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Censura de libros en EU I

Lucía Melgar | Transmutaciones
“Piensa mientras todavía puedes” recomendaban pegatinas en algunos autos en Texas durante el primer gobierno trumpista. Desde entonces, se advertía así a los estadounidenses que, bajo un régimen autoritario, se puede perder la libertad de pensar y de expresarse, la libertad de discutir temas “polémicos” sin temor a la censura. Esa advertencia es hoy urgente ante la atención fracturada por la adicción a las pantallas y la atención fracturada y, como en otros tiempos y países, ante la escalada contra la libertad de expresión e información que, entre otras nefastas medidas, representa la censura de libros en las escuelas y bibliotecas públicas de E.U.
En su informe anual “Libros Prohibidos” , PEN America, integrante de PEN International, organización defensora de la libertad de escribir y de leer, documenta el mayor incremento de la censura de libros en un año escolar, con casi 12, 000 casos en 2025-2026: se prohibieron 7,370 títulos, de los cuales más de 4,500 por primera vez desde 2021. Este alarmante aumento, incluso en relación con los 10,000 casos de 2023-2024, afecta a miles de escuelas y bibliotecas públicas puesto que la inquisición anti-libros actúa sobre todo a nivel distrital y estatal, o comunitario.
Según explica este informe, en efecto, la creciente censura se deriva de legislación estatal que puede ser muy restrictiva, como en Texas y Florida, o de la presión de grupos de interés que recurren a desinformación, amenazas, descalificaciones públicas o hasta recursos legales contra superintendentes o funcionarios/as de distritos escolares. Mientras que una ley aprobada en Texas en 2025 explicaría en parte los más de 8,000 casos de censura en 2025, en otros, la presión de organizaciones o agentes políticos habrían llevado a interpretaciones rígidas de normas menos draconianas o a ceder a amenazas y acusaciones y expurgar no sólo títulos señalados sino cualquier libro que podría resultar “cuestionable”.
Esta oleada inquisitorial no se inició con Trump. Forma parte, me parece, de la tendencia social conservadora y autoritaria que lo llevó al poder la primera vez y que encumbró desde antes a gobernadores hiper reaccionarios en Texas y Florida, por ejemplo. “Madres por la Libertad” y otras organizaciones civiles conservadoras, con alcance estatal o nacional; políticos autoritarios u oportunistas, y funcionarios contrarios a la libertad de expresión y a la diversidad coincidieron o unieron fuerzas contra el derecho a la educación, decididos a limitar el acceso del estudiantado a temas que, por razones morales, religiosas o políticas, consideraban “inadecuados” o hasta “dañinos” para niños, niñas y adolescentes.
¿Cuáles son estos temas? Aquellos que pueden “ofender” o “incomodar” o “lastimar la sensibilidad” de quien lee; o relacionados con “diversidad, equidad e integración”, o, siguiendo la tradición puritana, el sexo y la sexualidad, o representaciones “pornográficas”… Con base en estas y otras categorías en mucho subjetivas, los/as censores/as, sus representantes distritales o estatales o - más grave - programas de Inteligencia Artificial ( cuyo uso creciente advierte PEN), están haciendo estragos: pretenden imponer visiones únicas e ignoran el contexto. Y el contexto es fundamental. Otro aspecto alarmante es que ni algoritmos, ni censores ni leyes consideran siempre las diferencias de edad entre primaria y preparatoria (y el acceso que les correspondería). Desde el punto de vista educativo, resaltaría también la falta de respeto a docentes, bibliotecarios/as y personal con conocimiento y experiencia de años o décadas, así como la violación de la libertad de expresión de los/as docentes.
Que la ficción sea el género más censurado no es casual: las novelas y cuentos abren el mundo, permiten conocer otras experiencias y modos de vida, imaginar; permiten sentir empatía o distanciarse de personajes, desarrollar un pensamiento crítico, a distintos niveles. Tampoco es accidental que se censuren sobre todo libros (ilustrados o no) para primeros/as lectores/as: no estimular la imaginación ni el amor a la lectura con libros atractivos puede garantizar ciudadanos/as pasivos/as, manipulables.

