano. Vaya resultado.
Esa confrontación no bloqueó un histórico idilio firmado al día siguiente: las dos más emblemáticas instituciones educativas de México hicieron equipo.
La UNAM y el ITESM se unieron en Tlalpan en un proyecto que puede iluminar la salida de México hacia la nueva economía, los nuevos negocios.
La institución del Pedregal se incorporó ese día al Distrito de Innovación de Tlalpan, del cual, reconozco, yo no tenía idea hasta ayer, cuando supe de él, miren nomás, en la Universidad de California en San Diego (UCSD).
Acá, fondos de inversión internacionales convocados por el Annual Summit de 1200VC, fondo a cargo de la mexicana Adriana Tortajada, discuten sobre proyectos para financiar bajo la dinámica deep tech, eso que viene formado a un lado del tsunami de la inteligencia artificial. No hay mucho de eso en México, casi nada. Todavía.
Por eso destaca la actividad de un argentino que vivió años en Chile y que ahora se pasea cerca de su nueva casa en Polanco.
Apuesta a que México despertará pronto. Él se llama Luis Stein y fundó AndesVC, con capital de riesgo listo, precisamente para financiar tecnologías profundas (deep tech), como las que pueden salir de los nuevos vínculos entre la UNAM y el ITESM en la Ciudad de México.
Después de todo, ambas instituciones educativas se unieron para realizar proyectos conjuntos de investigación aplicada en áreas como biotecnología y desarrollo farmacéutico y convertir su innovación en empresas, una práctica común en Norteamérica, pero que en el argot académico lleva por nombre un gris eufemismo: transferencia tecnológica.
Stein es uno de los congregados en el Summit de 1200VC que revisan herramientas como la de Alume. ¿Conocen a alguien que haya sido operado en alguna zona del cuello?
Lo que hace esta herramienta es iluminar los nervios de esa parte del cuerpo a fin de guiar visualmente a los médicos y evitar daños durante las cirugías.
Esa empresa ya levantó más de 30 millones de dólares desde el año 2020.
¿Cuántas compañías que resuelvan problemas como este serán creadas en México?
Ese tipo de creación es indispensable para pensar en que los talentos se queden, formen compañías poderosas y los salarios de este país se eleven; en provocar verdadera prosperidad y no el tipo de derrama pobre que viene con los sueldos de maquiladoras.
En estos días en los que creemos que ya todo está inventado, me topo en el escenario del sur de California con que, en realidad, apenas vamos a empezar.
Seamos francos, hay poca gente contenta con un sistema en el que pocos ganan. La manera real de distribuir es educar para que tengan capacidad de innovar y crear.
Convenientemente, hablamos mucho de los riesgos de la inteligencia artificial, pero, desafortunadamente, muy poco del lado positivo de su empuje.
Yo veo a muchos mexicanos con gusto por las fábricas, por la manufactura avanzada. Y ayer, Henrik I. Christensen, una autoridad en robótica, planteó un problema real y actual para Estados Unidos:
El país vecino no ha entusiasmado a su gente con la idea de trabajar en una planta manufacturera y eso es un problema para él como inversionista en el sector: puede invertir en una empresa y conformarla, pero no tiene suficiente gente capacitada para producir robots en su ciudad, que estamos visitando hoy. Yo percibo ahí una oportunidad para muchos mexicanos.
Este inversionista y titular de la Cátedra Qualcomm de Sistemas Robóticos, profesor distinguido en la UCSD, advierte del envejecimiento acelerado de su país y de países como Corea, que podrían producir esos robots. Yo creo que algo puede hacer Baja California al respecto.
Lo que ocurrió entre la UNAM y el Tec en Tlalpan es una semilla con gran poder. El capital de fondos como 1200VC o AndesVC, sumado al de graduados de esas instituciones, sí puede prender una mecha para que el país explote, en el mejor de los sentidos.

