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AMLO, ¿un topo en Caracas?

Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
Venezuela no tiene Estado. Los parásitos de la dictadura acabaron con las instituciones y luego de los dos terremotos de la semana pasada la imagen de soledad que acompaña a los ciudadanos revela el vacío institucional.
Los militares que reprimieron a los opositores del chavismo desaparecieron; la policía que disparó en contra de jóvenes manifestantes, también desapareció. Los quirófanos que no recibieron inversión pública para su mantenimiento, no sirven; los hospitales que el chavismo no construyó por corrupción, se necesitan más que nunca; los doctores que salieron del país por recibir una miseria de sueldo, se necesitan. No hay ambulancias. No hay medicinas.
Los hermanos criminales Delcy y Jorge Rodríguez, que deberían de estar tras las rejas, recibieron la bendición de Trump para gestionar el protectorado; Vladimir Padrino, el general militar que nunca se cansó de reprimir, logró el perdón de doña Delcy. Diosdado Cabello, torturador, recibió un premio del torturador en jefe, don Jorge Rodríguez.
Lula, AMLO, Correa, Morales, Castillo, Castro, Sánchez y Zapatero, entre otros cómplices de la dictadura, guardan silencio o mandan cajas de curitas.
En efecto, la complicidad cruza fronteras. Los integrantes del Grupo de Puebla festejaron el colapso del Grupo de Lima. ¡Defendamos al dictador Maduro! ¡La derecha quiere asestar un golpe a través de Guaidó! La fiesta y la represión en Venezuela continuó.
Uno de los cómplices de la dictadura es Héctor Vasconcelos. En 2018 fue coordinador de Exteriores en el Senado. Ahora tiene de facto un sabático en Nueva York en la misión de México ante la ONU.
Vasconcelos insistía que AMLO iba a solucionar la crisis en Venezuela a través del diálogo. Veneno preferido de Maduro. Diálogo con el que siempre el dictador ganaba.
No solo era Vasconcelos cómplice de Maduro. Varios funcionarios de Relaciones Exteriores le abrieron las puertas al criminal de Jorge Rodríguez. El venezolano se paseaba por la Condesa en compañía de sus hijos. Pobres, Rodríguez no quería que sus hijos observaran represiones frente a su lujosa casa en Caracas.
Ayer, Antonio Ledezma, exalcalde de Caracas y perseguido político de la dictadura, recordaba que “el sismo del 24 de junio desnudó lo que el régimen lleva décadas destruyendo: las instituciones que debían proteger al pueblo venezolano”.
Existe un vacío del Estado en Venezuela.
Maduro y sus cómplices “derribaron el Estado de Derecho, el asalto a la Justicia, la persecución política, el saqueo sistemático de la riqueza nacional: esas fueron las primeras réplicas”, asegura Ledezma.
Esperamos que AMLO viaje a La Guaira a pedir disculpas por el apoyo que le vendió a Maduro.
¿Iría como topo?

