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El espejismo económico se desvanece

"La economía va bien… si ignoras todo lo que va mal…"
Macraf

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OpiniónEl Economista

Desde hace ya un par de años que empecé a escribir en este espacio, no me he cansado de pedirle a usted, mi estimado lector, que maneje sus finanzas con cuidado. Le he insistido en que se informe, analice, cuestione y critique todo lo que escucha, ve y lee en los diferentes medios de comunicación. El motivo es muy sencillo: en los últimos años hemos vivido bajo un espejismo creado por el oficialismo, donde insisten en que todo está muy bien. Sin embargo, la realidad es totalmente opuesta al discurso que nos han querido vender. 

Por supuesto, muchos me dirán: “¿Cómo es posible que si estamos tan mal las personas sigan gastando tanto? ¿Por qué las familias aún tienen dinero para realizar actividades? ¿Qué pasó con aquella visión fatalista de hace unos años?” Permítame explicárselo.

El motivo por el cual las cosas no han caído al fondo del abismo es precisamente por usted, por mí y por todas aquellas personas que, día a día, se levantan a trabajar para cubrir sus necesidades y las de sus seres queridos. Es el esfuerzo diario de los padres y madres de familia, los sustentos de los hogares, el que ha evitado que esta economía colapse. Más importante aún, ha sido la inercia de tantos años de trabajo de profesionales bien capacitados al frente de nuestras instituciones, lo que ha sostenido al país. Hoy, muchas de esas instituciones han sido desmanteladas, ya sea por la incompetencia de quienes las dirigen o por la ineptitud de los legisladores oficialistas, que aprueban leyes sin siquiera entenderlas. Mientras los primeros carecen de la experiencia y el conocimiento necesarios, los segundos actúan más como operadores políticos que como verdaderos representantes de la ciudadanía.

El ejemplo más reciente lo vimos con el presupuesto, donde se aprobaron recortes que contradicen las promesas de campaña de la presidenta Claudia Sheinbaum. Ahora, ha tenido que pedir ajustes para evitar que las reducciones afecten áreas clave. Si analizamos la confianza del consumidor, medida por el INEGI, veremos que se encuentra por debajo de los 50 puntos, lo que indica un terreno de desconfianza. Lo mismo sucede con la confianza empresarial, lo que augura un panorama complicado para los próximos meses.

Por si esto fuera poco, los retos externos ya son una realidad. En Estados Unidos, la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales y su próxima toma de posesión en enero de 2025 han reactivado viejas amenazas: aranceles comerciales y deportaciones masivas. Estas acciones, más que probables, ya forman parte del discurso oficial del mandatario electo y ponen en riesgo importantes fuentes de ingreso para las familias mexicanas, como las remesas. De ninguna forma festejo la existencia de las remesas, porque, como lo he mencionado en otras ocasiones, reflejan la incapacidad del gobierno mexicano para generar los empleos necesarios y evitar la migración. En este contexto, los más vulnerables —esos a quienes Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum prometieron proteger— serán los más afectados.

Usted, yo y una gran cantidad de personas seguimos trabajando y esforzándonos para mejorar nuestra situación. Pero los próximos meses no serán sencillos. El oficialismo se ha encargado de destruir lo que durante muchos años permitió que este país funcionara. La inercia se está agotando, y nos acercamos a un punto sin retorno. La destrucción institucional de los últimos años empezará a pasar factura, y la única forma de salir adelante será levantándonos día a día no solo para trabajar, sino también para exigir resultados.

La cantaleta de los “36 millones de votos” que respaldan al oficialismo puede ser válida, pero representa solo el 36% del padrón electoral y menos del 35% de la población total de este país. Le pido a usted, mi estimado lector, que replique esta idea entre sus allegados: hay que trabajar y exigir a nuestros gobernantes como si no hubiera un mañana. Hay que demandar que cumplan y hagan las cosas hoy, no en otro momento. Los próximos meses serán complicados. Por ello, le pido, como lo he hecho en estas fechas en años anteriores, que cuide sus finanzas y su economía familiar. Hoy más que nunca necesitamos cautela y unidad social. Más allá de las filias y fobias políticas, todos somos parte de este país y debemos exigir que quienes están en el poder honren el voto que se les dio. Y si usted, como yo, no votó por ellos, debemos insistir en que gobiernen para todos.

El legado de la primera mujer en llegar a la presidencia de México no puede ser el de la incompetencia y la pérdida. Cada decisión o indecisión gubernamental tiene un impacto directo en nuestros bolsillos. Hoy, el oficialismo gasta los recursos como si fueran suyos, ajenos a la realidad que enfrentamos. Si no reaccionan pronto, los castillos en el aire que construyen terminarán desplomándose sobre todos nosotros.

* El autor es académico de la Escuela de Gobierno y Economía y de la Escuela de Comunicación de la Universidad Panamericana, consultor experto en temas económicos, financieros y de gobierno, director general y fundador del sitio El Comentario del Día y conductor titular del programa de análisis: Voces Universitarias.

Contacto y redes: https://eduardolopezchavez.mx/redes

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