Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

La herencia de la dinamita

main image

José Nery Pérez Trujillo | Estado, Mercado y Sociedad

José Nery Pérez Trujillo

Pocos personajes encarnan una paradoja tan profunda como Alfred Nobel. Químico, inventor y empresario sueco, acumuló una inmensa fortuna gracias a más de 350 patentes, entre ellas la dinamita. Sin embargo, fue precisamente la preocupación por cómo sería recordado lo que lo llevó a crear los premios que hoy llevan su nombre. Según la versión más difundida, cuando un periódico publicó por error su obituario anticipado y lo describió como un “mercader de la muerte”, Nobel decidió destinar la mayor parte de su patrimonio a reconocer a quienes aportaran los mayores beneficios a la humanidad.

En su testamento de 1895 estableció cinco galardones: Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz. Los primeros premios se entregaron en 1901. Nobel dispuso que las distinciones fueran otorgadas por instituciones suecas y noruegas independientes, mediante un proceso basado en nominaciones confidenciales, evaluación de expertos y decisión final de comités especializados. Desde entonces, el prestigio del Nobel ha descansado en la combinación de rigor científico, independencia y reconocimiento internacional.

La historia de estos premios está llena de episodios memorables. Marie Curie se convirtió en la primera persona en obtener dos Nobel, uno en Física y otro en Química. Linus Pauling logró la rara hazaña de recibir dos premios individuales, en Química y Paz. También existen ausencias célebres: figuras como Mahatma Gandhi nunca fueron galardonadas, pese a haber sido nominadas en varias ocasiones. En otras ocasiones, los premios han provocado controversias por reconocer descubrimientos décadas después de haber sido realizados o por dejar fuera a colaboradores esenciales.

El llamado “Premio Nobel de Economía” no formaba parte del diseño original de Alfred Nobel. Surgió en 1968, cuando el Banco Central de Suecia instituyó el Premio Sveriges Riksbank en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. Su primera edición se celebró en 1969. Aunque técnicamente no es uno de los Nobel originales, sigue el mismo procedimiento de selección y se entrega durante la misma ceremonia en Estocolmo cada 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Nobel.

Los tres premios de Economía más recientes reflejan algunas de las preguntas centrales de nuestro tiempo. En 2025, Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt fueron reconocidos por explicar cómo la innovación tecnológica impulsa el crecimiento económico sostenido. Sus investigaciones muestran que el progreso surge de un proceso continuo de “destrucción creativa”, donde las nuevas tecnologías reemplazan a las antiguas, generando mayor prosperidad.

En 2024, Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson recibieron el premio por demostrar cómo las instituciones políticas y económicas explican las diferencias de prosperidad entre países. Su trabajo argumenta que las sociedades con reglas inclusivas, Estado de derecho y protección de derechos generan más crecimiento y bienestar.

En 2023, Claudia Goldin fue galardonada por transformar nuestra comprensión de la participación de las mujeres en el mercado laboral. Sus investigaciones históricas identificaron las causas de las brechas salariales y mostraron cómo los cambios sociales, educativos y tecnológicos han moldeado las oportunidades económicas de las mujeres.

¿Quién podría ganar en 2026? Nadie lo sabe con certeza, pero varios nombres aparecen con frecuencia en las conversaciones académicas. Economistas como Robert Barro, por sus contribuciones al crecimiento económico; Oded Galor, por su teoría del desarrollo de largo plazo; o Partha Dasgupta, por integrar economía y sostenibilidad ambiental, representan líneas de investigación con enorme influencia. La creciente relevancia de la inteligencia artificial, la desigualdad y la transición climática también podría favorecer a investigadores que han trabajado en esos ámbitos.

Más de un siglo después, los Nobel siguen recordándonos que las ideas son una de las formas más poderosas de transformar la realidad. Más allá de medallas y ceremonias, su verdadero valor reside en destacar descubrimientos que amplían nuestro entendimiento del mundo. La lección de Alfred Nobel continúa vigente: el progreso humano no depende sólo de la tecnología o la riqueza, sino de la capacidad de orientar el conocimiento hacia fines que beneficien a la sociedad. Ese es, quizá, el premio más importante de todos.

Temas relacionados

José Nery Pérez Trujillo

José Nery Pérez es economista por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (Tec de Monterrey) y maestro en Política Pública por la Universidad de Chicago. Tiene 20 años de experiencia profesional en las materias de competencia y regulación, análisis de mercados, planeación y evaluación.

tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete