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Invernaderos en Nuevo León: semillero para pequeños agricultores
La agricultura protegida se posiciona como una alternativa productiva que permite un uso más eficiente de recursos y mayor control de plagas.

Opinión
La agricultura es un pilar fundamental para la economía y el desarrollo en México. Esta actividad integra prácticas tradicionales y modernas, que contribuyen a la seguridad alimentaria y forman parte inherente de nuestra identidad cultural.
Debido a la diversidad de climas, es posible establecer distintos cultivos en todo el territorio nacional. Actualmente la agricultura enfrenta distintos retos para la producción de alimentos, destacando el cambio climático, escasez de agua y la degradación del suelo.
La agricultura protegida (invernaderos, malla sombra, macro y microtúneles) se posiciona como una alternativa productiva que permite un uso más eficiente de recursos, mayor control de plagas, malezas y enfermedades, así como potencializar el rendimiento y calidad de los cultivos.
La producción de cultivos en invernadero es la tecnología más destacada de la agricultura protegida, que consiste en una estructura cubierta por un material transparente (vidrio o plástico) que permite el paso de la radiación solar, protegiendo de inclemencias a los cultivos en su interior.
Este modelo no solo aumenta significativamente la producción frente al cultivo en cielo abierto, sino que también permite controlar variables clave como temperatura, humedad y uso de insumos, mediante sistemas tecnificados de riego por goteo, aspersión o nebulización.
Aunque los primeros antecedentes de los invernaderos se remontan al Imperio romano, su desarrollo se consolidó a partir del siglo XVII en países como Inglaterra, Holanda, Francia, China y Japón. En México, su adopción comenzó en la segunda mitad del siglo XX, inicialmente con fines ornamentales y de investigación, fabricados de cristal y metal.
Los invernaderos se adaptaron a las necesidades de cada región del país, y se sustituyó el uso de cristal con plástico, reduciendo su costo de manera significativa.
Actualmente, en México se utilizan diferentes tipos de invernaderos debido a nuestra diversidad agroclimática. El modelo más utilizado es el denominado cenital, aunque también se emplean los tipos diente de sierra, mariposa, túnel y vertitúnel.
De acuerdo con datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), en 2025 a nivel nacional, se registró una superficie sembrada de 14,566.79 hectáreas en invernaderos donde los principales estados productores son Jalisco, Sinaloa, Guanajuato, Puebla, Morelos y Estado de México que representan el 62% de la superficie sembrada bajo esta modalidad.
Nuevo León ocupa el lugar 17 con 158 hectáreas de agricultura protegida (invernadero), distribuida en el sur del estado en los municipios de Galeana con 82.75 hectáreas, Aramberri (50.25 hectáreas) y Doctor Arroyo (25 hectáreas).
Del total de la superficie de invernadero en Nuevo León, 141 hectáreas se enfocan en la producción de tomate rojo, 12 de pepino y 5 de chile verde. Los invernaderos utilizan tecnología media, cuentan con ventilación mecanizada, sistemas de calefacción mediante uso de gas y riego por goteo centralizado, además de manejo integral de plagas (MIP) y uso de variedades mejoradas.
Las diferencias de productividad son notables, mientras que el promedio de la producción de jitomate en una hectárea a cielo abierto es alrededor de 28 toneladas, en invernadero puede alcanzar hasta 300 toneladas por hectárea.
En 2025 el valor de la producción de jitomate fue de 430 millones de pesos; no obstante, en 2024 el valor alcanzó hasta 761.17 millones de pesos, beneficiando a 409 pequeños productores.
Entre los desafíos más importantes que enfrentan actualmente los pequeños productores agrícolas del sector social en el estado de Nuevo León, es la baja productividad, condiciones climáticas adversas, aumento de costos de insumos, disminución de mano de obra, abastecimiento de agua y suelos cada vez más degradados. Frente a este panorama, los invernaderos representan una alternativa viable para la producción de hortalizas de alto valor.
Un ejemplo son los pequeños productores de jitomate en los municipios de Aramberri, Dr. Arroyo y Galeana, quienes operan unidades de apenas un cuarto de hectárea bajo invernadero, logrando una producción de 87 toneladas con una utilidad de 1.2 millones de pesos al año.
Estos resultados evidencian el potencial de la agricultura protegida como herramienta para mejorar los ingresos y la calidad de vida en zonas rurales.
Los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), como institución financiera de desarrollo participa en el financiamiento a la actividad primaria y junto con la banca comercial propicia el desarrollo de productores a través de créditos, apoyos, capacitación y asistencia técnica para el desarrollo de la actividad primaria, y la adquisición de infraestructura.
En Nuevo León, FIRA tiene una cartera de 162.49 millones de pesos para producir jitomate con agricultura protegida, de los cuales 36.10 millones se otorgaron a 239 productores del sector social integrados en los tecnoparques.
FIRA contribuye a impulsar al desarrollo de la actividad primaria, mediante 3 objetivos prioritarios: Inclusión financiera, productividad/eficiencia, y sostenibilidad.
*Roberto Ramírez Melendez es agente y José Miguel Castro Reyes es promotor de FIRA en Nuevo León, con sede en la Agencia Montemorelos. “La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.”