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Opinión

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La CNA investiga el fútbol mexicano. Pero ¿dónde está el mercado?

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Francisco Castillo Cerdas | Tamiz económico

Francisco Castillo Cerdas

La investigación de la Comisión Nacional Antimonopolio sobre el fútbol profesional mexicano deja una pregunta que parece demasiado básica para un asunto de esta importancia: ¿qué se intercambia en el mercado que se propone investigar?

El aviso publicado el 14 de septiembre lo denomina “afiliación, organización y acceso a competiciones de fútbol profesional federado en México, así como servicios similares o relacionados”. Reconocemos el ámbito de la investigación. Cuesta más identificar el bien o servicio ofrecido, quién lo proporciona y quién lo demanda. De esas respuestas depende la explicación de quién tiene poder, cómo lo ejerce y a quién podría desplazar.

Es habitual que los avisos describan mercados mediante actividades. Solo como ejemplo, en 2025, la otrora COFECE anunció una investigación por una posible concentración ilícita en el mercado de “producción, distribución y comercialización de cal y productos relacionados”. Entendemos que hay un bien, la cal. Pero producirla, distribuirla y venderla son actividades para suministrarla. Enumerarlas no demuestra que constituyan un solo mercado.

Un fabricante puede entregar la cal con sus propios vehículos o contratar a un tercero. En ambos casos hay distribución; en el segundo existe, además, un servicio que alguien ofrece y otro contrata. La actividad es semejante, pero la relación económica cambia.

Tampoco hace falta corregir cada aviso como si fuera un examen de teoría económica. Muchas expresiones son abreviaturas comprensibles. El problema aparece cuando la lista de actividades sustituye la explicación del mercado y se conserva, sin mayor examen, durante el análisis.

En el fútbol no hay un producto tan reconocible como la cal. La afiliación puede otorgar un estatus dentro de una asociación; la organización puede ser una tarea conjunta de sus miembros; el acceso puede depender de ciertas reglas. También podrían existir servicios prestados a los clubes. El aviso admite esas lecturas sin distinguirlas.

Cobrar una cuota tampoco resuelve la cuestión. Pagamos por una licencia de conducir, pero el cobro no convierte por sí solo la autorización en un servicio de mercado. Una federación deportiva no es una autoridad de tránsito; el ejemplo recuerda, simplemente, que un pago no basta para establecer la naturaleza de la relación.

Supongamos que la liga ofrece a los clubes un servicio de organización de competiciones. Habría que precisar qué reciben y qué alternativas tienen. Una restricción de acceso podría examinarse como una condición impuesta por el proveedor. Faltaría explicar de dónde proviene su poder y cómo esa condición afecta la competencia.

Consideremos ahora que los clubes organizan conjuntamente la competición y deciden quién puede incorporarse. Interesan entonces sus incentivos para admitir o excluir participantes y los efectos sobre los negocios en los que compiten. Describirlos como clientes de un organizador dejaría fuera su participación en las decisiones y en la producción del espectáculo. Ambas relaciones pueden coexistir; conviene averiguar cómo.

Esto importa especialmente si la investigación alcanza la suspensión del ascenso y descenso, asunto con el que se ha asociado públicamente su apertura. Impedir que un club llegue a primera categoría puede perjudicarlo. Explicar una afectación a la competencia exige establecer frente a quién habría competido, qué presión habría ejercido y qué oportunidades de intercambio quedan restringidas.

Controlar las reglas de admisión no demuestra, por sí solo, poder sustancial. Hay que explicar cómo ese control permite ejercerlo. También debe precisarse de qué mercado se desplaza a un club: la regla de acceso puede ser el instrumento de exclusión y producir efectos en otro mercado.

Paul Geroski señalaba en Thinking creatively about markets que las fronteras de los mercados son construcciones analíticas y dependen de su propósito. Eso exige explicar las relaciones económicas que queremos comprender. Ponerles nombre es apenas el comienzo.

Delimitar el mercado relevante requiere examinar sustitutos y presiones competitivas. Para hacerlo necesitamos un producto de referencia y entender cómo se ofrece y demanda. Confundirlo con las actividades necesarias para suministrarlo puede distorsionar las participaciones calculadas, la evaluación del poder sustancial y la interpretación de la conducta y sus efectos.

El aviso no tiene que resolver toda la investigación ni permite concluir que la CNA haya cometido esos errores. Pero durante ella habrá que esclarecer si afiliación, organización y acceso designan servicios intercambiados, decisiones de una organización o condiciones para competir en otros mercados.

De esa respuesta dependerá buena parte del caso. Antes de discutir quién tiene poder y a quién excluye, vale la pena preguntar: ¿dónde está el mercado?

*/ Profesor universitario (UNAM) y economista (UNAM y CIDE). Especialista en análisis económico aplicado a litigios, competencia y regulación.

Francisco Castillo Cerdas

Profesor universitario (UNAM) y economista (UNAM y CIDE). Especialista en análisis económico aplicado a litigios, competencia y regulación.

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