El país se rompe. Frente al Norte (en sentido más que geográfico), que se empeña en la prosperidad y en la vida urbana, el Sur se debate en la pobreza y el estancamiento rural. Es el telón de fondo de la propuesta de EPN de implantar zonas especiales de desarrollo (ZED) en Guerrero, Oaxaca y Chiapas (al estilo de la experiencia China). Se señalan como ZED al Istmo de Tehuantepec, Puerto Chiapas y Lázaro Cárdenas. La idea es interesante y tiene como lógica crear plataformas jurisdiccionales y territoriales de despegue económico.

Se trataría de construir sistemas fiscales y laborales ad-hoc, así como infraestructura urbana, transporte, servicios públicos y vivienda. Las ZED implicarán desarrollar parques industriales asociados a puertos y ferrocarriles, así como programas de capacitación en universidades o institutos tecnológicos. El objeto sería atraer una masa crítica suficiente de inversión privada para un crecimiento exportador auto-sostenido entretejido con manufacturas y servicios locales en cadenas de valor cada vez más complejas.

La perspectiva debe ser que las ZED capten población rural y logren su inserción productiva en nodos urbanos estratégicos (Tapachula, Juchitán, Tehuantepec, Salina Cruz y Lázaro Cárdenas), en una intensa dinámica migratoria rural-urbana. La calidad, funcionalidad, competitividad y sustentabilidad de las ciudades involucradas, y por tanto de las ZED, serán clave de su éxito. Al igual, por supuesto, que la vigencia del Estado de Derecho, la seguridad y la eliminación del vandalismo y la extorsión por organizaciones que actúan como poderes fácticos locales.

No hay ni habrá desarrollo económico y reducción de la pobreza sin asumir plenamente una rápida urbanización de la población rural de muy baja productividad (y por tanto muy pobre) que es mayoría en Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Urbanización, productividad, mejores ingresos, reducción de la pobreza y desarrollo humano son términos inseparables de una misma ecuación.

Los países y regiones más prósperos en el mundo están plenamente urbanizados (menos de 5% de su población se considera rural). Todos los países, regiones y estados en condiciones de pobreza generalizada son eminentemente rurales. Es imposible abatir la pobreza en un medio rural de baja productividad irreductible. El triunfo de la ciudad es incuestionable (hay que leer a Edward Glaeser y a Jane Jacobs al respecto).

Por tanto, se extrañó en el mensaje presidencial una estrategia de urbanización acelerada y sustentable para Guerrero, Oaxaca y Chiapas. La Sedatu (dependencia a cargo de políticas de desarrollo urbano) se ha marginado de las prioridades de gobierno en esas entidades, aparte de seguir con el business as usual de construcción y re-construcción de vivienda popular.

Combatir la pobreza implica cambio institucional, esto es, modificar reglas culturales formales e informales, actitudes y patrones de conducta individuales y colectivos, visiones del mundo e incentivos (Douglass North). Nada de eso va a ocurrir en Guerrero, Oaxaca y Chiapas si no existe como condición necesaria un intenso proceso de urbanización que empareje al Sur con el Norte.

Es preciso construir ciudadanía e inhibir la producción de luchadores sociales y cuadros de organizaciones corporativas y rentistas en el sistema educativo, y promover la formación de buenos maestros (transformar normales rurales), técnicos calificados, ingenieros y empresarios.

Deben igualmente re-orientarse los subsidios al campo y la política social, para inducir autonomía individual y una verdadera libertad de elegir y emigrar a las ZED; el arraigo en el campo es condena de miseria insuperable. La Sedatu debe articular e instrumentar una política de desarrollo urbano sostenible y competitivo, especialmente en las ZED, lo que implica intervenir a los gobiernos municipales. Otro imperativo de revisión al disfuncional federalismo mexicano.

erp